Nervo, Amado

Amado Nervo (Tepic, Nayarit, Méjico, 1870 – Montevideo, 1919)

Poetas y poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

José Amado Ruiz de Nervo, destacada figura del modernismo mejicano, nació un 27 de agosto en Tepic, capital del estado de Nayarit, en el seno de una familia de clase media. Sus estudios eclesiásticos, que dejó inconclusos, y su posterior etapa como periodista, influyeron notablemente en los temas entorno a los cuales giraba su producción lírica, de una marcada espiritualidad.

En 1900 fue enviado a la Exposición Universal de París como corresponsal del periódico “El Imparcial”. Allí compartió piso durante un tiempo con Rubén Darío, quien calificó a Nervo como “el fraile de los suspiros”.

Fue precisamente en la capital francesa donde nuestro poeta conoció a la que fue el gran amor de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, con la que convivió durante más de diez años de forma absolutamente secreta. Nadie supo de su existencia hasta el momento de su muerte en 1912.

El fallecimiento prematuro de Ana Cecilia a causa de unas fiebres tifoideas, se convirtió en fuente de inspiración de “La amada inmóvil. Versos a una muerta”, obra póstuma del poeta que, sin embargo, comenzó a componer mientras la velaba en soledad, la misma noche en que murió.

Considerada una de las joyas líricas más importantes de toda su producción poética, este poemario refleja el penoso proceso por el que Nervo transita, desde el insoportable dolor por la muerte de su amada, hasta la resignación y aceptación de la realidad, pasando por la búsqueda de un remedio para la ausencia de Ana Cecilia, remedio que le lleva al ocultismo en un intento desesperado por lograr, de algún modo, su presencia material.

De tinte plenamente modernista tanto por el tema, como por la métrica, con esta obra el autor profundiza en el tema esencial del misterio del ser y las limitaciones de la vida, abocado a ello por la pérdida de esta mujer, a la que él consideraba “ornamento de mi soledad, alivio de mi melancolía, flora de mi heredad modesta, dignidad de mi retiro, lamparita santa y dulce de mis tinieblas”.

La emoción, la angustia y la necesidad de recuperar a Ana Cecilia, que Amado Nervo refleja con absoluta maestría y pasión en los poemas que integran “La amada inmóvil”, los convierten en composiciones tan turbadoras y, al tiempo, tan conmovedoras, que no podíamos dejar de escoger una de ellas para nuestro post de esta semana.

Con “Mi secreto”, Nervo expresa su desgarradora negativa a dejar de amar a Ana Cecilia por el simple hecho de haber fallecido. Su amor continúa vivo más allá de la muerte de ella.

Mi secreto

¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido

de amores por un ser desaparecido,

por un alma liberta,

que diez años fue mía, y que se ha ido…

¿Mi secreto? Te lo diré al oído:

¡Estoy enamorado de una muerta!

¿Comprendes -tú que buscas los visibles

transportes, las reales, las tangibles

caricias de la hembra, que se plasma

a todos tus deseos invencibles-

ese imposible de los imposibles,

de adorar a un fantasma?

¡Pues tal mi vida es y tal ha sido

y será!

Si por mí solo ha latido

su noble corazón, hoy mudo y yerto,

¿he de mostrarme desagradecido

y olvidarla, no más porque ha partido

y dejarla, no más porque se ha muerto?

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