Navarro, Salvador – Entrevista

«Escribir me ayuda a ordenar mis pensamientos, a comprender la vida de los demás y la mía propia, a investigar sobre lo que me preocupa, me divierte, me conmueve…». Lo dice Salvador Navarro como carta de presentación en su página donde desgrana su evolución como escritor.

Un autor que a finales de 2017 publicaba su sexta novela “El hombre que ya no soy” ambientada en su Sevilla natal donde despliega trama y personajes intensos.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD:

¿Cómo le explicaría a un lector que no conoce su trabajo, qué va encontrar en las novelas de Salvador Navarro?

Por encima de todo, diversión. Concibo la literatura como un ejercicio placentero y a ello me aplico como escritor. Diversión que no está reñida con reflexión, emoción o desasosiego, según avance la historia.

Mis novelas siempre han resultado difíciles de clasificar porque abarcan demasiados géneros, pero por encima de todo está el estudio del ser humano a partir de conflictos que son universales: la lealtad, la ambición, la memoria, las oportunidades perdidas, la digestión del éxito…

La psicología de los personajes es vital en sus historias. ¿Tanto o más que la trama? ¿Qué porcentaje necesitan esos dos ingredientes para que considere que su trabajo, digamos, está completo o para sentirse satisfecho?

Siempre un punto por encima de la trama. No sé si es comercial asumirlo, pero en mis historias el foco está en la definición precisa del personajes y sus circunstancias, hacerlos creíbles y poder sentir por ellos, como ellos o contra ellos.

Es incontestable que una novela no se sostiene si no está asentada en una historia trabajada, lúcida y coherente, donde la tensión no decrezca y estén planteados con rotundidad las diferentes líneas argumentales.

Como bien dices, la clave está en el equilibrio.

¿Qué historias busca como lector? ¿Por dónde van sus gustos en cuanto a temática?

Soy muy dado a la novela intimista, a las historias despojadas de artificios. Andar detrás de personajes que corren a la búsqueda del Santo Grial me resulta agotador.

¿Es de los lectores fieles a determinados autores? ¿Y de los que les perdonan cuando han bajado de calidad?

Soy tremendamente fiel a mis autores. Dostoievski, Martín Gaite, Paul Auster, Amélie Nothomb, Patricia Highsmith, García Márquez, Murakami… Sí. Les perdono todo. Porque por muy baja que les haya caído la historia, entrar en sus novelas es hacerlo en mundos que sólo son de ellos y donde me siento como en casa.

¿Qué obra le hubiera gustado escribir?

La montaña mágica, de Thomas Mann.

Es usuario de redes sociales y mantiene contacto con sus seguidores. ¿Qué le aportan?

Comencé a hacerlo por consejo de un chaval al que contraté para la promoción de mi novela ‘No te supe perder’. Me dijo con claridad, ‘tienes que hacerte visible’. Eso suponía perder una cierta dosis de intimidad para poder comunicar de forma directa con los lectores y ofrecerme tal como soy. Me costó trabajo, porque soy celoso de mi mundo. Con el tiempo, sin embargo, he comprendido la importancia de la empatía con el lector. Mi blog, por ejemplo, es una magnífica escuela literaria. Escribo textos cortos, pasionales, reflexivos, de mundos imaginarios… y observo casi en tiempo real la reacción de mis lectores. Experimento y compruebo lo que va y lo que no.

Con el paso del tiempo y una importante experiencia a sus espaldas, ¿cómo ha evolucionado el vértigo cada vez que publica, cuando aparece una reseña sobre sus novelas, cada vez que contacta que los lectores opinan sobre ellas?

Tengo una gran capacidad para valorar que una persona se gaste 15 o 20 euros en un libro escrito por mí. ¡Hay tanta oferta de todo tipo! Que alguien dedique su dinero, su tiempo a una obra mía es una emoción que no se pierde.

De igual forma que un bloguero me regale un hueco en su página para hablar de las sensaciones que ha podido producirle una de mis novelas. Soy tremendamente agradecido.

Hay autores que hablan mucho del sufrimiento del proceso creativo, del arte de escribir. ¿Cómo lo pasa usted? ¿Cuánto tiene de placer y cuánto de sacrificio?

Mucho más de diversión. Para mí, además, es un bálsamo que equilibra mis largas jornadas de trabajo como ingeniero. La creación para mí es un juego muy entretenido que me permite estructurar toda una estrategia durante largos meses, sumergiéndome en un mundo inventado del que me permito ser dueño.

Lógicamente no es lo mismo poder vivir de la escritura, que emplear el tiempo libre que deja un trabajo para dedicarse a las letras. ¿Le gustaría disfrutar de la primera situación?

No. Escribo sin más presión que mis ganas de contar historias. Tener un trabajo de tener que madrugar, cumplir objetivos y tomar café con los compañeros me permite estar en el mundo.

¿De qué novela suya está más satisfecho?

No te supe perder’ es la que me hizo creer en mí como autor. El día que recibí la llamada comunicándome que había quedado finalista de un premio internacional de novela lo recuerdo como clave en mi trayectoria. Pero mi mejor novela, sin duda, es ‘El hombre que ya no soy’.

¿Cuándo cree que un autor debe considerarse escritor? Algunos se consideran así desde su primera publicación. Otros aseguran que son aprendices pese a tener un gran currículum.

A mí de jovencillo mi entrenador de remo me dijo un día que tenía magia contando historias. Me quedo con esa frase. Soy un contador de historias que siempre está aprendiendo a narrarlas mejor.

¿Qué aportan blogs y páginas literarias que a diario surgen en la red? Muchos amantes de la lectura se lanzan a opinar sobre libros. ¿Hay que tener en cuenta todas las opiniones, sean buenas o malas, vengan de críticos literarios o de simples aficionados a la lectura?

Yo interiorizo todas. Las buenas y las malas. Todas tienen su sentido y su parte de razón. Te hacen ver qué es lo que ha llegado y lo que no, lo que ha despistado, lo que ha resultado clave. Personajes que marcan, frases que te reenvían. Me alimento de ese retorno para crecer.

¿Es de los que necesita de un ambiente, horario o contexto determinado para escribir? ¿Algún ritual en especial? ¿Escribe todos los días? ¿Cómo se organiza normalmente con sus horarios de trabajo?

Me gusta ponerme bandas sonoras de cine. Tengo una cierta predilección por ‘In the mood for love’. Suelo escribir las tardes de lunes a viernes, a solas en casa, con una taza de té.

¿De dónde saca sus historias y personajes? ¿La vida y la realidad dan para novelas hasta el infinito? A veces creo que no hay tanta necesidad de historias como de escribirlas y contarlas bien.

Coincido en tu reflexión. Es más importante cómo la cuentas que la historia en sí. Es gracioso la de gente que me dice que a partir de sus vidas encontraría una novela para mí. Yo les sonrío, pero pienso que la gente tiene, en general, un alto concepto de lo interesante que resultan sus respectivas vidas. Yo soy una persona muy vividora, muy callejera, candidato perfecto a disfrutar de personas y experiencias, pero mis personajes son absolutamente ficción.

Cuándo una idea entra en su cabeza, ¿la guarda y analiza o es un autor que necesita depositarla cuanto antes en el papel?

Guardo, analizo, hago esquemas, recorto etiquetas, pincho notas en un corcho, creo archivos Excel… soy muy analítico antes de lanzarme a escribir. Dedico mucho más tiempo a pensar la historia que a escribirla.

Un consejo para los nuevos en el terreno de las letras y en concreto de las novelas…

Busca la brillantez. Lo demás vendrá…

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