Mi pecado – Javier Moro

Reseña realizada por Begoña Curiel:

Mi pecado era no saber que una actriz española triunfó a lo bestia en Hollywood en los años 30. Una vasca llamada Conchita Montenegro que dejó embriagada a la élite cinematográfica del momento. Comieron de su mano galanes y público gracias a su talento y coraje. No se dejó amilanar por el paso del cine mudo al sonoro que dejó en la estacada a muchas estrellas. La España de Franco la recibió con honores al regresar a su país pero fue ella la que decidió apagar los focos que la iluminaban. Eligió ser olvidada cuando podría haber apurado su carrera. Estupefacta me deja este personaje real que descubro ahora gracias a Javier Moro aunque hay otra escritora, Carmen Ro, que ofrece también su versión de la diva. Me la apunto; la Montenegro deja prendado a cualquiera.

Y es que no solo fueron sus maneras y trabajo ante el objetivo la lo que dejó para la historia. Aunque no lo buscó, su historia de amor con el Leslie Howard de “Lo que el viento se llevó” –le doblaba la edad y estaba casado–, fue determinante en el grado de participación de España en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Vamos, de película… Una película, la de su vida, que aún estoy procesando con los ojos como platos.

Javier Moro, que busca y encuentra personajes y/o historias que me han enamorado a lo largo de sus novelas, nos ofrece este bombón narrativo para desfilar por los excesos de un Hollywood que coloca y baja de pedestales desde siempre. Pero es especialmente llamativo que una chica que 19 años tuviera el valor de lanzarse a una aventura tan brutal sin dejarse amilanar por nada ni por nadie y menos por los hombres.

Le dijo que naranjas de la china a los besitos con lengua de Clark Gable aprovechando que la cámara pasa por el Pisuerga, dejó embelesado a Chaplin, pilotaba avionetas y reclamó sus derechos ante Leslie Howard aunque fuera para nada… Por muy ingenua que fuese a veces en lo emocional y sentimental, daba pasos al frente sin importarle el que dirán. Para eso le llamaban la Greta Garbo española.

Moro no se complica con florituras narrativas y se agradece porque hay glamour, color y parranda (me encantan sus encuentros y juergas con la comunidad hispana al otro lado del charco buscándose un hueco en semejante escenario de cine) de sobra en estas páginas con olor al perfume que titula la novela. No obstante, la trastienda de tanto postureo acoge su parte de tragedia aunque se presente de forma sutil.

Como la realidad supera a esta ficción, el complemento histórico de los espías a diestro y siniestro, suma puntos a esta historia didáctica y emocionante, con tramos de auténtica diversión que no se apagan pese a la tristeza que pulula en el ambiente (está más en la superficie de lo que parece). Ha sido realmente interesante aprender, curiosear en el lado rosa que protagoniza también “Mi pecado” y dejarse embaucar por los momentazos de las superstar.

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