Mauthausen 90.009 – Ana Torregrosa y Enmanuel Camacho

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

Antonio Muñoz Zaragoza

Antonio Muñoz Zaragoza

TÍTULO DE LA OBRA: Mauthausen 90.009

AUTORES: Ana Torregrosa Carmona

Enmanuel Camacho Lisbona

EDITORIAL: Andalucía de Documentos

AÑO DE EDICIÓN: Edición: 1 (27/12/2012)

ISBN Nº: 978-8488067654

Nº PÁGINAS: 272

TEMÁTICA: Histórico. Biografía

 

Enmanuel Camacho Lisbona nació en Huelva en 1.976. Estudió periodismo, e inició su labor profesional como productor y locutor radiofónico en Onda Cero, trabajando después en Local Media, Sevilla Televisión, España 7 días, Suplemento del diario El País, e informativos Tele 5 en Andalucía.

Ana María Torregrosa Carmona nació en Albox (Almería) en 1.972. Licenciada en Ciencias de la Información comenzó su trayectoria profesional en el diario regional ideal en Almeria, siendo también corresponsal de noticias de la agencia Colpisa, corresponsal en Almeria del diario El País, y trabajando en Canal Sur Radio. En 1.999 obtuvo el primer premio nacional de jóvenes periodistas por el reportaje “Centinelas de la memoria”, sobre los dos únicos supervivientes almerienses del Campo de Mauthausen: Joaquín Masegosa y Antonio Muñoz Zamora.

Con “Mauthausen en 90.009” tenemos realidad a toneladas, con un superviviente del campo nazi. Todo hilado con la pluma de dos periodistas, Ana Torregrosa y Enmanuel Camacho, guiada por la propia voz del protagonista. Es Antonio Muñoz. Tenía entre las macabras alambradas el número 90.009. Una cifra que gracias a los autores, tiene rostro y alma.

Antonio había pasado antes por otros campos de concentración, en una andadura desde Almería marcada por la convicción hasta los tuétanos de sus ideales republicanos, que le compensarían hasta el final de sus días. Parece una frase hecha pero no lo es: nunca sucumbió al miedo que amordaza ni al desánimo provocado por el hambre y la humillación.

Era un hombre tan sencillo como su nombre, tan anónimo como los que desaparecieron por las chimeneas de Mauthausen y aun así, inasequible al desaliento. Encogió alma y estómago de sus biógrafos, no sólo por el contenido, también por la fuerza e intensidad que implica el relato en primera persona y por supuesto, sin darse la más mínima importancia. Típico de los héroes que no aparecen en los libros de historia.

Han pasado casi once años desde la publicación de “Mauthausen 90.009” pero este tesoro no había caído en mis manos hasta ahora, gracias a que tengo la tremenda suerte y el placer de conocer a la coautora Ana Torregrosa.

Ha sido una lectura lenta porque he necesitado hacer pausas para respirar, intercalar otros libros mientras avanzaba entre sus páginas, para asumir lo que estaba leyendo, incapaz de comprender tanto horror. Es muy crudo y sé que no es de forma gratuita. No hay florituras ni dramatismos innecesarios porque el testimonio es suficientemente terrorífico por sí solo. Es la verdad sufrida literalmente en la carne de Antonio, demasiado espeluznante, demasiado increíble, por mucho que hayamos oído hablar del exterminio nazi, por más documentales visionados que nos hayan dejado noqueado el cerebro con imágenes de esqueletos andantes y cadáveres apilados en montañas.

Ana y Emauthausen90009nmanuel estuvieron cuatro meses escuchando a Antonio, recopilando datos, tarde tras tarde, aguantando impotencia por lo que llegaba hasta sus libretas, conscientes de que estaban viviendo una de las experiencias más fuertes de su existencia. Han reconstruido la etapa más terrible de la vida de este andaluz sencillo, que no podía vivir de otra manera, incluso con la muerte soplando en su nuca, creyendo firmemente que resistir es no morir en vida y temer, la peor de las mordazas. No son cuentos, ni frases bonitas. Fueron la filosofía de Antonio Muñoz hasta morir y desgraciadamente lo hizo antes de ver sus palabras en las páginas de “Mauthausen 90.009”.

Pero los autores consiguieron su objetivo: renunciar al olvido y guardar para todos los que se acercan a este libro, la memoria de siete mil españoles que murieron en estos campos asesinos.

Todo duele en esta lectura, sin duda. Pero hay momentos para la estupefacción por un motivo muy distinto a los capítulos macabros que son inevitables: impacta especialmente la ausencia de odio por parte de Antonio Muñoz en este relato. ¿Qué cabeza se podría curar de la pesadilla descrita en este libro?

Y lo más increíble. Sus biógrafos tuvieron la oportunidad de comprobar atónitos, su tremendo sentido del humor. Hay que estar hecho de otra pasta, para que el recuerdo de las atrocidades no anule siempre la risa y el optimismo. Por eso, a cada página vencía la pena transmitida por una certeza: no podré conocer a Antonio. Y aún así, siento una extraña alegría al comprobar -y estas cosas pasan muy pocas veces- que es posible creer en la especie humana, que existe esperanza, que hay personas irrepetibles, dignas de una admiración que no creen merecer. El mundo está muy huérfano, sin muchos Antonios que no supieron que eran héroes. 

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