Los años de peregrinación del chico sin color – Haruki Marakami

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

thumb_book-los-anos-de-peregrinacion-del-chico-sin-color.330x330_q95Tsukuru es el extraño personaje de Haruki Murakami. Tiene treinta y seis años y una vida anodina. Vive en Tokio envuelto en una soledad que tiene su origen en las heridas causadas por la ruptura con el que fue su grupo en la adolescencia.

Le dijeron adiós, de un día para otro y sin darle explicaciones. La aparición de Sara -la chica que despierta en él, una sensación parecida al amor-, es clave para salir del adormecimiento del que se ha rodeado, sin interés ninguno en profundizar en relaciones personales.

Sara se lo dice bien clarito: estás como ausente y para continuar conmigo, debes encontrar las respuestas que no pediste hace dieciséis años, cuando aquellos amigos te dejaron en la estacada. Tanto fue así, que durante meses se abandonó a la inanición física, mental y espiritual.

Salió de ese “suicidio”, pero los días y años posteriores fueron tan grises como el color que no lleva su apellido. Un hecho que el autor convierte en una especie de paranoia, empeñado en hacer de ese argumento, una base de peso para su novela, en la que Tsukuru, se dedica a buscar a aquellos viejos amigos para pedir las explicaciones que no le dieron. No importa tanto la respuesta como el hecho de moverse y hacer algo por sí mismo, intentando borrar aquel estigma que arrastra y que parece haber destrozado su vida.

 

Pero sólo parece, porque sinceramente, creo que Murakami -es mi humilde opinión- no se ha percatado de que su personaje no tiene fuerza desde el principio. ¿Es alguien capaz durante dieciséis años de no preguntar absolutamente NADA sobre lo que ocurrió? Más teniendo en cuenta que no había razones lógicas y que aquel grupo -tal y como lo describe el autor- era el centro absolutísimo de su vida. No me creo semejante reacción, no sé si infantil o carente de sensibilidad. Lo ocurrido le trastorna y ¡no mueve un dedo desde el primer instante! Ni u-n-o.

Leo, veo y escucho que la obra de Murakami arrastra hordas de fans, pero no encuentro ese alud de éxtasis entre sus páginas que embarga a sus seguidores. Y además, hay demasiadas, en las que el escritor nos relata los extraños y retorcidos sueños de Tsukuru, entre la realidad y la ficción, como si fueran relevantes para el desarrollo de la historia.    

La historia es original y de lectura sencilla. Se plantea interesante. Sí, pero sólo es al principio cuando logra que el lector se frote las manos, imaginando que el libro le mantendrá con el corazón a mil hasta el final. Pero el mío empezó a dejar de latir cuando la peregrinación de Tsukuru se iba desinflando, porque con la explicación que recibe del primero de los amigos, ya no encontré demasiadas emociones. Mis expectativas iban pegando “bajones” según avanzaba.

Es sin duda, una alternativa de lectura. Reconozco que la literatura oriental casi nunca me ha atraído. Pero la he probado y no ha conseguido engancharme. Tenía esperanzas de que el “fenómeno Murakami” me arrastrara, al igual que esos trenes que hipnotizan y hacen disfrutar al protagonista, como si fueran la oportunidad de subirse a la vida. En este caso, yo me quedo decepcionada en la estación, aunque nunca digo que no definitivamente a casi nada. La literatura da muchas vueltas y las ganas cambian con el tiempo. 

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