López Barrio, Cristina – Entrevista

Cristina López Barrio es madrileña. Aunque estudió Derecho y ejerció su profesión durante trece años apostó por dedicarse a la escritura cuando llegó el éxito con “La casa de los amores imposibles” en 2010.

Cuenta con otras novelas, algunas para el público juvenil pero es sin duda “Niebla en Tánger” la que ha marcado un antes y un después en su carrera. Con esta novela se convirtió en finalista del Premio Planeta 2017.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

Mi experiencia con Cristina López Barrio fue en este orden y con estas sensaciones: primero “La casa de los amores imposibles”, enamoramiento brutal; segundo “El cielo en un infierno cabe”, ratificación de que el enamoramiento no fue un espejismo y la tercera “Niebla en Tánger”, confirmación de su madurez narrativa aunque las dos novelas anteriores me deslumbraron más. ¿Qué le ocurre cuando un lector analiza su trabajo aunque no sea un crítico literario profesional? El balance en mi caso es positivo pero, ¿y cuando no lo es?

La opinión del lector me merece tanto respeto como la del crítico literario profesional. Incluso puede llegar a tener menos factores de presión e influencias lo que favorece su objetividad.

En cuanto a si la valoración no es positiva, me merece todo el respeto, es imposible gustarle a todo el mundo, la única vía es que uno esté satisfecho con el trabajo que ha realizado.

He hablado de sus novelas para público adulto pero, ¿cómo me “ofrecería” sus otros formatos (cuento, literatura juvenil…) para que tenga ganas de probar?

Tanto el cuento como la novela juvenil que he trabajado el elemento fantástico está muy presente, así como mi gusto por el realismo mágico y un lenguaje donde la metáfora y las imágenes son fundamentales. Quizá te he convencido…

Cuando escribe ¿piensa en su lector más fiel, en cautivar a los nuevos que pueda sumar o no se deja influenciar por su público potencial?

Intento apartar esos pensamientos y concentrarme en la historia que quiero contar, en ser fiel a ella y a los personajes que la integran. Karen Blixen decía que hay que ser fiel a la historia, porque hay un momento en que ésta cobra vida propia y ni siquiera el escritor debe cambiar su rumbo, su significado.

Hay autores que se motivan tras el éxito de un trabajo, otros se sienten presionados precisamente por eso. ¿A qué grupo pertenece usted?

A los dos. El éxito conlleva también una responsabilidad y una presión que hay que aprender a manejar, pero la motivación que produce para seguir adelante también es muy potente. Esa palmadita en la espalda siempre reconforta y anima para seguir adelante.

Su prosa es exuberante en “La casa de los amores imposibles”. Se huele, se percibe con el tacto y el resto de sentidos cada frase. Me pareció mágica. ¿Fue una tentación a la que cayó rendida sin darse cuenta –la de utilizar adjetivos y descripciones sensoriales– o un recurso perfectamente meditado?

Mi escritura siempre ha sido bastante barroca, con profusión de adjetivos e imágenes. Recuerdo que Clara Obligado, a cuyo taller acudo aún cuando tengo tiempo, me decía que podía poner un puesto en el Rastro de Madrid. Con el tiempo he aprendido a pulir mi estilo, a dosificar las imágenes y metáforas, a que menos es más. De todas formas la influencia y el gusto por el realismo mágico y la prosa sensorial y musical continúa muy presente en mis novelas.

Las lecturas de un escritor son determinantes para lo que después muestra en sus trabajos. ¿Cuál o cuáles le cautivan (cautivaron) como para intentar emularlos o Cristina López Barrio persigue construir su propio estilo?

Mis gustos como lectora afloran en mi escritura. La literatura latinoamericana, obras de: Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Rómulo Gallegos me cautivaron y me cautivan.

No busco adrede la construcción de un estilo propio, creo que va forjándose en cada trabajo. También me gusta experimentar con estructuras y voces narrativas, no estancarme, es un aliciente y un reto.

¿El proceso de corrección de una obra es desesperante por mucho que sea necesario? A veces ayuda a mejorar lo escrito pero también abren nuevas puertas a la historia de las que es difícil salir con rapidez y eficiencia. ¿Cuál ha sido y es su experiencia en este sentido?

Creo que era Borges quien decía que hay que publicar para dejar de corregir, y aún así luego esta la reedición que abre la posibilidad de corregir de nuevo. En el proceso de corrección de La casa de los amores imposibles mi editor me amenazó con venir a casa a quemarme el manuscrito para que dejara de corregir. Soñaba con las frases de la novela.

–“La casa de los amores imposibles” me resultó un maravilloso chute de realismo mágico. Tampoco se quedaba corto “El cielo en un infierno cabe”, aunque es diferente. ¿Le molestan las etiquetas?

Me molestan sobre todo las que hacen referencia al género. Esa llamada literatura de mujeres porque está escrita por ellas, y sus protagonistas principales también lo son. Da la sensación de que solo los hombres pueden escribir sobre temas universales, que solo ellos transcienden de su condición masculina cuando escriben, y son capaces de reflejar cualquier experiencia sin limitación por su género. Literatura masculina, ¿alguien ha oído hablar de ella?

¿Ser finalista del premio Planeta con “Niebla en Tánger” es un punto y aparte en su carrera? No sé si marca cada momento en el que se sienta a escribir desde entonces.

Desde entonces he tenido pocos momentos para sentarme escribir, continúo con la promoción de la novela. Pero marca un antes y un después en mi carrera, sin duda.

Es abogada. Supongo que debe ser una liberación dejar atrás –digamos– la lectura y escritura de textos que a veces parecen destinados a un público más cerrado. Personalmente opino que el mundo judicial –con todos mis respetos– no quiere que el vulgo se entere de qué está hablando.

No lo considero una liberación como tal. A veces echo de menos investigar la línea de defensa de un caso, y escribir o contestar a la demanda. Es necesaria una capacidad de síntesis y exposición clara de los hechos que comparte con la literatura. Sí es cierto que lo luego hay casos más interesantes que otros y una no siempre podía elegir.

El mundo jurídico tiene un lenguaje propio al igual que otros sectores profesionales, como los médicos o arquitectos, ha sido así desde el mismo momento de su aparición. Lo vemos en el Derecho Romano, que se estudia en 1º de carrera, y es la fuente primera de nuestro ordenamiento jurídico. La riqueza y complejidad de cada una de estas disciplinas requiere un modo de expresión. Una de las tareas de un buen abogado es explicarle a su cliente en palabras más sencillas lo que está ocurriendo en el caso.

¿Cuándo decidió dedicarse por entero a la escritura? ¿Supuso algún tipo de renuncia a nivel personal y profesional?

Me decidí en el año 2010, tras la publicación de La casa de los amores imposibles. Fue un salto al vacío, pero con la red que suponía el éxito que estaba teniendo la novela, y con un contrato de encargo de obra para escribir El cielo en un infierno cabe. Lo cierto es que no tuve miedo, no lo dudé, es lo que siempre quise hacer. Por otro lado toda elección siempre conlleva una renuncia.

¿Cree en el escritor que nace o en el que se hace? ¿La formación en las técnicas y la teoría es imprescindible para convertirse en escritor?

Nace y se hace. Yo no soy la misma escribiendo ahora que cuando escribí mi primera novela, con veinte años, en la facultad. La escritura, como todo oficio, se nutre también de la práctica y el estudio. No me atrevería a decir que es imprescindible la formación en técnicas y teoría, me viene a la cabeza el caso del escritor marroquí Mohamed Mrabet, analfabeto, que le dictaba sus obras a Paul Bowles, y es uno de los escritores más importantes de ese país, pero no cabe duda que enriquece conocerlas, aunque solo sea para saltárselas.

Si se animara a escribir una biografía, ¿hay alguna persona o personaje que le llama la atención?

La biografía de Mary Shelley, aunque ya hay una magnífica de Muriel Spark. Y la de su madre, la filósofa y escritora Mary Wollstonecraf. En cuanto a personajes la biografía de Bartleby, el escribiente del cuento de Herman Melville.

¿El rescate de escritos en un cajón es más una carga pendiente –por volver y tener que remodelar un proyecto del pasado– que una nueva ilusión? ¿Hay alguna historia de la que desistió?

Tengo varios escritos en el cajón, alguno más cadáver que otro. Sí me gustaría recuperar una novela juvenil que escribí hace unos quince años. Me ilusiona más que corregirla, reescribirla. La historia me gustaba muchísimo.

En cuanto a desistir lo hice de un proyecto de novela que empecé a los dieciocho años y que nunca llegué a concluir, y así debe continuar, era una trama muy siniestra unida a un momento anímico un tanto triste.

¿A qué autores españoles admira?

Clara Obligado, Ana Mª Matute, Almudena Grandes, Andrés Neuman, Eduardo Mendoza, Miguel Delibes, Víctor del Árbol entre otros muchos.

¿Cree que la literatura en nuestro país pasa por un buen momento? En cuanto a calidad me refiero, porque la cantidad no siempre es importante.

Creo que hay autores de mucha calidad, entre tanta cantidad, tanto en narrativa, ya sea novela o cuentos, como en poesía.

¿Qué opina de la autopublicación? Son muy pocos los que obtienen el éxito y lo más difícil: lo mantienen.

Lo difícil es mantenerse, estoy de acuerdo contigo. La autopublicación puede ser una buena opción en un momento dado, ya que te obliga a concluir un proyecto, corregirlo, editarlo, en fin a vivir el proceso completo de la creación de un libro.

¿Cómo valora la posibilidad de poder contactar con autores –a veces de tú a tú– que idolatramos a través de las redes sociales? destacaría como inigualables o que le hayan reportado sensaciones que nunca llegó a pensar que fueran posibles?

Lo cierto es que yo soy una recién llegada a las redes sociales. El contacto con lectores me resulta muy gratificante y también con otros compañeros escritores. Las redes es un arma muy poderosa para poner en contacto a las personas, pero creo que es necesario utilizarlas sin ser esclavo de ellas. No concibo estar subiendo fotos de cada movimiento que haces.

¿Necesita un ambiente determinado, horas concretas, un estado de ánimo especial, usa rituales para escribir?

Llevo tres mudanzas en cinco años y a veces acompaño a mi marido en sus viajes de trabajo, o tengo que viajar yo por el mío. Ya me adapto a escribir en cualquier sitio. Aunque cuando llego a una casa o a un hotel me gusta buscar dónde voy a hacer mi nido para trabajar. Es importante que sea calentito, soy muy friolera y en invierno he escrito en casa hasta con mitones. En cuanto a la hora del día, hace poco descubrí la maravilla de escribir de seis a ocho de la mañana con la casa en silencio y la magia del amanecer. Yo que siempre preferí la noche… Me gusta beber té, y escuchar música, sobre todo bandas sonaras y música clásica. También leo poesía o un fragmento de algún libro que me inspire, esto me ayuda a concentrarme, dejar mi mundo cotidiano y trasladarme al universo de la historia en la que estoy trabajando.

¿Por las noches sus personajes duermen con usted o no le dejan dormir? ¿Hubo alguno que le obsesionó y en qué sentido?

Sueño mucho con ellos cuando estoy en plena escritura de la historia. Con ellos me acuesto y con ellos me levanto, viven conmigo. Olvido Laguna, de La casa de los amores imposibles más que una obsesión ha sido una compañera para mí durante muchos años.

La pregunta es la de siempre, pero en El libro durmiente, siempre queremos saber en qué nueva historia está embarcado el autor. ¿Qué tiene ahora entre manos? ¿Alguna pista? ¿Cuento, relato, novela juvenil, para adultos?

Ahora lo que tengo entre mis manos es la promoción de Niebla en Tánger. Pero ya he empezado a trabajar en la idea para otra novela. Y la escritura de cuentos también está entre mis planes.

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