Las lágrimas de la jirafa – Alexander McCall Smith

Reseña realizada por Begoña Curiel:

“Las lágrimas de la jirafa” no es una historia de detectives al uso. La investigación de un caso es tan sólo la excusa para hablarnos de «otro mundo». Es una aventura africana en Botsuana, donde una Agencia de Mujeres Detectives puede sonar a excentricidad. Sin embargo –a medida que la conocemos– resulta ser un pequeño detalle del encanto que envuelve este libro.  

  Mma (tratamiento de señora) Ramotswe, Precious, es la jefa de dicha agencia, aunque tampoco tiene más plantilla que su fiel secretaria, Mma Makutsi –otro personaje delicioso–. Su diminuto tamaño contrasta con la pasión con la que desarrollan su trabajo. Aquí encontraremos a la señora Curtin, una americana que busca a su hijo desaparecido hace diez años en el desierto botsuano de Kalahari.

  Mma Ramotswe se entrega a la investigación en cuerpo y alma como hace con todo. Está a punto de casarse con J.L.B. Matekami, un modesto mecánico de coches que admira a su futura esposa. Un sentimiento recíproco. No es para menos.

  Son deliciosos los detalles de la escasa infraestructura de la agencia: Precious va por el mundo con su minifurgoneta blanca salvando baches y tópicos. Su espíritu emprendedor es perfectamente compatible con su absoluto respeto y admiración por las tradiciones y cultura de su país, donde gestos y palabras sencillas definen una forma de vida de la que se siente orgullosa.

  El contacto con su clienta americana sirve al lector para que comparemos sus orígenes, la sociedad de la que proceden, con sus pros y sus contras. Una curiosa fórmula que nos abre los ojos a lo desconocido, sin más instrumentos que la sencillez. Atención: no confundir con la simpleza. La ignorancia es atrevida y por eso, hay que tener presente la frase para disfrutar este libro. Sin duda suena a cuento bucólico si no nos induce a parar, a reflexionar sobre el mensaje que encierra.

  Las andanzas de la detective son una oportunidad para explorar paisajes y paisanaje. Es difícil que entendamos su forma de entender la vida, su manera sencilla de aceptar lo que depara el nuevo día, por muy complejo que resulte para una mente occidental, preocupada por cosas radicalmente distintas. Por eso los personajes son extraterrestres adorables, tocados de un aura de inocencia que no es tal, y de una autenticidad que deslumbra.

  No hay adornos en la escritura de Alexander McCall Smith porque no son necesarios. No explica, sino que expone lo que hay. En esta novela más que comprender hace falta sentir. Si llega, llega. Si no, no hay más que decir. Sirva como ejemplo que la gente se trata de hermano/a con asombrosa naturalidad aunque no lo entendamos.

  Esta lectura es como el viaje a un país nuevo, en el que la gente te recomienda «que vayas con otro chip». Sin juicios, dejándote llevar, aparcando las comparaciones que nos ciegan. Como si fueran lentejas: si no te gustan, las dejas.

  Las novedades, los acontecimientos, lo que nosotros llamamos problemas son simplemente, la vida para los habitantes de esta historia. No hay tragedias. Es parte de la existencia. Así de sencillo.

  Hasta las últimas páginas no encontraremos la explicación al título. Reconozco que mi cuadriculada mente de lectora que quiere saber por qué y nada más que por qué, la necesitaba. Y aunque era previsible que todo se redujera a una simple metáfora, no deja de ser preciosa; tal dulce como lo saboreado en este vital paseo africano lleno de oxígeno.

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