La huella de una carta – Rosario Raro

Reseña realizada por Begoña Curiel:

Estamos curados de espanto en esta sociedad tan experimentada en ningunear injusticias a toneladas. Y no por ello, podemos dejar de sorprendernos. Las víctimas de la taliomida son una lamentable cuenta pendiente –otra más– de este país, por el que pasaron varios colores en los tronos políticos mientras ocurría esta barbarie.

   Rosario Raro ha convertido en ficción hechos reales, que sigue siéndolo pese a los olvidos intencionados. Sólo por ser altavoz de una injusticia cometida con premeditación y alevosía merece la pena leer “La huella de una carta”.

  Nuria es la mujer acomodada en un perfecto matrimonio donde todo va bien hasta que choca con la época que le toca vivir. Las esposas deben estar en la cocina con los niños, calladitas y formar parte de la decoración de los hogares de los años sesenta en España.

  El problema es que Nuria tiene inquietudes. Incluso tan surrealistas como la de escribir. Un anuncio de trabajo abre la puerta a lo que ni tan siquiera imagina que puede ocurrir en el mundo real de la calle. El famoso consultorio radiofónico de Elena Francis que durante cuarenta años se metió en miles de hogares será la nueva casa de Nuria, aunque el trabajo lo desarrollará desde la suya, donde responde a las cartas para las que el espacio radiofónico no tiene hueco.

  Con las historias de esas letras Nuria descubrirá realidades que no se pueden contar y menos contestar con sinceridad. Una de esas cartas desvelará un verdadero escándalo que le robará el sueño y cambiará radicalmente su camino ya que acabará recorriendo siniestras veredas por encima de su encierro voluntario de mujer, esposa y madre abnegada.

  Boro –compañero de trabajo– será su aliado –Nuria no tiene muchos más– y el hombre determinante en la investigación de numerosos casos de niños con malformaciones que acabarán siendo abandonados. Tienen claro que no son hechos aislados. Atando cabos llegan al telamón –el nombre disfrazado de la talidomida— que todas las madres consumieron para controlar las náuseas durante el embarazo.

  Soy fan de los héroes anónimos –además de Nuria y Boro conoceremos a Liliana. Su caso enternece de manera especial–. Deduzco que algo parecido le ocurre a la autora cuando escoge a una mujer que tiene que sudar gotas de sangre para compatibilizar su particular causa con el trabajo y la crianza de sus hijos, esquivando como y cuando puede la presencia de su apuesto maridito.

  Por supuesto se ahogará miles de veces en el vaso de agua que se ha metido porque adquirirá las dimensiones de una piscina olímpica. Continúa adelante aunque sabe de sobra que se la está jugando. ¿Es heroína o suicida?  Afortunadamente el mundo se salva por locos fantásticos que meten la piernas hasta el fondo del barro.

  Mientras Rosario Raro desentraña los hilos internacionales que mueven el negocio del telamón, nos muestra el sufrimiento de las madres –y familias– que ocultaron la vergüenza de haber parido supuestos monstruos y el desgarro de esa separación tanto física como emocional de sus hijos.

  Destaca el trabajo de documentación realizado por la autora para introducirnos en esta espiral macabra que hundiría sus raíces en los experimentos nazis con humanos. Un dato que desconocía del ya de por sí aberrante currículum de las mentes científicas del régimen.

  Rosario Raro aplica una escritura sencilla. No son necesarios demasiados adornos cuando la realidad tiene tanto peso por mucho que los años hayan pasado y arrasado con ella. Gracias por recordarnos esta huella que duele y simboliza el cinismo, la avaricia y la impunidad –sean particulares y/o gobiernos– que por desgracia nos rodea aunque cambien épocas y siglos.

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