La hija de la criada – Bárbara Mutch

TÍTULO DE LA OBRA: LA HIJA DE LA CRIADA

AUTOR (A): Bárbara Mutch

EDITORIAL: Alianza Editorial

AÑO DE EDICIÓN: 2017

ISBN N.º: 9788420675657

N.º DE PÁGINAS: 494

TEMÁTICA: Narrativa histórica costumbrista

PRECIO: 19,90 €

ENCUADERNACIÓN: tapa blanda

Reseña realizada por Teresa Argilés:

Cuando comencé a leer este libro lo primero que me advertía la autora es que me adentraba en una lectura de sentimientos, de amistad, de segregación racial, de crueldad humana, de amor, de esperanza…

Ni un ápice se ha desviado, si cabe le han faltado más sustantivos para definirla y sobre todo el más representativo, el apartheid.

Pero entre todo lo que concierne al ser humano nos destaca el color de la piel y su comportamiento frente a ello. Toca de manera tan llana la cuestión de lo que siente la mujer por ser de un color o de otro, que el lector empatiza con sus protagonistas por ser como son y no por su color de piel o como nos las plantea la autora.

Si algo me ha sorprendido de Bárbara Mutch es que cada uno de los narradores de la historia lo hacen de manera diferente.

Ada, la criada y negra, emplea la narración en primera persona y en otras como espectadora. Buena, humilde, trabajadora, sencilla y defensora de su color de piel sin saberlo.

Cathleen, la señora y blanca, nos plantea su vida si no de manera epistolar, lo hace en modo de diario que irá leyendo Ada, a escondidas, para saber cómo se siente la señora, irlandesa, que llegó al desierto de Karoo en Sudáfrica para casarse con su novio al que hacía unos cinco años que no veía.

La señora, nos habla de la soledad que siente a tanta distancia de su familia, pero las clasifica de soledades que están fuera y de las que están dentro, esa que se lleva intrínseca por las circunstancias de la vida y la otra la que muestras, aunque a veces se trate de esconder.

Nos adentraremos en las heridas internas a través de Ada, que las define desde su sencillez como las heridas para las que no hay médicos que las curen.

La irlandesa es una mujer considerada, humana y que muestra un trato a quien le rodea de amor y de amistad, no distingue si su criada y su hija, Ada, son negras, el color de la piel no la retrae para dispensarles la consideración que merece cualquier ser humano.

Ada, como narradora principal, inocente en sus pensamientos y comportamientos, pero no por ingenuidad, si no por el rol que le ha dado la vida, aunque inteligente y despierta, aprenderá a escribir y a leer y a tocar el piano, su gran pasión, y se defenderá en inglés como cualquier nativo. Conforme vaya creciendo su narración se irá convirtiendo en más madura, podría decir que evolucionaron juntas y siempre le acompañó la bondad y la humildad; y un diccionario para buscar aquellas palabras que desconocía.

Pero sufrirá, aunque creía que estaba obligada a ello, el “derecho de pernada” y eso la hará más fuerte y temerosa. Fruto de este acto ruin nacerá su hija Dawn, mulata y con los ojos azules como su padre, marido de Cathleen, aunque el verdadero amor de Ada, calladamente, fuese Phil el hijo de los señores, hecho que percibió su madre en todo momento, pero solo lo desvelará con el tiempo.

Con todos estos mimbres la autora ha tejido una historia conmovedora y creo que no sea menos, dolorosa para el lector por conocer ese inmenso problema racial que existe en el mundo.

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