La ciudad de la lluvia – Alfonso del Río

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Es cierto como dice Alfonso del Río que ya no llueve tanto en Bilbao como en los ochenta, pero hay etiquetas que cuesta descolgar. En todo caso esa pátina de xirimiri asociada a la capital vizcaína aporta un toque muy literario en determinados contextos. Ser del lugar-escenario de una novela genera expectación y una camaradería callada si el autor también es de la tierra.

Si ahonda en hechos y circunstancias que el lector conoce y tocan el corazón (las graves inundaciones de 1983, el Athletic como religión y el terrible eco del terrorismo de ETA, aunque sea a pinceladas), la puntuación sube. Y si el autor además lo ha reflejado sin haber vivido en persona alguna de esas circunstancias, tiene aún más mérito. Lógico: es mucho más complicado hablar de lo que no se conoce en primera persona por muy bien que te lo hayan contado.

Una fotografía con un grupo de hombres y un niño donde algunos de ellos han fallecido en dudosas circunstancias llevará a una investigación casera por parte de Alain Lara, un joven jugador del Athletic, junto a María Aberasturi. La imagen toca de cerca a los dos. El primero es nieto de uno de los desaparecidos; la segunda, hija de un potente empresario vasco, también desparecido, presente en dicha fotografía.

La foto se remonta al Berlín nazi y no existe conexión personas y hechos. Aparentemente, claro. Ahí se encuentra el arranque típico pero prometedor de un thriller con lluvia de búsqueda, interrogantes e intriga donde muy pronto aparecerá otro de los protagonistas: David Schaffer, exitoso abogado relacionado con María. Hay que sumar a la “plantilla” también a un policía que pulula por ahí hasta que, cómo no, se anclará a la misteriosa cadena (me gusta la conexión ideada por el autor para este personaje) y a la pobre Maruska (hasta ahí puedo-quiero leer. Solo adelanto que es una de mis secundarias favoritas).

Callo sobre los narradores. Podría desvelar cosas interesantes para la trama (aunque tanto insufrible spoiler en internet haga cada vez más difícil que el trabajo de un escritor, no llegue destrozado).

Mejor me remito a los datos que aporta la faja de la primera novela de este joven bilbaíno. Uno a través de la pregunta: «¿Por qué están muriendo todos los que aparecían en aquella vieja fotografía?». Otro, con una afirmación: «Nadie puede esconder la verdad para siempre». Con esta avanzadilla se plantea un clásico esquema de thriller con batallas de poder empresarial (complejas y contundentes en este caso), secretos y preguntas que como en esta lluviosa urbe, laten hasta el final de las páginas. Por supuesto, no hay buen thriller sin unas buenas incógnitas. Se lo ha currado bien aquí Alfonso del Río. Pero he tenido que avanzar bastante en el número de páginas para que la intriga tuviera más enjundia y me resultase más atractiva. El nudo es bastante previsible. Hay demasiadas pistas. Menos mal que los redobles de tambor se han ido intensificando al final.

Nunca viene mal una buena historia de amor, romance, aventura, tensión sexual… en el marco de un thriller. Pero en este caso (no aclaro de qué formato) no me han convencido sus historias. Puede que por cierta artificialidad en la psicología de quienes lo protagonizan. Como si fueran un tanto de película, ya que el contexto casi lo pide, al menos en lo que concierne al tramo centrado en Alemania.

Eso sí, me encantan los personajes reales que introduce Alfonso del Río, la posibilidad que ofrece al lector de conocerlos un poquito más por mucho que la literatura ya haya hecho este trabajo. Viene bien aliviar la tendencia a la curiosidad, rayana al cotilleo que padecemos algunos lectores. Además, siempre me interesó entrar en la cabeza de esos personajes reales de la historia que hicieron que nos preguntáramos tantas veces ¿por qué?, ¿por qué hicieron tal cosa o dejaron de hacerla?

La narrativa de Alfonso del Río no se complica. Es sobria, sencilla, sin fuegos artificiales. Va en la línea de la rigidez que caracteriza a determinados apartados de la historia y protagonistas, para los que  prima la contención, ese aire a “negro” que recubre la ambientación que necesita un thriller, donde todo es un poco oscuro, medido (esa ramita en la boca de Alain haciéndose el durillo, esa prepotencia del hiperseguro abogado…), hasta frío diría…, como queda la piel tras calarse de una buena lluvia bilbaína.

No sé si será el mejor thriller del año como se anuncia. Es muy pronto para dicha sentencia. Pero está claro: siendo la primera novela del autor el trabajo es bueno y muy interesante.

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