La ciencia y la vida – Valentín Fuster y José Luis Sampedro

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Reseña realizada por Antonio Lozano:

Leyendo este libro se podría pensar que, guardando todas las distancias, el estilo empleado por Olga Lucas intenta emular el utilizado por Platón en sus diálogos. Argumentos que son expuestos por un interlocutor para ser valorados por el otro y llegar, finalmente, a una síntesis que pone de acuerdo a ambos.

El hecho de que el libro recoja los diálogos mantenidos por Valentín y José Luis, durante tres días de conversaciones, le da frescura y agilidad a los contenidos y hace fácil su lectura. Sin embargo, se podría aducir que en algunos temas se pasa de puntillas sin llegar a profundizar con arreglo a la importancia que merece.

Valentín Fuster, eminente científico, gusta de definirse como alguien que resulta de la combinación de su parte aristotélica y platónica. Esta afirmación hay que enmarcarla en el contexto actual. En definitiva, y tras la especialización que ha marcado la actividad intelectual desde que se produce el reinado de la ciencia, nos estaríamos encontrando, nuevamente, ante el ideal del hombre renacentista. Ciencia y arte, razón y experimentación, dos posturas que, en vez de oponerse, se encuentran para ennoblecer al hombre.

José Luis Sampedro, gracias a su formación como economista, anticipa (las conversaciones motivo del libro tuvieron lugar en el verano 2007) el crack financiero al que va abocado el sistema. Advierte del peligro de la ambición y de la desregularización económica y financiera. En este sentido tiene algo de oráculo.

Fuster: “Estamos viviendo en un mundo muy acelerado en el que, como contrapartida, el hombre está actuando de forma pasiva. En otras palabras, es un mundo súper acelerado en el que no hay tiempo para la reflexión.” Esta afirmación está vinculada a su hipótesis de sociedad infartada. Dice que hace 500 años no existía el infarto y esto lo relaciona con la tecnología y la sociedad de consumo. Más adelante, volviendo sobre esta idea nos dicen: “El individuo vive en una sociedad que no domina; al revés, el mundo lo está dominando.(…) La falta de dominio sobre la situación y sobre uno mismo es lo que conduce a las situaciones de estrés.”

Fuster: “Yo creo en lo que Theilard de Chardin llamaba el punto omega, es decir que, a pesar de todo lo que está pasando, el mundo tiende a una cierta perfección”. Esta afirmación, realizada por uno de los cardiólogos más eminentes del mundo, tiene una enorme importancia. En realidad, para la ciencia es un sacrilegio decir que la naturaleza se encamina hacia alguna parte. Eso implica aceptar que existiría una especie de mente reguladora que dispondría de un escenario, en el que todos tenemos un papel, para que la vida tuviese lugar de acuerdo a un guión ya definido. Lo dicho, una aberración para el universo científico pero un soplo de aire fresco para quienes, reconociendo los avances que hemos disfrutado en los últimos siglos, piensan que no todo puede ser explicado gracias a las bondades del método científico.

Somos seres culturales genéticamente condicionados”. Cuando leemos esta frase nos preguntamos, si no quedaría así resuelto el dilema entre determinación y libre albedrío. Más tarde afirma: “En cambio, sí creo en la libertada interior. Tú puedes ser libre dentro de ti, no fuera. Y si no sabes serlo dentro de ti, no eres libre. Creo en la libertad interior.” Al volver sobre el tema de la libertad y las normas sociales nos lo presentan sirviéndose de una metáfora.”Mira, lo de las normas y la libertad está muy claro. Te lo explico con una metáfora, la cometa. La cometa vuela porque está atada. Fíjate bien, si tú coges una cometa y la tiras al aire sin más, no vuela; en cambio, si está atada, la cuerda permite la resistencia contra el viento y la cometa vuela. La cometa vuela porque está atada”. En ocasiones, resulta más inspiradora una metáfora que un sesudo texto explicativo.

Hacia la mitad del libro se llega a la siguiente conclusión: las claves de una buena salud física, psicológica y espiritual: relajación, ejercicio físico y reflexión. Es fácil darse cuenta de que el ritmo de vida occidental impone muchas limitaciones a este estilo de vida. Cuando en lo profesional, académico y social se valoran aspectos tan distintos, el desarrollo de estas acciones exige de un cierto logro de la conciencia y la voluntad. Ese es el reto que nos plantean los autores. Además, esta idea es remarcada por su exposición de las buenas prácticas que han de presidir una conversación: “…para dialogar parar. Y este parón es el que nos permite preservar nuestra estabilidad personal y nos libra de la neurosis que se vive a nivel individual cuando uno se deja arrastrar sin tiempo para meditar.”

La inmigración, en cierto modo, es la ayuda al desarrollo organizada por los subdesarrollados: en vista de que los ricos no les ayudan de verdad, ellos vienen a buscar la cuota de bienes de la Tierra que les corresponde. Dicho de otro modo, si el dinero no va donde hay pobreza, la pobreza va donde hay dinero.” Son muchos los temas abordados en el libro, la inmigración es uno de ellos. Mientras se den en el mundo las diferencias entre el despilfarro y la extrema necesidad estaremos participando de un sistema imperfecto e injusto.

Las tres premisas de la felicidad: el primer punto es el de encontrarnos a nosotros mismos e invertir en nuestro talento; el segundo, hace referencia a que uno debe ser consciente que estar cumpliendo con su deber; el tercero es tener la generosidad de aportar algo a la sociedad. Una magnífica receta para tener una vida plena. Quizás, cabría añadir alguna otra que tuviera relación con el sentido trascendente de la vida. Esta idea queda reafirmada, hacia el final del libro, por Valentín Fuster: “¿Qué pasa con la ciencia? Que la ciencia es rigurosa en sus exigencias, exige contrastación empírica y demás verificaciones, pero la ciencia no es sabiduría. La sabiduría es mucho más que la ciencia, incluye la visión de la vida y la visión vital no es cuantificable. (…) Yo en eso creo a rajatabla. La ciencia se mueve en el nivel mental del cerebro esencialmente y me parece muy bien, pero creo que la racionalidad de la conducta (porque en el fondo la ética es la racionalidad de la conducta) exige algo más. La vida exige algo más que racionalidad. Exige espiritualidad, y el conjunto de ambas cosas es la sabiduría. Eso en otras culturas se ha desarrollado mejor que en la nuestra. En algún sitio leí que la dificultad de la traducción de ciertos tratados del sánscrito a nuestros lenguajes estriba en la profundidad psicológica de esos textos. Al parecer, la terminología de esa elaboración milenaria no tiene equivalentes en nuestros lenguajes de vida acelerada.”

Donde sí hay acuerdo es en su juicio acerca de las virtudes y las carencias de la actual juventud. Piensan que el hecho de que sus familias les respalden en todas sus necesidades ha hecho de los jóvenes individuos pasivos. Han perdido la sed de aventura que anidó en las generaciones de jóvenes que les precedieron. Debido a este mismo proceso, habrían perdido en el camino la expresión de ciertos valores morales, convirtiéndose en seres hedonistas.

El valor de la comunicación: “hablar es un buen antídoto contra el infarto de miocardio. (…) El aislamiento predispone al egoísmo y egocentrismo, incluso a la envidia. El aislamiento es una cuna de vicios.” Parece una advertencia acerca del marcado individualismo que la sociedad moderna, especialmente urbana, impone a sus ciudadanos. Hace falta abrirse a los demás, compartir con la gente nuestros anhelos y alegrías. Si solo lo hacemos obligados por las circunstancias o en el deseo de encontrar a alguien que se apiade de nuestras desgracias estaremos empobreciendo nuestra vida.

Fuster, encuentra en el funcionamiento del corazón (algo a lo que ha dedicado su vida), un ejemplo de perfección que ha de haber sido pensado y desarrollado por una Inteligencia Creadora de orden superior: “¿Cómo se explica que un corazón, latiendo 60 veces por minuto no se desgaste y en cambio a un Boeing 747 hay que cambiarles las piezas cada dos por tres? (…)El corazón se puede averiar si lo maltratas con grasas, drogas o si sufres una infección, pero lo que es fascinante es que su mecanismo no se desgasta por el funcionamiento continuo. A mí me resulta imposible comprender el fenómeno.”

Ahora entre hospitales, centros para terminales, sanatorios y demás nadie muere en casa, todo lo relativo a la muerte ocurre lejos y eso dificulta la aceptación de la muerte como algo natural. Para mí es un defecto de la sociedad.” Esta reflexión de Fuster, en este caso tratando el tema de la muerte, está cargada de un gran sentido común. Mientras no seamos capaces de integrar la muerte como algo natural, estaremos abocados al sufrimiento que emana de la incomprensión del sentido último de la vida.

“Al menos algo creemos: la nave es una galera. Si todos los galeotes anónimos unidos nos conjurásemos para remar sólo por una banda, la nave cambiaría el rumbo obligando al timonel. El futuro es manejable, la Vida es imparable.” Del hombre masa, al individuo consciente. Es un largo camino por el que todos estamos destinados a transitar.  

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