Dar vida a un personaje

Ejercicio realizado por Tati Jurado

(Se prepara la ficha y posteriormente se ejecuta la redacción).

En lo físico:

Cuerpo:

Baja y delgada

 

Rostro:

Ovalado

 

Ojos:

Miel

 

Cabello:

Morena

 

Piel:

Dorada

En lo vital:

Vitalidad:

Enérgica, nerviosa

 

Dinero:

Medio para sobrevivir

 

Salud:

Fuerte

En lo emocional:

Sensaciones

Sufrida

 

Pasiones

Orden, meticulosa

 

Emociones

Tristeza

 

Sentimientos

Amor a su marido e hijos

En lo mental:

Capacidad mental:

Simple

 

Sentido práctico:

Hay que seguir

 

Mentalidad:

La familia es lo más importante

 

Lo que le interesa:

Querer y sentirse querida

En lo interno:

Sus creencias:

Todo va a mejorar

 

Ideas religiosas:

Creyente

 

Su gran valor:

Paciencia

 

Sus Principios:

Disciplinada

 

Sus Ideales:

Una vida tranquila

La recuerdo junto a los fuegos de la cocina. El dorado de su piel parecía ganar intensidad con el fulgor de las llamas. Cuando me escuchaba llegar, asomaba la redondez de su cara por la pequeña abertura que daba a la barra y me sonreía. Si no lo hacía, ya sabía que algo no andaba bien. Los días que la esperanza la tomaba de la mano, [entonces su] la sonrisa era espontánea, sincera. Si la mala racha se instalaba en su casa, la tristeza lo hacía en su mirada. Entonces los ojos color miel perdían su brillo y bastaba contemplarlos un instante para entender que la pena y el desconcierto se habían apoderado de ese pequeña y delgada mujer.

Trabajaba en esa cocina desde siempre. Con apenas veintidós años se había mudado con su hijo y su marido a cinco calles del restaurante y a los pocos días el esposo le consiguió trabajo ahí. No había mirada que no la contemplara con cierta admiración. Las pupilas acarameladas surgían entre unas pestañas largas y negras; los labios carnosos ofrecían un espectáculo inigualable cuando regalaba una sonrisa; y su melena oscura y brillante realzaba la belleza que florecía con el contoneo de sus caderas. Y sin embargo Leticia parecía no percibir aquel halago mudo, era como si desconociese aquellas cualidades que cautivaban a los demás.

Parecía que la prisa la hostigaba siempre. Llegaba apurada, saludaba y se internaba en la cocina para cumplir con el horario laboral con un rigor y mecanismo inigualable.  La cofia y la casaca blanca velaban aquella femineidad hasta las cuatro. (1) A esa hora exacta la mayoría de los días se cambiaba con agilidad y salía apresurada hacia su casa para mudar el olor a comida, que desprendía su metro cincuenta y cinco, por el del jabón con unas gotas de perfume. De ahí otra carrera hasta la puerta del colegio para ir a buscar a su hijo ya que el padre no llegaba. O al menos así lo argumentaba cuando los compañeros le recriminaban que no se tomara al menos un cortado con ellos Casi todos los días nos privas de tu compañía.

Y es que pocos sabían que aquella hermosa mujer vivía sumida en la fealdad de una resignación aborrecida. Cada noche se adentraba en los sueños entre la rabia por la actitud de Juan y la súplica, por lo visto imperecedera, de la llegada de un cambio. (2) De profesión, jugador compulsivo, y de afición, cuando la suerte le esquivaba, bebedor empedernido. No había trabajo que le durara, Pagan poco, se empeñaba en convencerla Juan. Cuando por algún milagro, concedido tal vez por la divinidad a modo de tregua para Leticia, el convencimiento de un cambio se apoderaba de Juan,  la ilusión y la normalidad se alojaban en aquel cuerpo gracioso y menudo. Cuando la suerte, aseguraba el marido, golpeaba la puerta de su casa, Leticia se desprendía con agilidad de la cofia y la casaca para media hora después ataviarse con la bata verde del equipo de limpieza del casino del centro, que también Juan le había conseguido.

Comentarios (Ramón, a 20/06/2015):

(0)   Muy interesante tu relato, y sobre todo, que te apoyes en la ficha previa para redactarlo. Tendrás que decirme si te ayuda el tener la ficha previa o si te frena, aunque creo saber la respuesta: creo que al hacer la ficha ya tienes una visión global del personaje y no solo una imagen de cómo es físicamente.

(1)   Frases encadenadas con excesiva longitud. Puedes cortarlas con un punto y seguido, que da pie a que la siguiente frase guarde relación con la primera pero sea una frase diferente. En caso contrario tienes una frase kilométrica que cansa al lector. Por ejemplo, puede quedar así:

“A esa hora exacta la mayoría de los días se cambiaba con agilidad y salía apresurada hacia su casa; mudaba entonces el olor a comida que desprendía su metro cincuenta y cinco por el del jabón con unas gotas de perfume”.

(2)   Aquí se puede utilizar también la técnica del dividir con un punto y coma. Puede quedar así:

“De profesión, jugador compulsivo; de afición, cuando la suerte le esquivaba, bebedor empedernido.

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