IV Seminario: “Modernas de época”

Crónica de la asistencia al seminario realizado por Teresa Argilés.

El pasado 24 de Mayo en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante, se celebró el:

IV Seminario “Modernas de Época”, “De risas veladas y guiños entretenidos”. El ocio de la mujeres en la Modernidad.

foto portadaEl acto fue abierto por la doctora Inmaculada Fernández Arrillaga, profesora titular de la Universidad de Alicante y como directora que es de los seminarios que se vienen celebrando desde hace tres años. A continuación les cedió la palabra a D.ª Mónica Moreno Seco, directora del Instituto Universitario de Investigación de Estudios de Género; D. Juan Mesa Sanz, decano de la Facultad de Filosofía y Letras y D. Cayetano Mas Galvañ, director del Dpto. de Hª Medieval, Moderna y CC.TT. Historiográficas.

Intervinientes:

El profesor Teófones Egido López (licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valladolid en la que desempeña la cátedra de Historia Moderna).”Recreación y diversión de las monjas en la Edad Moderna” Fue una exposición distendida e irónica, “la mujer no debía reír, estaba penado”, fuera cual fuere la condición de la mujer. En las monjas, no eran bien vistos los momentos gozosos. Las recreaciones de cualquier tipo también estaban penadas, ellas tenían sus momentos, pero con moderación, burlas y mofas estaban prohibidas y su única distracción debían ser los sermones. El único “personaje” masculino que pululaba por el convento era el demonio, representado por cualquier cosa, persona u objeto. Este estaba por todas partes, una leyenda dice que una monja comió una lechuga sin santiguarse y el demonio le entró por la boca y la poseyó… De esta manera, y con otras lecturas más amenizó su exposición, siendo del deleite de los escuchantes.

La Profesora Margarita Ortega López de la Universidad Autónoma de Madrid, basó su ponencia en “Mujeres en busca de una ética laica en la felicidad, en el S. XVIII entre las mujeres ilustradas”. En el S. XVIII las ciudades se van haciendo más urbanas y en ellas las mujeres intentan con sus estrategias modificar hábitos y presupuestos donde ellas puedan destacar en todos los campos. No admiten los principios universales basándose en que las cosas pueden cambiar. Las autoridades a las que están sometidas: paternales, reyes, sociedad, maritales, deben evolucionar con la sociedad. Las mujeres debían ser reconocidas, la ignorancia que se les atribuía no era cierta, pero según el Padre Feijoo en 1737 manifestó que, “defender a todas las mujeres es ofender a todos los hombres”. En 1826 el 26 % de los suscriptores de la Gaceta de Madrid eran mujeres, matizaban los contenidos y proclamaban que a partir de la cultura doméstica había algo más… Quieren la legitimidad de estar en el mundo de otra manera, disfrutar de actos sociales, donde puedan hablar de lo humano y lo divino. Disfrutar su maternidad desde el mismo momento que dan a luz; crear nuevos climas de comunicación, debatir sobre los pensamientos y quieren ser las responsables de nuevas actitudes sobre su cuerpo, como la higiene y el vestir.

La profesora Juana Anadón Benedicto, directora del Dpto. de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, basó su ponencia en “Las mujeres en espacios lúdicos del Madrid ilustrado: bailes y paseos”. Nos adentró en el Madrid de la segunda mitad del S. XVIII.

Bailes:

Bailar y danzar no eran la misma cosa. Bailar es más popular, danzar es realizar movimientos más acompasados en ámbitos sociales más elitistas. Para la aristocracia era un ejercicio de disciplina necesario. Tanto hombres como mujeres debían saber danzar, además, las mujeres también se distinguían por saber tocar algún instrumento. Para los jóvenes (hombres y mujeres) también era un signo de distinción, la danza no era innata en ellos, debían aprenderla lo mismo que la elegancia que conllevaba sus movimientos. Aquellos que danzaban rítmicamente y con perfección eran dignos de admiración.

Había academias en las que se aprendía, pero también podían ejercitarse los bailes en los “saraos” que se ofrecían en casas particulares donde además se exhibía el poderío y la postura social. Al Madrid de la época también llegaron danzas de origen extranjero, como el Minué. La Alemanda, se bailaba entre parejas sin soltarse las manos. La Contradanza, era muy divertida y permitía un indeterminado número de bailarines.

Como bailes populares destacaron, Las seguidillas, El fandango y El bolero.

Destacaban también los bailes de máscaras que se celebraban desde el día de reyes hasta el inicio de la Cuaresma, dos veces por semana de 20:00 a 4:00. Estos bailes nunca fueron populares por su precio para acceder a ellos y por las normas de vestir.

Paseos:

Eran espacios de sociabilidad informal, permitiendo el encuentro y la relación. Se paseaba para ver y ser visto. Según las costumbres inglesas, las mujeres londinenses lo hacían para mantenerse sanas y las madrileñas para distraerse. Paseo de la Delicias y paseo del Prado eran los lugares de paseo y galanteo y había que ataviarse como para ir de fiesta. Aunque estos paseos por la noche tenían mala reputación.

La doctora en Música clásica e Historia, Pilar Fabregat Baeza, basó su ponencia en “Mujeres entre salves, gozos y coplas”. No existían centros específicos para dicho arte. Los maestros de capilla eran los que se encargaban de formar a las mujeres en esta disciplina. La iglesia era la que dirigía estas tendencias para las mujeres, dentro de ella. Los hombres se ceñían a exaltaciones externas, como las romerías.

Los gozos aún se siguen representando en Orihuela (Alicante).

Las salves, es el saludo divino a la Virgen.

El Santo Rosario se rezaba en ámbitos monásticos. En 1636 se da la primera cofradía exclusiva de Rosarios de Mujeres en Sevilla.

A finales del XVIII había 47 cofradías de mujeres frente a las casi 90 de hombres.

La investigadora en Historia Moderna y especialista en mobiliario español, Amaya Morera Villuendas, nos expuso el tema “Las muñecas y el juego de rol”. Comenzó su ponencia manteniendo que el juego era el entretenimiento más honesto para pasar el tiempo, también para aprender. Hasta los siete años se denominaba la primera infancia. Después de esta edad se diversifican los roles del niño, que consistirá en una instrucción militar, y el de la niña se basará en los quehaceres domésticos, sobre todo con las muñecas. Las muñecas bien vestidas hacen las delicias de pequeñas y mayores. También desempeñaba un papel importante la casa de las muñecas, se fabricaban para los adultos y para que se mostrara en ellas los papeles  que se realizaban dentro del ámbito doméstico. Estas casas eran objetos de lujo formando parte del deseo de cualquier niña. En el S. XIX se produce una verdadera evolución de la muñeca y el papel que significa para el juego, llegando a mediados del S. XX a la aparición de la Barbie, símbolo e icono desde esa época hasta la actualidad, con la modernización de la misma en todas sus versiones.

La investigadora de Historia Moderna por la Universidad de Alicante Laura Díaz Mejías, nos habló de “Vestirse para festejar”. Comenzó su exposición con la importancia de cómo se vestían la mujeres de los estamentos privilegiados, para asistir a un baile, que era el momento de exhibirse, había tres fases:

  1. ¿Qué voy a llevar?
  2. Cómo me preparo para ese día.
  3. El momento de llegar al baile: ¿Cumplo con el protocolo?

La invitación para acudir a un baile debía llegar unos ocho días antes de que este se celebrara, había que proveerse de todo lo necesario. El sastre real era el indicado para la vestimenta, eran los más creativos. El trabajo se realizaba en casa de la clienta, aunque se acabara en el taller del sastre. Había que elegir telas acordes con la piel de la mujer, lo mismo que los complementos también debían estar acordes. El maquillaje, blanquecino, era el apropiado. Los lunares tenían su lenguaje. El peinado cuanto más aparatoso mejor. Medias y calzado eran elementos imprescindibles, aunque los zapatos no fuesen cómodos si eran apropiados se los ponían. La llegada al baile, era el momento crucial para examinar a las asistentes al acto.

Rosa Tribaldos Soriano, licenciada en Historia por la Universidad de Alicante, además de ser una de las coordinadoras del IV Seminario de Modernas de Época, expuso un tema diferente: “Diversiones de la guaraníes en las reducciones jesuitas”. Las diversiones entre los guaraníes solo existían para los hombres, las mujeres eran meras espectadoras, no participaban en nada, siempre estaban relegadas a un segundo plano. Todas las fiestas o diversiones siempre se celebraban al margen de ellos. La fiesta guaraní que se celebraba o sacramento de la palabra, la fiesta del maíz, en la que bebían ka’v’y o chicha. Fiesta y trabajo en la que se parlamentaba sobre la distribución y la riqueza. Saludos llorosos con gritos, llantos y cánticos.

Las mujeres celebraban sus danzas individualmente y solo les estaba permitido tocar la Maraka o la Takua, bastón que marca el ritmo para las mujeres en los cantos tristes.

Realmente después de haber oído todas las ponencias esta última no estaba exenta de misterio y curiosidad.

Tanto en el debate matutino como en el vespertino, los ponentes respondieron a las preguntas y curiosidades que les expusieron los asistentes. A las 18:30 se clausuró el acto por parte de su directora.