Invisible – Paul Auster

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

Paul Auster - 11

Vaya por delante mi confesión: admiro y adoro a Auster. Con una obra tan prolífica como la suya es difícil no sufrir altibajos. Por eso es de justicia reconocer que los errores también existen incluso para plumas como la suya. En este caso “Invisible”, es un acierto para los que disfrutamos de una buena lectura, aunque también hay que dejar claro que no todos los tramos o condimentos de este libro me dejan embelesada.

Lo primero, vamos con el argumento o una indicación básica para centrarnos: Adam Walker, un estudiante brillante, aspirante a poeta que en 1967 conoce a una pareja francesa desconcertante. Rudolf y Margot. De manera inesperada, le ofrecen un proyecto editorial que deja noqueado a Adam. Y aquí empieza su calvario. Caminando con Rudolf, un atracador de poca monta se cruza con ellos y acaba perdiendo la vida gracias a la navaja del francés. Adam no puede creérselo. Rudolf es un oscuro personaje, cambiante, inquietante y siniestro hasta el final, y no sólo por el asesinato.

Pero atención, porque en “Invisible”, el auténtico Paul Auster aparece pronto y empieza a contarnos historias dentro de las historias con un estupendo juego de narradores y es que nos presentará después a un Adam anciano, agonizante, enfermo, que contacta con James, un antiguo compañero de universidad, escritor (me encantan los autores que escriben sobre escritores y libros), al que pide asesoramiento sobre el relato escrito que ha hecho de su vida y que llevaría por título “1967”, el año en el que la vida de Adam comenzó a descalabrarse con ese asesinato que le quema, le obsesiona y que destrozó sus esquemas de vida. Ya no puede apreciarse a sí mismo e inicia un peligroso juego con Rudolf que no tiene más remedio que acabar mal.

En ese relato de su vida nos cuenta el gran secreto que Adam guarda a medias con su hermana. Pero eso es lo que nos “confiesa” Adam. ¿Lo confiesa o se ha inventado esa historia truculenta? Imagino a Paul Auster riéndose, viéndonos a los lectores de “Invisible” como un dibujito animado que sujeta sobre su cabeza una enorme interrogante.

Este escritor es un maestro: nos confunde, nos hace vibrar, sentir ansiedad por llegar a la próxima página, nos inquieta, hasta deja en nuestras manos un debate sobre la ética de la sexualidad.

Sí. Todo esto y lo que no se puede contar, con una riqueza narrativa tremenda, recordándonos que hay tantas actitudes, razones y maneras como personas en el mundo, que no todo es blanco o negro, que no todo es visible o invisible sin más.

560_web-dab-auster-par142887

Enigmático como el propio Auster, este argumento nos vuelve un poquito locos. No sé si lo hace de manera voluntaria con varias de sus historias dentro de las historias para que los lectores decidamos sobre sus personajes, o porque simplemente se ha perdido con tanta espiral retorcida y no sabe cómo cerrar algunas de ellas. Cuesta creerlo -sobre todo a una fan de este autor-, pero sinceramente y por qué no, Paul Auster tiene tablas como para haber decidido “columpiarse” con lectores novatos o fervientes seguidoras como la que escribe. En fin (suspiro), es de esos novelistas al que “le perdono” (qué impertinencia la mía) casi todo. Le descubrí hace años. Los mismos que hace, del comienzo de mi admiración por el autor de obras que me encantaron, emocionaron y me hicieron disfrutar de la lectura al máximo. “El libro de las ilusiones” o “Tombuctú”, por ejemplo, fueron parte de este gran descubrimiento, de su narrativa y su enorme e inagotable capacidad de creación literaria. 

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmailFacebooktwittergoogle_pluspinterestmail