Hotel Florida – Amanda Vaill

Reseña realizada por Begoña Curiel:

51TGuq6xZFLSiempre queda algo por contar de la guerra civil española. Cierto. No se acabará nunca el listado de historias que encerró, además de las que se libraron en el frente de batalla. En el Hotel Florida, Madrid, se alojaron reporteros extranjeros para contarlo. Algunos, se involucraron más de lo que pretendían, otros se sirvieron de sus escenarios para vivir aventuras y con ellas, alimentar su ego. De todo hay y hubo en la viña del señor. Y en “Hotel Florida” se encierran esas bambalinas que Amanda Vaill relata en este libro que es difícil definir. Novela no, desde luego. ¿Es una megacrónica periodística, un ensayo, una mezcla de todo? Apuesto más por la definición que arrancaba la pregunta expuesta.

  Es un gran trabajo recopilatorio: datos, teorías, interpretaciones, pero sobre todo lo primero. Tantos, que abruman y a veces, agotan, porque la autora aporta detalles exhaustivos sobre determinados aspectos que no siempre son realmente necesarios. Aun así, insisto: es una tarea de documentación brutal. Digna de aplauso.

  Pero lo realmente importante son los protagonistas que Amanda Vaill escoge para contar una guerra que no fue española. Sin duda. Fue en determinados aspectos, un laboratorio de prácticas y hasta de experimentos para otros países, que después se vieron “implicados” en la Segunda Guerra Mundial.

  Bien. Esos protagonistas forman tres parejas: Ernest Hemingway (poco hace falta añadir para su presentación) y Marta Gelhorn, periodista que se probó a sí misma en este escenario. Con el respaldo de nada más y nada menos que Hemingway, su amante durante la contienda, en una relación tan particular como extraña. Sus egos y vanidades eran tan grandes o más, que sus crónicas y su implicación con las causas de los perdedores.

  La segunda pareja, Gerda Taro (que falleció durante la guerra) y Robert Capa. Dos locos del periodismo fotográfico. Atractivos por separado y a dúo. También polémicos como uno de los iconos fotográficos de la guerra del 36: “Muerte de un miliciano” de Capa. Una imagen sobre la que pende el interrogante de su veracidad: ¿Fue un montaje, tuvo responsabilidad Capa en la muerte de dicho miliciano? La duda se mantiene tras la lectura de este “Hotel Florida”, donde conoceremos a Arturo Barea e Ilsa Kulcsar, cabezas visibles de la oficina de censura de la prensa extranjera en Madrid. De todos los que desfilan con paso fuerte por este libro, es sin duda, Barea, el único español, que sufrió en sus entrañas y su salud mental, los efectos de la guerra civil. Él sí fue un verdadero sufridor. Puede que todo lo demás, no sólo fuera pose, pero por supuesto, nada que ver, con este hombre y su historia (que desconocía), que acongoja y angustia de manera insoportable en el tramo final de su experiencia profesional y personal con la guerra.

  Es un libro interesante. Sin duda. Una reconstrucción divulgativa más que recomendable; una mirada a través de los reporteros que llegaron de todas las partes del mundo para relatar lo ocurrido. Unos con más acierto que otros, claro está.

  Retomo lo dicho al inicio de esta reseña: siempre queda algo por contar de la guerra por muchos libros que se hayan escrito. Este cisma bélico tiene ecos en algunos aspectos y temáticas que hoy conocemos y vivimos como ciudadanos. Qué decir si no, de las eternas y cruentas peleas (eso sí, que son guerras) de la izquierda. Dicho el término izquierda como concepto global. Habría mucho que analizar si nos centramos en esta cuestión.

  Pero las letras, las formas de contar, todo lo nuevo que nos aporta un libro –bueno y no tan bueno–, es lo que toca. En ese sentido, Hotel Florida, no es o no fue sólo, un lugar que existió. Es el centro de localización de historias paralelas y microhistorias que pululan por la historia de la guerra civil en mayúsculas.

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