Historia de Carmen. Memorias de Carmen Díez de Rivera – Ana Romero

Reseña realizada por Teresa Argilés:

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Ana Romero (Cádiz, 1966) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid (1989) y Master en Periodismo por la Universidad de Columbia en Nueva York (1991) con una beca Fulbright.

Escribe para el diario El Mundo, fundado en 1989, y actualmente el segundo más leído de España. Empezó su carrera profesional en el Diario de Cádiz y en la agencia EFE. Para El Mundo en base en Madrid y redactora jefe de Sociedad.

Desde el verano de 1998 produce y escribe la serie internacional Voces del Milenio, una sección dominical que la ha llevado a más de 60 países donde ha realizado dos centenares de entrevistas.

Colabora como comentarista política para la British Broadcasting Corporation (BBC) y para Radio Francia Internacional. También escribe para el Washington Quarterly. Autora de dos libros, participa con frecuencia en seminarios internacionales como el Council on Foreign Relations y el Foro Económico Mundial.

En 2015 publicó otro trabajo periodístico cuyo título es Final de partida: La crónica de los hechos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I (La Esfera de los Libros, 2015). Es la crónica de los últimos cuatro años de reinado de Juan Carlos I y todas las circunstancias que le llevaron a ello.

Vive entre Londres, Madrid, y el resto del mundo.

HISTORIA DE CARMEN. Memorias de Carmen Díaz de Rivera, (Planeta Singular, 2002)

Hace unos meses cuando leí el libro de Nieves Herrero, Lo que escondían sus ojos, me descubrió a una persona desconocida para mí, Carmen Díaz de Rivera e Icaza, hija de la Marqueses de Llanzol, pero fruto de la relación que tuvo la marquesa con Ramón Serrano-Suñer, el cuñadísimo.

Podría hacer esta reseña sólo con los titulares que he sacado de este libro.

ü  La musa de la reforma.

ü  ¿Una comunista en la Moncloa?

ü  Una drogadicta del Medio Ambiente.

Comentarios sobre ella:

Santiago Carrillo: “Ella merece la pena un libro y más. Fue un personaje muy importante de la transición, a quien posiblemente no se le haya hecho justicia.”

Emilio Romero: “Me pareció, guapa, desdeñosa, automática y sabelotodo”.

Rosa Montero: “Era un personaje muy especial, como un erizo. Por un lado defensiva y por otro necesitada de afectos.”

Una de las grandes frases que ella le transmitió a Ana Romero, periodista, y que debería estar en la cabecera de los partidos políticos, fue: La política no puede ser una profesión permanente o una renta vitalicia.

Carmen decía de ella misma que era peligrosísima, pues se consideraba un ser libre e independiente y eso en política no estaba bien visto.

Su necesidad de olvidar sus problemas y frustraciones de juventud las mitigaba trabajando duro. Cuando llegó para colaborar con Adolfo Suárez no lo hizo para pasarle papeles a máquina, lo hizo para pensar, para hacer política, para decirle lo que tenía que hacer en muchos de los casos. El triunvirato, decir trío no queda elegante, que formaron Juan Carlos I, Adolfo Suárez y ella, fue el brazo ejecutor de una transición en España con una vistas de futuro que ellos no veían pero que Carmen sí. El monarca venía de una influencia franquista al igual que Suárez, Carmen era la nota discordante y de color que había en ese tridente. No obstante era la enviada en muchas reuniones de grandes personajes de la política para tomar el pulso de lo que se cocía dentro y fuera de España. Era la bisagra necesaria para el devenir del país.

La belleza de los ojos azules y porte enigmático era la cabeza pensante, la instigadora de que el Partido Comunista y el P.S.O.E  se tenían que legalizar, de que la pluralidad del momento pasaba por los partidos políticos, era el azote del postfranquismo.

Juan Carlos I supo aceptar consejos, como el que le dio Kissinger, “el proceso de transición debía ser lento y controlado.” Pero Carmen sabía que ni el Rey ni Adolfo Suárez eran conscientes de su falta de credenciales democráticas.

También transmite la importancia de la Reina en este papel transitorio, una noble de oficio y con un bagaje y experiencias que ya había vivido en su Grecia natal. De hecho fue quién le dijo a su marido el 23-F que recordara lo que le había pasado a su hermano Constantino en Grecia, por aliarse con los golpistas.

Les atribuye a ambos la camaleónica capacidad que tenían para ir adaptándose a las circunstancias de lo que les acontecían los momentos.

La relación de Carmen con Suárez se fue deteriorando y hasta por dos veces le presentó la dimisión, pero éste no se la aceptó, cuando él se la puso ante sus ojos, ella aceptó y siguió su andadura por otros derroteros políticos. Pero no sin antes advertirle que si se empeñaba en crear un partido político acabaría mal. Tuvo razón…

Bajo mi punto de vista no se ha hecho justicia con Carmen Díaz de Rivera, una mujer precursora y vaticinadora de muchos de los errores que hoy vemos que se están cometiendo.

ü  Los partidos políticos son grandes dictaduras que no tienen primarias y que cuando las hacen suprimen los resultados.

ü  No era suficiente haber creado unos partidos, unas Cortes, una Constitución. Se tenía que haber profundizado en la sociedad. El desarrollo económico no es suficiente, tiene que ir paralelo a uno político, social y cultural.

ü  Lo único que ha avanzado mucho es en el desarrollo económico. ¿Y qué? Un pueblo con dinero y sin cultura no es nada…

Ríos de tinta tendrían que correr en la actualidad al leer estas frases, pero para España que es un país de grandes entierros, como dice Rubalcaba, a Carmen Díaz de Rivera primera y única directora de Gabinete de un gobierno, no se le ha otorgado la relevancia que merece.

Carmen vivió con una herida abierta, con una llaga que, una vez cerrada, ella la volvía a abrir.

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