Benito, Mayka – “El sendero”

Algo había cambiado. Tus rasgos denotaban la dureza y la insensibilidad de un ser cegado por la emulación de gestos gratuitos que sólo conllevan decadencia, tristeza y desesperanza.

Deambulabas como un zombi, sin rumbo, con pocas cosas que decir y muchas que esconder.  En lo más recóndito de tu naturaleza humana, no había resquicio de luz y tus pasos decididos no presagiaban nada piadoso.  Te seguí y observé ese imperturbable aspecto que vestía tu persona, tus ojos miraban pero no querían ver, preferías una ceguera infringida para no tener que afrontar los verdaderos temores que envolvían tu alma.

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Rosso del, Liliana – “Cuando abrió los ojos, creó el mundo…”

“Cuando abrió los ojos, creó el mundo…”

En la inmensidad de la eternidad unos seres hechos de luz buscaban una ocupación, puesto que sin tarea ni misión les sería imposible salir de aquel lugar. Uno tras otro, fueron encontrando labor: controlar las aguas, avivar las llamas, esparcir los vientos, propagar la vida… y muchas más labores. Uno tras otro, aprehendían su oficio y las puertas se abrían para iniciar el viaje.

Pero un grupo de entes especialmente brillantes deambulaban sin encontrar nada que les resultase satisfactorio.

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Vidal Casta, Isabel -“Una mujer especial”

Ella era brillante, por dentro y por fuera. Sí, porque de ella emanaba una luz.

Era imposible que sintieras ningún malestar a su lado.

Todo era armonía en donde ella estaba. Me pregunto cómo lo haría, si era su sonrisa, o su pequeño e inquieto cuerpo. Tal vez sus libres carcajadas, la caricia que nunca te faltaba. Tal vez su mesa, en la que siempre tendrías un delicioso y generoso plato, fueras quien fueras mientras te conociera.

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Solis Curiel, Irene – “Música sin sonido”

Premio Literario del IES “Levante” de Algeciras. Irene Solis Curiel, 2º ESO (14 años)
–Un arpa, dos guitarras, un acordeón, cuatro pianos y un saxofón –le dijo mi padre al comprador, que como siempre no aceptó la oferta. Nadie quería esos instrumentos viejos, por eso llevaban tanto tiempo en mi casa, sin usarse, sin que nadie cercano a mí supiera tocarlos, teniendo que hacer ellos solos su música sin sonido…
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Salas, Mariángeles – “Niebla”

Que el tiempo transcurre y no hay manera de volver atrás, es un hecho demostrable; que podría decir, de manera más solemne, que el tiempo avanza de manera inexorable y no hay nada que podamos hacer para modificar su curso, también. Pero lo diga como lo diga, el tiempo, por desgracia, hará garabatos en mi piel y en mis neuronas.

Rufo, mi gato, pura sensibilidad felina, acaba de saltar al sofá porque me ha oído suspirar, y lo comprendo, también yo me he sobresaltado. Dicen los entendidos que los suspiros son señales emocionales, pero, hoy, ni estoy enamorada, ni triste, ni tengo ansiedad.

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Antón, María del Mar – Un día cualquiera

Despertó en ese estado de ensoñación semiinconsciente que dejan los últimos sueños: había tomado un tren para ir a Valencia, pero éste, extrañamente, cambiaba su destino para llevarle a Albacete, sin que sus protestas consiguieran que el tren se encaminara al destino deseado. El desasosiego del deseo contrariado aún estaba presente y con un impulso de rabia se levantó de la cama; inmediatamente sintió, la rigidez habitual de sus articulaciones; la ducha caliente le despertó totalmente, tras lo cual inició los ritos diarios del desayuno. En esos momentos todo lo no previsto le disgustaba; cada paso debía seguir la rutina de todos los días. Pero esa mañana nada era igual. La cafetera no tenía café, el cartón de leche se terminó a mitad de llenar la taza, la mermelada siguió el mismo camino y una mueca de contrariedad se le clavó en el rostro.

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Jurado, Tati – “Una vida mucho mejor”

Aquellos trazos oscuros no me decían nada. Ningún indicio, ninguna revelación. Sin embargo los ojos permanecieron largo rato observando su recorrido, su grosor. Decenas de puntos marrones formando diferentes figuras. Imágenes indescifrables concentradas sobre todo en el fondo. Las que menos me preocupan, pensé recordando las indicaciones que la mujer pelirroja con nariz aguileña le había dado a la chica […]

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Álvarez, Mª Ángeles . “Algo pasa en la casa de enfrente”

La vieja casa del número dos de la Calle Lorca, llevaba deshabitada hasta donde mi memoria alcanza o, al menos, eso creía yo. Sólo dos ventanas minúsculas y un desgastado portón, con una aldaba en forma de garra, componían su humilde fachada, justo enfrente de mi apartamento, moderno y cálido, que contrastaba con el aspecto de mi vecina del otro […]

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