Salas, Mariángeles – “Niebla”

Que el tiempo transcurre y no hay manera de volver atrás, es un hecho demostrable; que podría decir, de manera más solemne, que el tiempo avanza de manera inexorable y no hay nada que podamos hacer para modificar su curso, también. Pero lo diga como lo diga, el tiempo, por desgracia, hará garabatos en mi piel y en mis neuronas.

Rufo, mi gato, pura sensibilidad felina, acaba de saltar al sofá porque me ha oído suspirar, y lo comprendo, también yo me he sobresaltado. Dicen los entendidos que los suspiros son señales emocionales, pero, hoy, ni estoy enamorada, ni triste, ni tengo ansiedad.

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Antón, María del Mar – Un día cualquiera

Despertó en ese estado de ensoñación semiinconsciente que dejan los últimos sueños: había tomado un tren para ir a Valencia, pero éste, extrañamente, cambiaba su destino para llevarle a Albacete, sin que sus protestas consiguieran que el tren se encaminara al destino deseado. El desasosiego del deseo contrariado aún estaba presente y con un impulso de rabia se levantó de la cama; inmediatamente sintió, la rigidez habitual de sus articulaciones; la ducha caliente le despertó totalmente, tras lo cual inició los ritos diarios del desayuno. En esos momentos todo lo no previsto le disgustaba; cada paso debía seguir la rutina de todos los días. Pero esa mañana nada era igual. La cafetera no tenía café, el cartón de leche se terminó a mitad de llenar la taza, la mermelada siguió el mismo camino y una mueca de contrariedad se le clavó en el rostro.

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Jurado, Tati – “Una vida mucho mejor”

Aquellos trazos oscuros no me decían nada. Ningún indicio, ninguna revelación. Sin embargo los ojos permanecieron largo rato observando su recorrido, su grosor. Decenas de puntos marrones formando diferentes figuras. Imágenes indescifrables concentradas sobre todo en el fondo. Las que menos me preocupan, pensé recordando las indicaciones que la mujer pelirroja con nariz aguileña le había dado a la chica […]

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Álvarez, Mª Ángeles . “Algo pasa en la casa de enfrente”

La vieja casa del número dos de la Calle Lorca, llevaba deshabitada hasta donde mi memoria alcanza o, al menos, eso creía yo. Sólo dos ventanas minúsculas y un desgastado portón, con una aldaba en forma de garra, componían su humilde fachada, justo enfrente de mi apartamento, moderno y cálido, que contrastaba con el aspecto de mi vecina del otro […]

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