Fallaci, Oriana

“Literatura escrita por mujeres” por Mariángeles Salas:

Oriana Fallaci nació en Florencia el 29 de junio de 1929 en una familia humilde de la Italia fascista de Benito Mussolini. El hecho de haber vivido los días heroicos de la resistencia, la empujó a adquirir un fuerte compromiso político desde una edad temprana. Con poco más de 10 años actuaba ya como correo de la Resistencia antifascista: su padre, un carpintero de izquierdas, no le ahorró ningún riesgo.

Al final de la II Guerra Mundial envuelta en la aureola de adolescente partisana y gozando de la admiración de la nueva clase dirigente italiana, ingresaría en la Universidad de Florencia para estudiar medicina, pero la abandonó poco después para dedicarse con toda su energía al periodismo y a escribir.

Fue la primera mujer italiana corresponsal de guerra. Como escritora de doce libros, vendió veinte millones de ejemplares en todo el mundo; como periodista ganó un gran prestigio internacional especialmente por sus entrevistas a personajes famosos.

Empezó a trabajar para el Mattino dell’Italia centrale, periódico de inspiración cristiana, donde se ocupó de distintos temas: sucesos, crónica judicial y costumbres. Fue despedida del periódico porque se negó a escribir un artículo a favor de Palmiro Togliatti, como le había ordenado su director. Y así tras esto Oriana marchó a Milán para trabajar en el semanario Época de Mondadori, que entonces estaba dirigido por su tío Bruno Fallaci, quien, para no ser acusado de favorecerla, le encomendaba los peores trabajos.

En 1951 fue publicado su primer artículo para L’Europeo, en el cual se ocupaba de asuntos de modernidad, mundanería y de sucesos. En la década de 1950 recorrió toda América. En 1956 Oriana Fallaci viajó por primera vez a Nueva York para escribir sobre famosos y de mundanería (sociedad, corazón, etc). «Era tan irrespetuosa –escribe Cristina de Stefano, autora de su biografía– que el lector se sentía poco menos que vengado en su gris rutina». A partir de ese momento, sus jefes comprendieron que meter la firma de Oriana en portada era sinónimo de vender más.

Fue muy dura con las estrellas de Hollywood, sobre todo con aquellas que no le prestaban mucha atención o, en su defecto, no le dejaban grandes titulares. Elvis no quiso recibirla y lo pagó. En el siguiente número, Oriana le describió como «un idiota que solo se movía si iba precedido de una multitud de jóvenes». Frank Sinatra tampoco la recibió y ella se prometió no volver a hablarle, hasta que coincidieron butaca con butaca en el estreno de una película.

De esta experiencia derivó su primer libro, Los siete pecados capitales de Hollywood, donde describe todos los tejemanejes de Hollywood. El prólogo del libro fue escrito por Orson Welles.

Le siguen, El sexo inútil (1961), Penélope en la guerra (1962), Los antipáticos (recopilación de entrevistas de 1963) y Si el sol muere (1965), que le reportaron fama y prestigio en Italia. Con Nada y así sea (1969), sobre la guerra de Vietnam, y con sus crónicas sobre aquel conflicto para el Corriere della sera alcanzó un renombre internacional que le permitió conseguir entrevistas con personajes de gran relieve como el rey Husein I de Jordania, Vo Nguyen Giap, Pietro Nenni, Giulio Andreotti, Giorgio Amendola, el arzobispo Makarios, su amado Alexandros Panagoulis, Nguyen Cao Ky, Yasser Arafat, Mohammad Reza Pahlavi, Haile Selassie, Henry Kissinger, Walter Cronkite, Federico Fellini, Indira Gandhi, Golda Meir, Nguyen Van Thieu, Zulfikar Ali Bhutto, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Sean Connery, Henry Kissinger, Leopoldo Galtieri, Muamar el Gadafi, el ayatolá Jomeini o Bob Kennedy entre otros. La mayoría de sus entrevistados la detestaban. Eso le gustaba.

En 1975 publicó Carta a un niño que no llegó a nacer, un libro sobre la experiencia personal de un embarazo y un aborto, su primer auténtico best seller mundial. En 1979 concluyó Un hombre, dedicado a la historia de su compañero sentimental Alekos Panagulis, héroe de la resistencia griega contra la dictadura, fallecido el 1 de mayo de 1976 en un accidente de automóvil cuando estaba a punto de dar a conocer pruebas sobre la complicidad de varios políticos del nuevo sistema democrático con el régimen de los coroneles.

Cubrió como enviada especial numerosos conflictos bélicos, pero las entrevistas seguían siendo su especialidad, y la realizada en 1978 al ayatolá Jomeini reavivó su leyenda: a diferencia de otros periodistas occidentales, que veían en el clérigo chií una alternativa razonable a la dictadura del sah, Fallaci se le enfrentó y criticó sus opiniones sobre las mujeres.

Inshallah (1990), sobre la guerra de Líbano, fue una incursión en el terreno de la novela que dejó traslucir con claridad su antagonismo respecto a algunas organizaciones musulmanas, en especial la OLP. Siguió una fase de relativo silencio, marcada por su traslado a Nueva York.

En el 1991 Fallaci fue enviada a la Guerra del Golfo, última vez que Fallaci trabajó como reportera de guerra. Luego la escritora se retiró a Nueva York, donde residió en un chalé de dos pisos del Upper East Side en Manhattan. Ahí empezó a escribir una novela que le llevó todos los años noventa, solo interrumpida por los acontecimientos del 11 de septiembre 2001. En ese tiempo Oriana descubrió que tenía cáncer de pulmón al que ella, más tarde, llamaría «el alienígena». La novela fue publicada póstumamente el 30 de julio 2008. El libro, titulado Un sombrero lleno de cerezas, trata de una saga familiar italiana que discurre desde 1773 hasta 1889.

En su libro La fuerza de la razón, declaró públicamente su admiración por el papa Benedicto XVI, que el 27 de agosto 2005 la recibió en Castel Gandolfo en audiencia privada. El encuentro tenía que ser secreto, pero la noticia se publicó tres días después, mientras que el contenido de la entrevista nunca se dio a conocer.

En marzo 2005 el periódico Libero tuvo la iniciativa de solicitar firmas para que el Presidente de la República concediese a Fallaci el cargo de senadora vitalicia. Se recogieron más de 75 000 firmas.

Fallaci estaba ya muy enferma y vivía como una reclusa en su apartamento de Manhattan. No respondía al teléfono y sólo abría la puerta a su hermana y su sobrino. Ambos revelaron que la escritora y periodista temía que la asesinaran.

Considerada por muchos una de las mejores periodistas de la historia, que hizo del mal genio una virtud y de la pregunta impertinente un género, y que escribió para importantes periódicos y revistas como el New Republic, el New York Times Magazine, Life, Le Nouvel Observateur, The Washington Post, Look, Stern, y el Corriere della sera, murió en Florencia el 15 de septiembre de 2006 a los 77 años, después de un empeoramiento de sus condiciones de salud, a consecuencia del cáncer que padecía. Fallaci siguió definiéndose como “cristiana atea” y dispuso en el testamento que sus exequias fúnebres fueran laicas y estrictamente privadas.

En 2016 se publicó una colección de 120 cartas suyas en el libro La paura è un peccato (El miedo es un pecado), de su sobrino y heredero, Edoardo Perazzi.

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