Estaciones de paso – Almudena Grandes

Reseña realizada por Begoña Curiel:

estaciones-del-paso_libroLas rachas y las etapas en la vida son estaciones de paso. Por más que te lo digan cuando eres adolescente, no lo crees. Almudena Grandes explora en la inquietud de cinco chavales cuando son demasiado pequeños para entender que la vida a veces tiene muy mala leche y demasiado grandes para correr a refugiarse en los brazos de los mayores.

  Cinco adolescentes con sus cinco historias nos traen a los que somos adultos el recuerdo de la particular manera en la que se sufre cuando las hormonas están en ebullición y no permiten prodigar demasiado la diplomacia y la resistencia que aporta el paso de los años. Los traumas son más traumas. Las verdaderas desgracias son castillos insalvables para respirar. La angustia tiene el tamaño de montañas donde se presiente que no clavaremos la bandera que demuestra que hemos llegado satisfactoriamente a la cima.

  Rafa le cuenta a Dios de tú a tú en su monólogo cuánto le odia porque su hermano murió de leucemia. Con Paloma conoceremos la relación tan especial que mantiene con su abuelo gracias al gusto por los toros. Carlos volverá al pasado de las celebraciones con sus  primos para contemplar cómo les ha cambiado el presente. Maite sufrirá y disfrutará a partes iguales con la excitación de las sensaciones del primer amor y la impotencia de la incapacidad de su padre. Tomás demostrará que no siempre hay que ser el guapo para triunfar.

  Son pequeñas pinceladas de los protagonistas normales de historias normales que Almudena Grandes hace crecer de tamaño con su tremenda capacidad narrativa. Convierte lo cotidiano en algo especial. Tanto personas como situaciones.

  Los jóvenes están confundidos. Los problemas, a veces de adulto, les superan. Lógico. Nos pasa tanto a quienes miramos de lejos la adolescencia, que esta obra inspira ternura. Porque les comprendemos. Sabemos que se sufre intensamente cuando no somos conscientes de que los catorce, los quince, dieciséis años… pasarán. Nos bajaremos en esa estación o la vida nos tirará al andén, queramos o no. Y el empujón no siempre tiene el mismo grado. Pero, cuando todo pase junto con el tiempo pase, el drama –real o no– será lo que cimentó el camino por el que después caminarán, por el que seguiremos caminando, cumpliendo años con o sin querer. Por eso, insisto, en que este libro, estos relatos me inspiran mucha, mucha ternura. Me dan ganas de abrazar a los pequeños sufridores de las páginas, porque a algunos les toca hacerse mayores antes de tiempo.

  La portada del libro donde una joven se escabulle tras el cuello del jersey es tan sencilla como efectiva. Como si pudiéramos escapar de un problema, sólo con no mirar. La huida no es el camino pero es imposible que eso pueda saberlo un adolescente. A todos nos molestó que nos lo dijeran en su momento y al crecer, pudimos comprenderlo, aunque fastidiara. Pero es tan real como el paso de las estaciones. Me da igual si son de tren o metereológicas.

  Almudena Grandes, a la que venero, logra emocionarme de nuevo, aunque esta obra no tenga el peso literario de otros de sus grandes trabajos.