Espinosa, Cristina – “Adiós, querido Eduardo Galeano”

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Hoy el mundo de las letras se ha despertado con una noticia triste: La muerte de Eduardo Galeano.  Los grandes poetas forman parte de esos imprescindibles que no deberían morir nunca, porque con ellos se va también un trocito de la belleza de este mundo.

Galeano era un encantador de palabras, un mago que sacaba de su chistera frases de todos los colores, anudadas con esa sabiduría que caracterizaba todos sus escritos.

En su obra literaria no faltaban nunca las manifestaciones de su compromiso político y social.  Él nos llevó a mirar con otros ojos a los nadies, los ninguneados, aquellos que valen menos que la bala que los mata.  Nos hizo comprender la realidad del maltratado continente americano en Las venas abiertas de América Latina. Y en Patas arriba nos introdujo como por arte de magia en la escuela del mundo al revés.

Pero no es mi intención glosar su obra, aunque sí destacar el libro que para mi contiene al cien por ciento la poética delicada y comprometida de este autor, así como el testimonio de sus pasiones más arraigadas. En El libro de los abrazos nos encontramos con el Galeano rebelde y tierno a la vez que nos hará vibrar en cada reflexión y en cada palabra escrita por su pluma. Por eso no puedo dejar de transcribir el relato El aire y el viento, incluido en este libro:

Por los caminos voy, como el burrito de San Fernando, un poquito a pie y otro poquito andando.

A veces me reconozco en los demás.  Me reconozco en los que quedarán, en los amigos abrigos, locos lindos de la justicia y bichos voladores de la belleza y demás vagos y mal entretenidos que andan por ahí y por ahí seguirán, como seguirán las estrellas de la noche y las olas de la mar.  Entonces, cuando me reconozco en ellos, yo soy aire aprendiendo a saberme continuado en el viento.

Me parece que fue Vallejo, César Vallejo, quien dijo que a veces el viento cambia de aire.

Cuando yo ya no esté, el viento estará, seguirá estando.

Y sí, Eduardo, el viento estará y seguirá estando. Y nosotros tendremos que acostumbrarnos a encontrarte en ese viento. Y en él te recordaremos. Porque, como tú bien nos has enseñado, “recordar” es volver a pasar por el corazón.

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