Espina, Concha

Literatura escrita por mujeres” por Mariángeles Salas:

María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina y García-Tagle (n. 15 de abril de 1869 en Santander – f. 19 de mayo de 1955 en Madrid), más conocida como Concha Espina, fue una galardonada escritora española de la Generación del 98. Fue la séptima de diez hermanos, en una familia acomodada, burguesa y tradicional. Su padre, Víctor Rodríguez Espina, fue un antiguo cónsul que trabajaba como consignatario de buques. Su madre, Ascensión Tagle, procedía de una familia de propietarios de Santillana del Mar.

La infancia de la futura escritora transcurre en el barrio de Sotileza, en Santander. No hay precedentes de escritores en la familia, que ni siquiera posee una biblioteca en casa. Concha Espina contará posteriormente que fueron los libros de rezos de la parroquia los que despertaron su interés en la literatura. Concha Espina leyó sus primeros libros en el colegio de monjas y escribió sus primeros poemas a los trece años. Lee y escribe, lee y escribe, y espera con ambición el día en que consiga por fin dedicarse en exclusiva a las letras.

El camino comienza en la prensa local, donde colabora desde los diecinueve años con artículos, poemas y relatos. Siempre con seudónimo -utilizará hasta cinco- la joven se ejercita en la práctica de los recursos con los que más tarde construirá sus obras. Su posición social la ayuda al tiempo que su condición de mujer le cierra las puertas. La literatura a finales del siglo XIX sigue siendo terreno exclusivo del hombre. En la Real Academia de la Lengua no se sienta ni una sola mujer. La institución ha rechazado una y otra vez el ingreso de escritoras como Concepción Arenal o Emilia Pardo Bazán. La propia Concha Espina sufrirá el rechazo de la institución, que no sentará a una mujer en su abecedario hasta 1978, cuando la poetisa Carmen Conde ocupe por fin el sillón k minúscula.

María de la Concepción tiene quince años y su madre acaba de morir. La familia se traslada a Asturias. El cambio es brusco. De la ciudad al campo. El nuevo escenario rural marcará profundamente a la escritora, que lo utilizará como telón de fondo una y otra vez en sus obras. Tras años después se casa con Ramón de la Serna en Mazcuerras. Acto seguido el matrimonio cruza el océano y se instala en Valparaíso, Chile.

Son los años de la vocación latente, que duerme sin apagarse del todo. Colabora en periódicos argentinos y chilenos. Nacen sus hijos Ramón y Víctor. En 1898, la familia regresa a España. Sigue colaborando en la prensa. Nace su única hija, Josefina. Tiempo para la familia, tiempo para la literatura. En 1903 publica un ensayo sobre Las mujeres en El Quijote. En 1907 nace su último hijo, Luis. En 1909 publica Luzmela, su primera novela, se traslada a Madrid con sus cuatro hijos y asume que su matrimonio está roto.

Durante los siguientes veinte años Concha Espina publicará más de cuarenta obras, la mayoría novelas, pero también recopilaciones de relatos cortos, obras de teatro, libros de viajes y poesía. Su casa en la calle Goya se convierte en lugar habitual de encuentro para la intelectualidad madrileña de la época. Uno de los asiduos era el escritor Rafael Cansinos Assens, traductor de Dostoievski y de las Mil y una noches, que dedicó un libro, Literaturas del Norte, al estudio de la obra de la autora cántabra.

En 1920, cuando muere su padre, Concha Espina ya es uno de los nombres de referencia en el panorama literario español. Escribe en La Vanguardia, en La Nación y en El Diario Montañés. Publica una media de dos libros al año. Recibe premios y honores. Su obra, apegada a la tradición, con cierto espíritu moralizante y un lirismo que engarza con Pereda, el realismo y el costumbrismo con aires de novela social, es reconocida por el público y la academia.

El éxito personal contrasta con las convulsiones políticas que sacuden al país. Concha Espina, que a estas alturas de su vida sabe de sobra que siempre ha sido una mujer conservadora y tradicional, permanece en el margen de los acontecimientos. Apoya la dictadura de Primo de Rivera y, al mismo tiempo, firma una carta colectiva dirigida al Directorio Militar pidiendo el indulto del poeta anarquista Juan Archer. Saluda la llegada de la II República, cuyas leyes le permiten divorciarse, pero no tarda en distanciarse nuevamente de los acontecimientos políticos.

En julio de 1934 finalmente se separa jurídicamente de su marido, quien fallecerá en 1937. La Guerra Civil Española la sorprendió en su casa de Mazcuerras, de donde no pudo salir hasta la ocupación de Santander por las tropas del bando sublevado, en 1937. A partir de entonces colabora habitualmente en el diario ABC de Sevilla y escribe novelas testimoniales como Retaguardia, Diario de una prisionera o Luna roja.

En 1938 empezó a perder la vista y aunque fue operada, en 1940 quedó completamente ciega, aunque no dejó de escribir. Además, varias de sus obras son adaptadas al teatro y al cine.

Concha Espina murió a los 86 años, el 19 de mayo de 1955 en Madrid, y sus restos reposan en el cementerio de la Almudena de Madrid.

Escribió obras de teatro, poesía, artículos, ensayo y libro de viajes. En novela fue muy prolífera:

Singladuras

La eterna visita

La niña de Luzmela, 1909

Despertar para morir, 1910

Agua de nieve, 1911.

La esfinge maragata, 1914.

La rosa de los vientos, 1916.

El jayon, 1916.

Dulce nombre, 1921.

El caliz rojo, 1923.

Tierras del Aquilón, 1924.

Arboladuras, 1925.

Cura de amor, 1925.

Las niñas desaparecidas, 1927.

El arte de robar (Cura de amor), 1928.

La virgen prudente, 1929.

Siete rayos de sol, 1930.

Copa de horizontes, 1930.

Candelabro, 1933.

La flor de ayer, 1934.

Retaguardia, 1937.

Luna roja, 1938.

El desierto rubio, 1938.

Las alas invencibles, 1938.

Reconquista, 1938.

Esclavitud y libertad, diario de una prisionera, 1938.

Casilda de Toledo, 1938.

Princesas del martirio, 1939.

El metal de los muertos, 1941.

El fraile menor, 1942.

Victoria en América, 1944.

El más fuerte, 1947.

Un valle en el mar, 1949.

Una novela de amor, 1953.

Aurora de España (La virgen prudente), 1955.

En 1914 y en 1924 recibió premios de la Real Academia Española por La esfinge maragata y Tierras del Aquilón respectivamente. Además, en este último año, fue nombrada hija predilecta de Santander, erigiéndose a tal efecto en 1927 un monumento diseñado por Victorio Macho e inaugurado por Alfonso XIII, que también la nombró dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa. Ese mismo año le fue concedido el Premio Nacional de Literatura por su obra Altar mayor.

Asimismo, llegó a ser candidata en tres ocasiones consecutivas al Premio Nobel de Literatura (1926, 1927 y 1928). El primer año perdió por un solo voto y el galardón lo recibió la italiana Grazia Deledda.

En Valencia, en el barrio de Cruz Cubierta, una guardería lleva también su nombre. En la localidad cántabra de Reinosa, junto al barrio de Las Eras y el parque de Las Fuentes, existe un colegio de EGB (educación primaria) -ya cerrado- con el nombre de la escritora, inaugurado en 1931.

El 8 de febrero de 1950 recibió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

En la localidad cántabra de Torrelavega se inauguró en enero de 2007 un teatro municipal que lleva su nombre. Anteriormente y en el mismo solar se encontraba el Cine Concha Espina, cerrado a finales de la década de 1980.

La ciudad de Madrid la ha homenajeado con una avenida con su nombre, que cuenta con aproximadamente 1,2 km. El Metro de Madrid le ha dedicado una estación en la línea 9.

Un avión de Iberia, del modelo A340/300, con matrícula EC-GGS, lleva también el nombre de la escritora cántabra

En 1948, el pueblo de Mazcuerras, donde había nacido, cambió su nombre por el de Luzmela, en referencia a la primera novela de Concha Espina. El Gobierno de España emitió un sello postal en homenaje a la escritora.

La ciudad de Santander, donde pasó su juventud, le dedicó en 1927 un monumento por suscripción popular. El conjunto, que incluye una fuente, fue realizado por el escultor Victorio Macho, está ubicado en los jardines de Pereda. En 1960 se añadió una placa en homenaje a su hijo, el periodista Víctor de la Serna.

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