Esperando a Mister Bojangles – Olivier Bourdeaut

Reseña realizada por Begoña Curiel:

Esta historia es una montaña rusa que sube y baja. Divierte, sorprende, desconcierta, desquicia, empacha, desazona y desagrada. A tramos. El comienzo es dulce, mágico, pero el pastel se va agriando a medida que nos percatamos de la realidad que subyace bajo una preciosa historia de amor supuestamente feliz de una pareja tan singular como disparatada.

La voz que nos cuenta es la del hijo cuando ya es adulto aunque la novela intercala las notas que el padre escribía en la intimidad, donde –por lo menos– ya sabemos, que es consciente de la felicidad enferma que padece su mujer. Aunque a veces, nos haga dudar.

Esperando a Mister Bojangles” es una canción de Nina Simone con la que los padres bailan mientras su hijo se queda embelesado. El lector también, porque su rutina es divertida, improvisada y surrealista. Me parece genial que cada día el marido llame de forma diferente a su mujer, que tengan una grulla por mascota o que las fiestas sean lo habitual en su casa. Por eso, cuando arranca la historia todo parece simpático. Pero la alegría duró poco. Era demasiado bonito y disparatado como para ser compatible con la cordura.

Cómo no iba a ser genial para ese niño que sus padres fueran tan sumamente divertidos, que no supieran de responsabilidades ni cuentas a final de mes porque la vida está para disfrutarla a todas horas. Como filosofía es una idea y práctica maravillosa. Te dan ganas de levantar la mano y decir: yo también quiero eso. Pero empiezas a poner nombres a las cosas: a la galaxia particular de su madre, ajena al mundo real (para qué cuándo se puede inventar uno) y lo más grave, a su propia locura. Antes incluso de que esa palabra impronunciable aparezca en esta novela. Como otras muchas.

La mujer comparte esa isla particular con el beneplácito de su marido y por supuesto, con la alegría permanente del hijo de ambos. Pero el lector sabe que se romperá en cualquier momento, que el “show no va a continuar para siempre”. Lo sabes y por eso, el placer se torna amargo. La vida loca se lee con un rictus en la boca. Por eso no he podido disfrutar esta lectura.

La idea de esta novela que se debate entre el relato y un cuento largo, es original. Es una estupenda alegoría a la felicidad, a la magia y el gozo de la vida que está acompañada del amor ideal, el que encaja como si estuviera hecho a medida. Pero era muy difícil resolverla sin que provocase una colisión de emociones. Esta realidad y el hecho de que sea una historia breve ha provocado incluso que no me haya detenido, ni para bien ni para mal, en la prosa de Olivier Bourdeaut. Puede que llevada por el desconcierto de lo que estaba leyendo. Incluso a veces por el enfado que me causaba la ceguera generalizada de los protagonistas.

Sin duda, una lectura diferente. Pero sobre todo, extraña. Incluido el final.

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