El vendedor de tiempo – Fernando Trias de Bes

 

 

 

 

Reseña realizada por Antonio Lozano:

Parecería raro, tras leer este libro, que la formación académica de Trías de Bes sea la de economista, y sin embargo, así es. Se mueve con soltura en un tipo de pensamiento humanista que, presente en la actualidad para algunos intelectuales, cuestiona los valores que hemos construido y que dificultan el verdadero desarrollo del hombre. Dice el autor hacia el final del libro: “El vendedor de tiempo pretende despertar a aquellos que seguimos una rutina que se ha convertido en cómplice de nuestra alienación”

La cuestión del tiempo y su gestión por parte de las personas y sociedades no es un tema nuevo, fruto de una sociedad estresada y estresante como la que nos ha tocado vivir. Ya Séneca, hace dos mil años, nos dejó una obra genial sobre este tema a la que tituló, “De la brevedad de la vida”. Al lector que haya quedado sorprendido por las reflexiones vertidas por Trías de Bes, le podría interesar una inmersión en los clásicos y descubrir esta otra joya del pensamiento.

En una vida, ¿hay algo más importante que el tiempo de la que se compone? A esta pregunta se responde el autor proponiendo que se paguen los sueldos en billetes de minutos. Las cosas se pagarían por lo que valen, que es el tiempo dedicado a fabricarlas. “El sistema económico se sustenta en el dinero y en el empleo de la variable tiempo. La avidez desmesurada pasa por encima de los derechos más básicos de las personas (…) es la causa de todas las crisis (…) Las reservas de tiempo desde un punto de vista económico se están acabando”

Pongámonos sobre aviso pues el panorama que dibuja Trías de Bes se parece demasiado al esclavismo.

“El alejamiento de la espiritualidad en el mundo occidental y la pérdida de valores conduce necesariamente a dejar de encontrar sentido a todo lo que hacemos. Por eso el sistema se ha adueñado de nuestro tiempo.” Ya estamos en el punto en el que las grandes corporaciones querían que nos encontráramos. Vivimos en la creencia de que disponemos de nuestro tiempo y, sin embargo, nos hemos convertido en engranajes que cumplen perfectamente su función en al sociedad. “Se precisa, urgentemente, una utopía para reemplazar a las que se perdieron. Hay crisis de utopías, de eso estoy seguro”. La sociedad de confort nos presentó un mundo perfecto que en su realización, más tarde, no se ha dado. Tenemos la obligación de soñar y trabajar por un mundo más justo que facilite el desarrollo del hombre en todas sus dimensiones.” Los ciudadanos de este mundo sentimos la imperiosa necesidad de liberarnos de los yugos que nos imponemos a nosotros mismos para aligerar la carga que nos impide contribuir a un mundo mejor”.

Parece que el autor nos da alguna pista acerca de cómo tendría que ser esa nueva utopía sobre la que construir un mundo mejor: “El sistema no debe tomar más tiempo al individuo que el justo y, a su vez, debe proporcionarle vías a la expresión del amor, del humanismo, de la espiritualidad, de la cooperación, de la solidaridad y la ayuda a los demás. El tiempo es un factor esencial de la vida y un sistema que lo olvide está condenado al fracaso”.

El ranking de países por índice de riqueza ordenado de mayor a menor es casi clavado al índice de depresiones en el mismo orden”. Corriendo el riesgo que siempre se tiene al generalizar, este dato constituye un importante motivo de reflexión. Se podría caer en la manida afirmación de que el dinero no conduce a la felicidad y no nos faltaría razón para decirlo ¿Qué se nos ha quedado en el camino cuando parece que, cuánto más tenemos, menos sentido le encontramos a la vida? Los vendedores de un mundo feliz, basado en el consumismo como estilo de vida, nos mintieron. “El sistema que nos esclaviza es muy sutil, muy sutil; somos esclavos de nuestra libertad. Rebelarnos contra la democracia y el libre mercado es rebelarnos contra nuestra propia libertad. Parecemos encerrados en un laberinto sin salida”. Tal vez, pero así como en el pasado contaron con un Teseo, no debemos resignarnos a una sociedad que devora a sus hijos en su propio beneficio.

Por último, viene al caso el consejo ofrecido por Gandalf a Frodo en el libro “El señor de los anillos” de J.R.R. Tolkien: “solamente a ti corresponde decidir qué hace con el tiempo que se te ha dado”.