El paciente – Juan Gómez-Jurado

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

9788408122913

Si buscas entretenimiento y ritmo sin pausa, Juan Gómez-Jurado te lo sirve en bandeja: el neurocirujano David Evans tiene que operar sí o sí, al presidente de Estados Unidos. Pero no para salvarle. Si vive, su hija morirá. Ya lo ven, un arranque frenético para describirnos las desquiciantes sesenta y tres horas del doctor, del “malo” que le chantajea y de su cuñada Kate, agente del servicio secreto.

Con estos pilares -y otros ingredientes en los que se apoya el autor- el lector encuentra acción, intriga y evasión. Casi nada. Es todo un logro. Si se busca algo más, esta lectura no sirve, porque la psicología de los personajes parece salir de una auténtica “americanada”, y lo digo sin acritud. Gómez-Jurado presenta así en su portada la encrucijada que sufre Evans en primera persona: “No soy un terrorista, ni un loco, ni un asesino. Sólo soy un padre…Y ésta es mi historia”. ¡Pues claro! Sólo un personaje con los pertinentes clichés de una película americana tendría ese dilema. O eso creo. Porque yo -y siento no tener dudas si me pusieran una pistola en la sien para elegir entre el presidente o cualquier mandamás del mundo-mundial o mi hija-, tendría claro desde el primer minuto, a quien salvaría (por cierto, me imagino casi sin querer y a la primera, al más puro y auténtico Harrison Ford convirtiéndose en el doctor Evans). Y desde luego, ni por instante, pensaría en hacerme la valiente frente al chantajista.

De igual manera encasilla a los otros dos personajes de peso: primero, al malo malísimo White que ha buscado al doctor para operar y matar al presidente y segundo, a la cuñada de Evans, Kate, que es la única que estará a su lado: una superagente fría y efectiva, que después resultará no serlo tanto.

En literatura como en casi todo, son injustas las comparaciones y aun así no puedo evitarlas. Me gustó más el Juan Gómez-Jurado de “La leyenda del ladrón”, pero entiendo que hay que probar, cambiar y llevar al lector por caminos distintos porque en la variedad está el gusto y porque en la vida hay que arriesgar.

En todo caso no pretendo restar valor a “El paciente”. Ni mucho menos. Para nada, porque he devorado el libro en ratos largos de tres días. Entiendo la lectura ante todo como una auténtica pasión y en ese sentido, este libro me ha saciado.