El motel del voyeur – Gay Talese

Título: El motel del voyeur

Autor: Gay Talese

Editorial: Alfaguara

Editada en 2017

ISBN: 978-987-738-309-6

N de páginas: 232

Temática: Narrativa

Traducción: Damiá Alou

Reseña realizada por Tati Jurado:

Vladimir Nabokov decía que la curiosidad es insubordinación en su más pura forma. La cuna de los interrogantes que nos empujan a avanzar, a buscar el cariz humano de lo que sucede a nuestro alrededor para entender lo que nos rodea y también a nosotros mismos. Es la necesidad de trascender lo que vemos para ahondar en los motivos que mueven al otro. Una cuyo mayor riesgo es sobrepasar esa delgada línea que delimita la ética de ese deseo de saber que llamamos curiosidad. Una línea que Gay Talese (1932) vio desdibujarse cuando conoció la historia de Gerald Foos.

Escritor y periodista norteamericano, permanecerá en la retina de la historia por ser uno de los pioneros, junto a Truman Capote y Tom Wolfe, del Nuevo Periodismo o Periodismo literario. Y es que, para este hombre que jamás ha dejado de realizar su trabajo vestido de traje, el periodismo es una forma potencial de arte. Periodista del New York Times por más de una década y columnista en The New Yorker, Time, Harper´s Magazine y Esquire, Talese supo cautivar las miradas de millones de lectores contando el día a día de unos obreros. “Todos tenemos grandes partes secretas e inexploradas. Si conocieras la verdad completa de esas personas llamadas simples, te sorprenderías. La naturaleza humana es interminablemente impactante, si conoces la historia completa”. Más tarde vendrían reportajes como el emblemático Frank Sinatra está resfriado y libros como Honrarás a tu padre (1971), La mujer de tu prójimo (1981) o El silencio del héroe (2010). Historias donde supo combinar con inteligencia y maestría elementos literarios de ficción con los de investigación, precisión y objetividad del periodismo. Cualidades significativas que no pasan desapercibidas en El motel del voyeur (2016). Un libro donde la curiosidad sobrepasa los límites de la ética hasta para el propio autor.

El 7 de enero de 1980 le llega una carta sin firma a Talese. Con una letra legible y ningún indicio que manifestara un mínimo de aprensión, el emisor lo pone al corriente de sus actividades de voyeur durante más de una década en un motel que el mismo compró con el fin de satisfacer sus tendencias. Convencido del interés general que contiene toda la información que ha estado anotando metódicamente a lo largo de los años en un diario, decide ofrecérsela a Talese para que éste la publique. El principal objetivo a la hora de proporcionarle esta información confidencial es la creencia de que podría ser muy valiosa para la gente en general y para los investigadores del sexo en particular. La única condición es que no revele su identidad.

El rechazo irrevocable a no usar nombres reales, sumado a la inquietud por la violación a la intimidad de los clientes que Foos ha estado cometiendo, llevan al escritor a guardar la carta en un cajón. Al menos hasta que la curiosidad lo termina de asaltar. Unos meses más tarde Talese decide investigar la historia y concurre al observatorio del voyeur.

Con un proceder metódico Gerald Foos acondicionó un observatorio encima de las habitaciones del motel para poder mirar y escuchar la intimidad sexual y social de los miles de clientes que frecuentaron el lugar a lo largo de los años sin que estos se dieran cuenta. Actividad que llega a compartir el escritor con Gerald Foos en su visita y que lo llevará años más tarde, cuando por fin el voyeur le permita desvelar su identidad y la ilegalidad de su actuar haya prescrito, a escribir este libro. Uno que desató enormes controversias sobre los límites de la ética periodística. Una historia que, tras posteriores investigaciones, pusieron en duda su total veracidad. Algunas incoherencias, diría Talese al referirse a su fuente, que sin embargo no dejan de manifestar las peculiaridades impredecibles y tantas veces inexplicables de la condición humana.