El hombre que ya no soy – Salvador Navarro

Reseña realizada por Begoña Curiel:

¿Quién es la o el protagonista principal de esta novela? Para mí es Fidel aunque “El hombre que ya no soy” tiene un amplio abanico de personajes entre los que supongo, el lector puede elegir. La mujer de la portada, Elisa, es al que se refiere en primera instancia la sinopsis. Esa mujer que no me parece tan maldita como perdida, haga lo que haga. En dicho resumen está por supuesto, Roberto, otro de los grandes pilares de la novela donde la psicología de los personajes –antes y después de que se presenten las turbulencias– es el centro de esta historia.

Queda claro con esta introducción, que ofrecer un mensaje, una definición, una palabra, una expresión con la que “vender”y etiquetar esta historia, no es una labor sencilla. Al menos a mí me resulta complicado. Pero comencemos por el principio: la muerte violenta de Tolo, hermano pequeño de Roberto plantea una catarsis en el entorno familiar, donde entra el tío de ambos, Alfredo (me encanta este personaje), por supuesto Paca, la madre de Tolo y Roberto junto al adorable Fidel.

Es el amigo leal de Roberto por razones de peso aunque sean muy diferentes. Y como señalaba al comienzo, en mi humilde opinión, el gran protagonista. Está en el barro de principio a fin. También Alfredo, pero desde otra perspectiva. Me gusta el toque intenso y profundo que aporta a la novela a través de la filosofía (ya lo verán…).

Y la maldita Elisa, por supuesto, aparecerá en medio de los dos grandes amigos. Desaparecerá en algunos tramos de la novela porque hay mucho que contar: quién ha matado a Tolo, por qué, los ambientes nada recomendables por los que se movía el fallecido. Salvador Navarro nos ayudará a conocer las dos (o más) caras con las que debe convivir una gran ciudad. Los bajos fondos y el entorno de la clase pudiente están en esta Sevilla que Salvador Navarro nos invita a callejear, disfrutar, en lo bueno y en lo malo como dicen de los matrimonios.

Es la ciudad del autor que por supuesto es tan válida como cualquier otra gran urbe para convertirse en escenario literario donde se mezcla este gran cóctel de muchas cosas: intriga, acción, pero sobre todo y ante todo, emociones donde la amistad auténtica, la que se escribe en mayúsculas y por supuesto el amor en distintos formatos, se despliegan largo y tendido por estas páginas.

Me gustan los capítulos breves en los que se presenta “El hombre que ya no soy” para dar mayor agilidad a la lectura. También, la extensión de los diálogos, que tanto se agradecen. Por contra, debo decir que aunque su escritura sea elaborada, interesante, hay determinados párrafos en los que tiende a extenderse demasiado. Intercala comas, sí, para reducir la condensación de datos y/o mensajes, pero en ocasiones obliga al lector a retomar la frase para no perder el sentido.

Me impresiona por otra parte, el giro de la trama en un momento determinado con uno de los personajes. Todo un riesgo en el que el autor se la juega. De hecho tuve que frenar la lectura porque me resultó impactante. No me lo esperaba. Lógicamente no puedo desvelar más para no destripar la novela. En ese instante pensé, «¿pero qué hace este hombre?». Creí que remontar la trama iba a ser imposible. Pero no. Después comprendí las razones del brusco requiebro. Salvador Navarro deseaba contar lo que quería contar y punto.

Se nota que es un tipo seguro. Sabe lo que quiere cuando escribe. Aunque en mi humilde opinión hay personajes como el de Elisa que no me parecen bien elaborados. Y ella, es un foco de atención vital en “El hombre que ya no soy”. No me parece tan víctima como se presenta. El papel de mártir le viene demasiado grande.

Termino como empecé. Con mi favorito: Fidel. ¿Quién no querría tener uno en su vida? Son seres difíciles de encontrar en la vida. Amistades con letras mayúsculas a los que adorar; personas sencillas con las que el mundo siempre es mejor aunque truene; capaces de recomponerse, reinventarse, aceptar lo que venga pese a las marcas que deja.

Encantada de haber conocido a Salvador Navarro.

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