El consuelo – Anna Gavalda

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

Ana Gavalda, el consuelo

Charles Balanda, casi un cincuentón, arquitecto, pasa su vida entre aviones por trabajo. Un día Alexis, su amigo de la infancia, le comunica que su madre ha muerto: Anouk, que fue el gran amor de Charles desde bien pequeño. Con esta base, Anna Gavalda nos presenta “El consuelo”. Pero no funciona. La autora pretende decirnos que la vida de Charles se trastoca y se rompe cuando sabe de esta muerte. Pero no me lo creo. Este arquitecto tiene un día a día caótico (iba a decir de porquería), pero porque quiere: no descansa, es un adicto al trabajo, pero puede que no quiera regresar a casa porque su mujer le es infiel, porque su matrimonio no vale para nada y porque en realidad se mantiene por su hijastra, Mathilde, que por cierto, ya es una adolescente.

Cuando Gavalda desarrolla su historia, insiste en que Charles tiene una vida desgraciada (¿?), como si fuera un niño que no pudiera tomar decisiones. Comienza entonces, la tortura de las repeticiones, en la descripción de ese dolor, machacando como una dolorosa jaqueca en lo que supuso Anouk durante su infancia: que si era divertida, que si luchaba por vivir pese a la adicción a las drogas de su hijo Alexis, que si era la enfermera más buena del mundo mundial… Cansa hasta el infinito además, ese misterio artificial que construye sobre la duda de si tuvieron o no una relación amorosa. Tras decenas de páginas, deja caer unas pinceladas sobre unos “roces” que no fueron a más.

De nuevo, no resulta creíble el andamio de la historia de Gavalda: ¿por qué no podrían haber mantenido una relación sentimental? Charles, no tiene una vida desgraciada, es un petardo inmaduro que no decide sobre nada y prefiere escapar de todo en sus vuelos laborales de avión.

Los roles de los buenos y los malos para los personajes, son tan simples en la novela que parecen infantiles. Charles, bueno, su mujer, Laurence, mala, su hijastra, buena, Alexis, malo, Anouk buena, buenísima e… inalcanzable.

No pretendo faltar al respeto a esta escritora, una de las que más vende en su país, Francia. No pongo en duda -no soy nadie para ello- el esfuerzo y el trabajo que existe tras esta novela, pero sobran páginas, sobran palabras, sobran ironías que no veo tan inteligentes aunque aparenten serlo, sobran enumeraciones repetitivas para describir lo mismo, provocando esa terrible tentación de pasar párrafos por encima, que si los saltamos -lo he practicado durante toda la lectura, estas cosas hay que confesarlas-, no aportan nada: no sólo a la historia sino a la escritura en sí misma. Porque además, abusa hasta el infinito de las frases cortas, de mensajes tipo “flash”, como si ayudaran a contarnos mejor el caos que vive Charles. Y el caos, al final, es para el lector que en muchas ocasiones ya no sabe quién habla y de quién se está hablando. Y cuando eso ocurre, cae el desánimo del lector. Al menos, esa ha sido la tónica a lo largo de esta experiencia con “El consuelo”.

Pero Anna Gavalda, retoma la intensidad de la historia con la aparición de Kate (es buena, claro), y su traumática historia, por la que acaba convirtiéndose en madre adoptiva en una granja donde abunda tanto lo destartalado como la naturaleza más bucólica.

Es ahí donde tiene la oportunidad la escritora de captar el interés del lector (y un dato importante: la obra no es precisamente corta, tiene casi seiscientas páginas). Pues bien… ooootra vez cae en el mismo error: enumeraciones que suenan a blablabla, frases-sinónimo, reiteración de los “dolores” y las “alegrías”, con el drama personal y las ganas de vivir que caracterizan a Kate. Ganas de vivir como Anouk, el antiguo amor de Charles, cerrando así, “este bocadillo” amoroso, con el que ¡¡¡por fin!!!, hace algo por su vida guiado por estas mujer. Lógicamente, no es plan de desvelar el final, si es que tienen paciencia para llegar hasta él.

Siento la dureza de esta reseña, insisto, porque escribir un libro, no es cualquier cosa (bien lo sabe quien lo intenta e intentamos) y porque esta autora me encantó por su novela “Juntos nada más” en el pasado. Esta sin duda, ha sido toda una decepción. El consuelo, ha sido terminarla para comenzar otra lectura.

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