El cielo en un infierno cabe – Cristina López Barrio

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

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Berenguela testifica ante el Santo Tribunal de la Inquisición. Toledo, 1625. Ella dice conocer a la que llamaron “niña santa”, a Bárbara, que sanaba y destruía por igual con el poder sus manos, desde que la conoció en el hospicio donde trabaja. Llegó una noche de peste junto a Diego, al que Bárbara estará unido de por vida. Atados en una condena de amor y dolor, donde “El cielo en un infierno cabe”.

La hermosa portada de Cristina López Barrio me enganchó como la magia y la brujería, el color y los excesos emocionales, como el horror y el encantamiento que destila su obra.

Con el testimonio de Berenguela entramos asustados al dantesco hospicio en el que huele a muerte y desesperanza. Ella es otra huérfana más de ese universo de niños desamparados y olvidados, donde comparten el desarraigo con el mundo al que están condenados. Pero Berenguela no ha perdido la capacidad de sorprenderse. Afortunadamente. Es un personaje adorable, tierno. Cautiva porque se agarra a la vida, aunque sea con la excusa de su curiosidad: quiere saber por qué Bárbara y Diego son mágicos.

Su rutina en el hospicio nos muestra al variopinto mundo de las hermanas que lo habitan: Ludovica, Urraca, Serafina, la Blasa… Esta última, una mujer de enormes pechos con los que amamanta a gran escala.  Siente desde el principio, el misterio que une a esos dos bebés.

Como Berenguela, la Blasa arrastra con su fuerza. Cristina López Barrio me lleva por donde quiere desde el inicio (como me ocurrió con su novela “La casa de los amores imposibles”. Es difícil resistirse a títulos que hipnotizan).

Milagros, sensualidad, plantas que casi hablan, el poder de lo sobrenatural… son muchos los factores que doblegan al lector abierto a las sensaciones. Si te dejas arrastrar, disfrutarás con los descubrimientos de Berenguela, convertida en efectiva investigadora. El olfato (también la desidia y podredumbre que rodea su vida) le conduce hasta la hermandad secreta oculta entre pasillos subterráneos que recoge a niños con poderes que no comprende la razón.

Aunque el ritmo decae en ocasiones porque la descripción de Berenguela y de la propia Bárbara se extiende demasiado, me he rendido a los encantos de la historia: he imaginado las manos de la niña santa, percibido el hedor del hospicio, retratado en mi cabeza las tétricas caras de los inquisidores, recorrido los pasillos oscuros de la hermandad secreta, sufrido con el amor de Bárbara y Diego, tan arrollador como tortuoso….

Aplaudo a los autores que son capaces de meterte en la película que cuentan, de hacerte adorar y odiar a sus personajes, obligándote de manera sutil a que imagines la ficción que te acerca, como una realidad que continúa ocupando tu cabeza  aunque cierres las tapas de su libro.

Bravo Cristina.