El alquimista impaciente – Lorenzo Silva

Reseña realizada por Begoña Curiel:

Una investigación policial. Buscar respuestas mientras crecen las incógnitas. Estudiar a la víctima para descubrir entornos imprevistos. Conocer a quien persigue esas respuestas… Este nuevo capítulo de la serie del sargento Bevilacqua y su ayudante Chamorro conjuga, mezcla y relaciona ingredientes que Lorenzo Silva agita de forma elegante para intrigar y entretener al lector.

  El cadáver de Trinidad Soler aparece en una postura comprometida y un sórdido contexto de motel de mala muerte. Un personaje aparentemente plano que Lorenzo Silva eleva a la máxima potencia para convertirlo en protagonista.

  La pareja de guardias civiles tendrá que resolver la primera incógnita: ¿es un crimen o un fatal desenlace sin más? Después las preguntas se irán acumulando porque el insulso muerto tiene más dobleces de los que aparentaba. El fallecido trabajaba en una central nuclear y supuestamente cumplía los tópicos del marido discreto de vida tranquila y ordenada.

  La investigación revelará que el muerto es casi más interesante que la posibilidad de que haya sido asesinado. Lorenzo Silva aprovechará esta baza para meternos en derroteros inesperadosnegocios ocultos, prostitución, presiones por intereses comerciales…- y generar el pertinente interés del lector para que no se despegue de las páginas hasta que no descubra los porqués de la trama.

  Este es el anzuelo y excusa narrativa para ofrecernos su peculiar pareja de la benemérita. La descubrí con “Donde los escorpiones” y puede que el contenido de aquella historia –la disfruté muchísimo– rebajara el peso de estos dos personajes. Es en esta donde se les conoce más a fondo. Bevilacqua es un sargento atípico para lo que nos tienen acostumbrados los tópicos (correspondan o no a la realidad) de este cuerpo. Por eso resulta más ameno: desprende un estilo progre, es una persona culta y sesuda aunque sus tonos y comentarios sabiondos hacen que a veces no caiga tan simpático como pretende.

  Silva introduce un elemento de tensión sexual entre ellos que bueno, ameniza el relato, entre hechos –a veces relacionados con la investigación– y diálogos donde utiliza en ocasiones el recurso de la ironía. No obstante –aunque no sea imposible–, cuesta creer que Chamorro, una novata de veintiséis años en el cuerpo muestre tanta entereza, por mucho que sea un disfraz para esquivar miradas y pensamientos cargados de micromachismos y prejuicios.

  Descansaré de momento de esa curiosa pareja aunque no de Lorenzo Silva del que valoro muchísimo su gran capacidad narrativa, la seriedad y elegancia que desprende dejando de lado los detalles prácticos y a veces morbosos que tan fáciles serían cuando nos internamos en una historia policiaca. Me gusta su escritura asequible, su verbo interesante, la limpieza de sus letras. Pero como digo, aparco temporalmente al sargento y su ayudante. Todo se andará…

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmailFacebooktwittergoogle_pluspinterestmail