Cortados, solos y con (mala) leche – Carmen Rico Godoy

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel

 

Un título tan largo como las risas que provoca: “Cortados, solos y con (mala) leche” de Carmen Rico-Godoy garantiza un buen rato de reflexión sobre los personajes de la novela en la que a veces nos identificamos y otras reconocemos a una vecina, una conocida indeseable o un amigo más o menos cercano.

Esta obra nos confirma que de todo hay en la viña de señor dentro del mosaico de las complicadas relaciones personales y sobre todo si por medio se cruza lo sentimental. Lo que ocurre es que Carmen Rico-Godoy ha reunido en sus páginas a un grupo que parece estar empeñado en estar insatisfecho con la relación que le toca vivir en ese momento. Todos y cada uno de sus integrantes parecen desear aquello que no está en su casa.

 

El plantel de protagonistas comienza por Gelu, que está embarazada de Eduardo, un taxista que encuentra en una tentadora mujer llamada América, el pasatiempo sexual de sus sueños en un hotel cualquiera camino a Toledo; nos encontramos también con Almudena que se luce cada sábado con una cena en su maravillosa casa de diseño, donde la mayor parte de sus amigos tienen mucho que esconder; con Ana, que le pone las maletas en la puerta a Alvaro por el peso de sus cuernos y éste se refugia en Inés… y así continúa el encadenamiento ideado por Carmen Rico-Godoy para invitarnos a tomar un café de letras, en demasiadas ocasiones, amargo.

Esta periodista -fallecida en 2011- que comenzó a deleitarnos con su pluma dinámica e hilarante cuando decidió embarcarse en la literatura con “Cómo ser mujer y no morir en el intento” y “Cómo ser infiel y disfrutarlo” vuelve también en esta ocasión a llenarlo todo de humor ácido para desencajarnos la mandíbula con un elenco de personajes casi desquiciados o desquiciados del todo en su relaciones de pareja o ex-pareja. Lejos de solventar sus problemas enredan aún más sus vidas con mayores complicaciones sentimentales.

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Ahora que empieza el tiempo de fresco y hojas revoloteando por el suelo, no se olviden de una manta y túmbense en el sofá para disfrutar del ingenio de esta breve y desternillante obra que Carmen Rico-Godoy presidió con el anónimo mongol: “Toda persona soltera o casada es un separado en potencia”.