Cómo nos venden la moto – Noam Chonsky e Ignacio Ramonet

9788474262452

 

 

 

 

 

Reseña realizada por Antonio Lozano:

El hecho de que el libro esté escrito en el año 95, con relación a los personajes y sucesos de aquel momento, apenas le quita actualidad. De hecho, muchos de las denuncias y avisos premonitorios que son vertidos por sus autores, se han transformado en acontecimientos reales que estamos viviendo en estos tiempos.

NOAM CHONSKY

Solo una elite reducida (…) puede entender cuáles son los intereses comunes, qué es lo que nos conviene a todos, así como el hecho de estas cosas escapan a la gente en general. (…) Una vanguardia de intelectuales revolucionarios toman el poder mediante revoluciones populares que les proporciona la fuerza necesaria para ello, para conducir después a las masas estúpidas a un futuro en el que estas son demasiado ineptas e incompetentes para imaginar y prever nada por ellas mismas. Es así que la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encuentran muy cerca en sus supuestos ideológicos. (…).era realmente fácil pasar de una posición a otra sin experimentar ninguna sensación específica de cambio.” Mismo perro con distinto collar. Parece que los sistemas de adoctrinamiento y sometimiento no distan tanto entre las posturas autoritarias y las democráticas como podríamos pensar.

“Lippmann (…) distintas clases de ciudadanos. En primer lugar, los ciudadanos que asumen un papel activo en cuestiones relativas al gobierno y la administración. (…)  la mayoría de la población constituye lo que Lippmann llama el rebaño desconcertado: hemos de protegernos de este rebaño desconcertado cuando brama y pisotea.” La idea parece clara, y recuerda a la época del despotismo ilustrado de las monarquías del s. XVIII: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Se trata de que un grupo reducido, conocedor de lo que realmente necesitamos, gobierne los estados. A la vez, se habrá de poner todos los medios que el sistema permita para evitar que el pueblo salga de su letargo y mediante asociación u otra fórmula, desee tener un papel más activo en la sociedad. Por último, a la masa siempre le queda la sensación de gozar un protagonismo siendo convocado periódicamente para ir a votar.

Cómo se llega a tener la autoridad para tomar decisiones.  Por supuesto, la forma de obtenerla es sirviendo a la gente que tiene el poder real, que no es otra que los dueños de la sociedad, es decir, un grupo bastante reducido.” Platón dijo esto mismo hace 25 siglos en forma de mito.

Reinoid Niebuhr (…) afirmaba que la racionalidad es una técnica, una habilidad al alcance de pocos; sólo algunos la poseen, mientras que la mayoría de la gente se guía por las emociones y los impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lógica deben de crear ilusiones necesarias y simplificadoras acentuadas desde el punto de vista emocional, con objeto de que los bobalicones ingenuos vayan más o menos tirando. (…) la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra es al estado totalitario.” Parece que los gobiernos democráticos han encontrado en la propaganda el medio para conseguir que cada uno de nosotros asuma pacientemente el papel que le ha tocado jugar.

“Las relaciones públicas (…) su cometido ha sido el de controlar la opinión pública. (…) métodos científicos para impedir huelgas. Se utilizó una y otra vez para romper huelgas, y daba muy buenos resultados cuando se trataba de movilizar a la opinión pública a favor de conceptos vacíos de contenido como el orgullo de ser americano. (…) Apoyad a nuestras tropas. (…) ¿Apoya usted nuestra política? Pero claro, no se trata de que la gente se plantee cosas como esta. (…) Se trata de crear un eslogan que no pueda recibir ninguna oposición, bien al contrario, que todo el mundo esté a favor. (…) Desde luego no dejaré de apoyarles. Por lo tanto, ellos han ganado.” Yes, we can, Nunca mais, podemos… Nuestra vida está llena de estos eslóganes. Los hemos aceptado de forma conjunta y nos mueven hacia unos fines que hacemos nuestros a base de escucharlos repetidamente.

Lo único que tiene valor en la vida es poder consumir cada vez más y mejor y vivir igual que esta familia de clase media que aparece en la pantalla y exhibir valores como la armonía y el orgullo americano. La vida consiste en esto.” Después de ver miles de anuncios al año en el que el modelo de éxito que se presenta es el de una familia de clase media feliz comiendo en Mc Donalds o bebiendo coca cola, es una locura pensar en otra forma de plantearse la vida. Hacerlo es situarse en los márgenes de la sociedad.

“Hay que hacer que conserven un miedo permanente. (…) Tal como decía con orgullo el Washington Post durante la histeria colectiva que se produjo durante la guerra del golfo Pérsico, es necesario infundir a la gente respeto por los valores marciales. (…) hay que avivar el miedo a los enemigos. (…) A lo largo de la última década, cada año, o a lo sumo cada dos, se fabrica algún monstruo de primera línea del que hay que defenderse. Antes los que estaban más a mano eran los rusos (…) precisamente con Bush (padre) se empezó a utilizar a los terroristas internacionales, a los narcotraficantes, a los locos caudillos árabes o a Sadam Husein” El dominio del pueblo a través del miedo ha sido el más utilizado en la historia por aquellos gobernantes autoritarios y crueles. Aún hoy en día es el preferido por este tipo de tiranos. Lo que supone un elemento de reflexión es que sea el mismo que han decido utilizar estados democráticos como el americano. En este sentido resultan muy ilustrativas los documentales de Michel Moore: Fahrenheit 9.11 o Bowling for Columbine.

 

IGNACIO RAMONET

“Un gran semanario francés publicaba una encuesta acerca de los 50 hombres más influyentes del planeta. Ni un solo jefe de estado o de gobierno (…) el hombre más influyente del mundo Bill Gates (…) hay una sola doctrina, la del pensamiento único, autorizada por una invisible y omnipresente policía de la opinión.” Resulta sorprendente que se considere a personas vinculadas al mundo empresarial, financiero y de comunicación como los más influyentes y no haya representación de la clase política. Si esto es así, habremos de aceptar la afirmación que hacía Noam Chonsky acerca de los amos de la sociedad, a quienes han de rendir pleitesía  los políticos electos.

En nuestra sociedad mediática, repetición vale por demostración Si lo pensamos detenidamente, cuánta razón tiene.

“El mercado financiero ha puesto a punto varias gamas de nuevos productos – derivados, futuros – extremadamente complejos y volátiles, que pocos expertos conocen bien y que dan a estos unas ventajas considerables en las transacciones –  no sin riesgos, como ha demostrado el desastre financiero del banco británico Barings- Hay apenas unos diez en el mundo que sepan actuar útilmente –  es decir en pro de su mayor beneficio – sobre el curso de valores o monedas. Son considerados los amos de los mercados, una palabra de uno de ellos y todo puede tambalearse.”  Interesantísima reflexión escrita hace 14 años. Es evidente que para algunos críticos del sistema financiero no sujeto a regulación impuesto por las administraciones republicanas norteamericanas no eran aceptadas por expertos como es el caso de los autores de este libro. Desgraciadamente, la actual crisis de las hipotecas subprime es la confirmación de que Ramonet tenía razón.

En el ataque que realiza el autor sobre la televisión se atisba cierto anacronismo. Sin dejar de ser cierto cuanto dice, se observa rápidamente que está escrito en una época que ahora nos parece del paleolítico. Es la era donde internet tan solo se atisbaba como un mundo inquietante del que poco se sabía. Hoy, el análisis habría de ser otro, puesto que la realidad y los peligros son distintos.

“Hay tres técnicas de persuasión que tienen por objeto permanente la domesticación de las mentes: la publicidad, los sondeos y el marketing.” Si aceptamos esta afirmación, habríamos de concluir que poco podemos hacer para no ser programados por los amos de la sociedad. Esto es así porque saben cuanto necesitan de nuestros miedos, deseos e ideas para manejarnos, dándonos aquello que queremos o haciéndonos desear lo que ellos nos ofrecen.

“Muchos ciudadanos consideran que, confortablemente instalados en el sofá de su salón y viendo en la pequeña pantalla una cascada de acontecimientos a base de imágenes fuertes, violentas y espectaculares, pueden informarse seriamente. Esto es un error mayúsculo (…) el informativo televisado, estructurado como una ficción, no está hecho para informar, sino para distraer (…) la sucesión rápida de noticias breves y fragmentadas (unas veinte por cada telediario), produce un doble efecto negativo de sobreinformación y desinformación. Y, finalmente, porque querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica.” Este párrafo se explica por sí solo. Y al final del telediario, los deportes. Aquí no ha pasado nada. Mi frágil memoria olvidó las catástrofes de hace unos instantes y yo me he vuelto a emocionar con mi equipo de futbol. 

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmailFacebooktwittergoogle_pluspinterestmail