Canta solo para mí – Nativel Preciado

Reseña realizada por Begoña Curiel:

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Muriel quería que Tanis sólo le cantase a ella, pero Tanis tenía muchos boleros para repartir. Demasiados. El amor de Muriel por Tanis es tan autodestructivo, que esta reportera gráfica se arrastra por donde pisa el periodista con el que comparte trabajo en el periódico El Hispano.

Canta sólo para mí” no es sólo una historia de amor tortuosa, sino un homenaje a los reporteros que sin querer o queriendo, se convirtieron en héroes durante los años del franquismo. Hacer periodismo entonces era un máster comparado con lo que vemos a diario en demasiadas ocasiones. Nativel Preciado, aunque no lo diga -porque cree profundamente en el periodismo como fórmula de resolver conflictos a través de la acción-, lo sabe. Este hecho es el que más admiro de la novela, porque en realidad guardo una profunda adoración por quienes hablan de lo que saben o saben de lo que hablan. Vivió en primera persona una etapa histórica en la que se jugaba el tipo ejerciendo el derecho a la información que estaba vetada para la gran mayoría.

Junto a Muriel y Tanis, la escritora nos muestra a Malik, hijo de la primera. Es el personaje que aporta la cordura que a veces parece faltarles a los dos primeros. Malik consigue la desdramatización de un pasado convulso donde casi todo estaba prohibido.

Nativel Preciado, a quien conozco más por sus trabajos como periodista, ha ganado el premio Fernando Lara de novela de este año con “Canta sólo para mí”.

Su lenguaje es pausado como ella misma cuando habla, su prosa, elegante, sin las estridencias en las que sería fácil caer en el contexto de la España que estaba pendiente del último suspiro del dictador, sus pasajes sobre personajes reales del momento, muy interesantes, porque nos llevan de viaje sin movernos del sillón.

Aunque el contenido de su relato es realmente desesperante, es curioso que Nativel Preciado consiga ofrecernos una plato de esperanza, servido con la serenidad que da la experiencia y sobre todo, de elegancia. La novela está impregnada de ella, de esa elegancia que personalmente creo que deja patente por donde pasa y en la hoja en la que escribe.

Otro aspecto que me gusta especialmente del libro es el mensaje que traslada Muriel: nos recuerda que el maltrato no sólo está en las manos y las piernas que golpean. En muchos casos, se encuentra en la cabeza de quien lo sufre por eso que llamamos engañosamente amor. Un amor que justifica supuestamente la pérdida de dignidad gracias al regalo envenenado de unas caricias y un bolero al oído.

Era mi primera novela de Nativel Preciado. Sabía más de su andadura como periodista. Ahora, me confirma que lo que toca tiene el potencial de las joyas que valen para el alma.