Benito Olmo – Entrevista

Benito Olmo (Cádiz) se inició en la escritura con relatos y cómics pero ya tiene a sus espaldas tres novelas: “Caraballo”, “Mil cosas que no te dije antes de perderte” y “La maniobra de la tortuga”. Gracias a esta última, de auténtico género negro, está recibiendo el aplauso del público. Hasta tiene ya futuro en la pantalla de cine, que –como su obra–, plasmará el lado más oscuro del Cádiz, en el que está ambientada la historia.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

–¿Cuándo decide que la escritura va en serio en su vida, o siempre fue así?

A los catorce años tuve una revelación: cayó en mis manos un ejemplar de la novela ‘Todos los detectives se llaman Flanagan’, de Andreu Martín y Jaume Ribera, y cuando terminé de leerla, supe que quería ser escritor. A pesar de mi inexperiencia, decidí que yo también quería contar historias como la que acababa de devorar. Aquel fue el momento en el que supe que quería dedicarme a escribir, aunque no tenía ni idea de por dónde empezar.

–Necesita soledad y café para escribir. ¿Algún requisito, manía o ritual más de Benito Olmo a la hora de crear?

¡Muchas! Lo último que he descubierto es que rindo mejor cuando todavía estoy medio dormido. Por eso, me suelo poner el despertador a las 5:30 de la mañana y me siento a escribir con los ojos medio cerrados. ¡Y funciona!

–Su tercera novela “La maniobra de la tortuga” ¿ha sido un antes y un después en su carrera?

Sin duda. Mis dos primeras novelas fueron autoeditadas, con las limitaciones que eso implica. Publicar con Suma de Letras ha supuesto un salto de gigante en relación a la visibilidad y distribución, ya que ahora puedo llegar a lectores a los que antes me era imposible.

–«Somos los libros que leemos, los lugares que visitamos y las personas de las que nos enamoramos». Es su respuesta en una entrevista: lectura, viajes y amor. ¿Cree que se puede escribir bien si falla uno de esos pilares o la imaginación es suficiente para dar visos de realidad a una historia?

Creo que es fundamental encontrar el equilibrio. Para mí, un buen escritor debe ser un gran conocedor del alma humana, y esto sólo se consigue sumergiéndose en ella con todas sus consecuencias. Los libros hacen al escritor, pero no hay que olvidar que las experiencias vitales forman parte del proceso de aprendizaje de cada persona.

–El escenario de su última novela es su tierra, Cádiz, donde los tópicos se quedan a un lado. ¿Ha sido fácil hacer una historia negra en una ciudad donde nos venden que todo es luz y alegría?

Muy fácil. De hecho, tenía muchas ganas de mostrar ese otro Cádiz, el de verdad, el que no sale en las noticias. Una ciudad en la que no todo es luz, y en la que también hay sombras y muchos rincones oscuros.

–¿En general la sociedad es tan negra, esconde tanta oscuridad como nos cuentan los informativos o ya es que  directamente no se disimula? ¿Las novelas se pueden alimentar de sobra con lo que ocurre o las historias necesitan de exageraciones?

Los informativos sólo muestran la punta del iceberg, y hay muchísimos crímenes que nunca llegan hasta nosotros. Es una realidad, no una opinión. Por poner un ejemplo, según cifras oficiales en España hay unos 14.000 desaparecidos al año. ¿Por qué en los medios de comunicación sólo se habla de unos pocos? Es un ejemplo de la desinformación que oculta la “oscuridad” a la que te refieres. Aquí te dejo un artículo muy interesante al respecto: http://www.elconfidencial.com/espana/2016-09-04/diana-quer-desaparecidos-investigaciones_1254379/

Creo que las novelas no necesitan exageraciones, sino más bien todo lo contrario. Al escribir ficción, a menudo hay que echar el freno para que la trama no se nos vaya de las manos y gane en verosimilitud. Supongamos que alguien hubiera escrito hace unos años que unos marineros traficaban con toneladas de coca a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano, el orgullo de la Armada Española: ¿Alguien se lo habría creído?

–¿Va a seguir en Cádiz para su próximo libro o marchará a otros lugares fuera de Andalucía?

Quiero seguir explorando Cádiz, ya que aquí hay material de sobra para varias novelas. No obstante, no descarto cambiar de ciudad en el futuro, e incluso ambientar una novela fuera de España. ¿Por qué no?

–Por cierto, parece que los lectores le piden nuevas historias de Bianquetti después de “La maniobra de la tortuga”.

Pues sí, y estoy encantado con ello. Cuando escribí ‘La maniobra de la tortuga’, mi intención era crear un personaje de saga, al que pudiera dar protagonismo en una serie de novelas. Sin embargo, era consciente de que los lectores tendrían la última palabra, y de que serían ellos los que decidirían si Bianquetti tendría más historias.

Sería un escritor muy mediocre si me empeñara en darle carrete a un personaje que no funciona.

–El mundo de la novela negra está en auge. Son muchos los autores españoles que están dando buenas lecciones en este terreno. Y sin embargo se ha buscado un hueco entre tanta competencia. ¿Cómo se encuentra en este ambiente?

Estoy disfrutando mucho, ya que ante todo soy un amante del género negro. Me resulta fascinante encontrarme en festivales con escritores a los que admiro desde hace años, como Lorenzo Silva, Andreu Martín o Víctor del Árbol. Además, el contacto con otros autores es muy productivo y creo que la competencia, si la hay, es muy sana. Esto de los libros no es como el futbol, que si eres del Madrid, quieres que el Barcelona pierda hasta el avión. Yo quiero que los lectores lean mis libros, pero también los de todos mis compañeros de profesión.

–¿Qué ofrece Benito Olmo al lector con respecto a otras novelas de género negro que encontramos hoy en el mercado, tanto español como extranjero?

Prefiero dejar que la comparación la hagan los lectores. Lo que si puedo decir es que mis novelas tienen detrás un enorme trabajo de corrección, pulido y abrillantado. Podrán gustar más o menos, pero nadie podrá decirme que están mal escritas o poco trabajadas. Por respeto al lector, hay que dar el cien por cien en cada linea, y es lo que intento hacer en cada corrección.

También trato de que la lectura sea frenética, para que el lector nunca sienta la tentación de dejar de leer.

–Para rizar el rizo, el cine se ha cruzado en su camino con su tercera obra. ¿Está más pletórico que asustado?

¿Asustado? Para nada, todo lo contrario. Estoy entusiasmado con el proyecto, que además está capitaneado por un director de muchísima proyección, nada menos que Juan Miguel del Castillo. Me están dejando participar en el proceso de adaptación y está siendo una experiencia muy constructiva. No descarto participar en otros proyectos relacionados con el mundo audiovisual en el futuro.

–Hay muchas novelas donde el entretenimiento parece justificarlo todo, hasta una narrativa sin calidad. ¿Cree que esto es lo que prima actualmente o no?

Lo que prima es la necesidad de hacer caja. El propio Mario Muchnik llegó a decir en una entrevista que, hoy en día, en las editoriales mandan más los contables que los propios editores. Esto provoca el “efecto calco”, es decir, que muchos editores anden sin pudor a la caza de lo que ha funcionado antes, con la esperanza de repetir el éxito. Me refiero a la búsqueda del próximo Stieg Larsson, de la próxima “Chica del tren”, del próximo Dan Brown… Y así hasta el absurdo.

Por eso, en demasiadas ocasiones, la calidad literaria de los manuscritos queda en un segundo plano. En el campo de la novela negra, en concreto, se están publicando novelas muy mediocres por el mero hecho de pertenecer al género negro, para satisfacer la demanda de los lectores. Hablo de novelas que, de no ser por el auge del género, probablemente jamás verían la luz. Y esto va en contra de las propias editoriales, pero allá ellas. Nuestro trabajo es escribir, y tratar de hacerlo lo mejor posible.

Aquí la entrevista completa a Mario Muchnik, interesantísima: http://www.abc.es/cultura/libros/20131115/abci-mario-muchnik-201311141603.html

–¿Cree que a las editoriales se les escapan buenas piezas de autores desconocidos?

Sin duda. Hay autores de una calidad altísima que andan autoeditándose, o publicando en editoriales pequeñas y sin apenas visibilidad. Si están ahí es porque ningún editor ha leído aún sus manuscritos. El día que lo hagan, llegará su momento.

Por citar sólo tres: Gabri Ródenas, José Ramón Gómez Cabezas y Daniel Fopiani Román.

–Ahora es habitual encontrar a los lectores hablando en las redes sociales con los escritores de tú a tú. ¿Considera positivo este hecho tan habitual ya, en la era de internet? Porque somos muchos los lectores que observábamos a los autores como ídolos inalcanzables colocados sobre un pedestal.

Las redes sociales han democratizado el trato con los lectores, y eso es estupendo. Escribir es una labor muy solitaria, y ver que hay personas que te leen, que te envían mensajes de ánimo y que se alegran de tus éxitos es un aliciente para seguir en la lucha. Los pocos autores que pretenden seguir en sus pedestales, antes o después tendrán que bajarse.

En mi opinión, las Redes Sociales son una herramienta de promoción formidable, pero como todas las herramientas, hay que usarlas con precaución y cabeza. Hacer spam de tus novelas, entrar en discusiones desagradables en público, contar continuamente tus problemas, etc. son situaciones que hay que evitar.

–Y en este mundo virtual hay cientos de blogs, páginas donde todos podemos comentar, analizar la obra de un escritor, entendamos o no de literatura. ¿Es una ventaja o un riesgo para los escritores?

Por un lado, es una ventaja, ya que los blogs son mucho más sinceros que la inmensa mayoría de los críticos literarios que cobran por cada reseña. ¿Cómo puedes ser objetivo si una editorial te paga por escribir sobre una de sus novelas? Creo que es mucho más sincero quien escribe sobre un libro dedicándole su tiempo y su esfuerzo de forma gratuita, sin otra remuneración que un ejemplar de cortesía, y a veces ni eso.

Por otro lado, creo que ese riesgo del que hablas es necesario. Una buena crítica, si es constructiva, puede ser mucho más didáctica y positiva que un centenar de reseñas positivas que no hacen otra cosa que regalarte los oídos.

–¿Qué opina de los talleres literarios que aseguran que nos enseñarán a escribir? ¿Cuánto de humo cree que hay en estas propuestas?

Es imposible enseñar a escribir. La lectura y las experiencias vitales son las que definen la clase de escritor que puedes llegar a ser, y sólo leyendo y escribiendo mucho puedes llegar a interiorizar el oficio y encontrar tu propia voz. Creo que los talleres literarios deben centrarse en servir de apoyo, para ayudar a perfeccionar la técnica y orientar sobre lo que otros hicieron antes.

–Cuando se sienta a escribir con una idea y una estructura más o menos cerrada en su mente, ¿deja libertad a sus personajes o ya los tiene definidos?

Normalmente tengo a los personajes bien definidos. Sin embargo, a medida que avanzo en la trama, hay ocasiones en las que los personajes toman el control y construyen su propia historia. Creo que esto es algo positivo, ya que aporta frescura al texto, y a menudo da lugar a escenas muy valiosas que de otra forma se perderían.

–¿Qué porcentaje tiene la escritura de musas y de trabajo?

En mi caso, no creo en las musas. Creo en el oficio del escritor, en la imaginación y en el trabajo duro y constante. Cuando eres escritor, vas absorbiendo información de tu alrededor que sabes que en algún momento te puede servir para contar una historia. Antes o después se produce algo que Montero Glez llamó en una ocasión «el chispazo», es decir, ese momento en el que las piezas encajan y sabes que tienes el germen de una buena historia entre las manos, quemándote los dedos.

Esto sólo se consigue manteniendo una actitud de trabajo, de búsqueda incansable de historias que contar y de dedicarle muchas horas a aporrear el teclado. Como dijo en una ocasión César Pérez Gellida, escribir tiene mucho más de horas de trabajo que de talento. Estoy de acuerdo al 100%.

–Muchos escritores dicen que hay que insistir, que no hay que cejar en el empeño llamando a puertas y puertas para que alguien se digne a leer tu manuscrito. No hablemos ya de que se decidan a publicarlo. ¿Cuándo hay que desistir? Porque si no, ¿todo es cuestión de tesón o hay que ser sincero con el trabajo propio, por si no fuera tan bueno como el propio autor cree?

En una ocasión, pedí un consejo a Felix J. Palma sobre cómo entrar en el mundo editorial, y me lo dio en forma de dedicatoria: «Cree en ti mismo y nunca pierdas la fe». Creo que es fundamental mantener la ilusión y la fe en tu trabajo, ya que si tú no crees en él, nadie más lo hará.

Por otro lado, un escritor tiene que ser su mayor crítico. A la hora de encarar el propio texto, hay que dejar el ego a un lado y responder con sinceridad a varias preguntas: ¿Es esto lo máximo que puedo dar? ¿Puede estar mejor escrito? ¿Está lo suficientemente pulido?

Si un escritor no es sincero consigo mismo, no hay nada que hacer. He visto autores cometer los mismos errores una y otra vez, sin aceptar la menor crítica y con la certeza de que son el próximo Vazquez Montalbán, y los resultados de esta conducta son catastróficos. Un escritor debe ser su mayor crítico, y no dejarse embaucar por los cantos de sirena de quienes les regalan los oídos. No basta con creer en lo que haces, también hay que querer crecer y trabajar muy duro en este sentido. Que cada capítulo sea el mejor de la novela. Que cada párrafo sea el mejor de ese capítulo. Esa es la única manera de mejorar. Si el manuscrito es bueno, antes o después caerá en las manos adecuadas.

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