Benito, Mayka – “El sendero”

Algo había cambiado. Tus rasgos denotaban la dureza y la insensibilidad de un ser cegado por la emulación de gestos gratuitos que sólo conllevan decadencia, tristeza y desesperanza.

Deambulabas como un zombi, sin rumbo, con pocas cosas que decir y muchas que esconder.  En lo más recóndito de tu naturaleza humana, no había resquicio de luz y tus pasos decididos no presagiaban nada piadoso.  Te seguí y observé ese imperturbable aspecto que vestía tu persona, tus ojos miraban pero no querían ver, preferías una ceguera infringida para no tener que afrontar los verdaderos temores que envolvían tu alma.

Sombra de la noche, nube del día, tarde nebulosa, nada deja augurar algo auténtico.

Aquél día, saliste con una determinación algo fingida, que te conducía a esos abismos que alentaban la futilidad de tu inercia.  Esta vez me decidí a seguirte de lejos, tranquila, sin mostrar miedo, ansiedad o dudas.  Tenía muy claro que quería demostrarte que la vida tiene caminos insospechados que pueden revelar un nuevo día, una nueva luz, la esperanza y la certeza de que la humanidad merece paz, compasión y deferencia.

Llevaba conmigo una rosa que quería ofrecerte en el momento oportuno, en cuanto percibiese la ocasión de poderme acercar a ti para demostrarte la dulzura y la ligereza de gestos íntegros que abren la puerta a sentimientos dignos de nuestra condición humana.

Ay de ti, sombra de lo que fuiste, miras pero no ves, respiras pero no dejas que el oxigeno colme tu cuerpo, sigues tu camino con lo que parece un convencimiento, sin dejarte distraer por el ir y venir de otros seres, cruzándolos sin siquiera notarlos.

De pronto te paras, miras a tu alrededor y no pareces encontrar lo que buscas, te vuelves, intentas buscar de nuevo, nada acude a tu llamada.  En ese momento me dejo ver y, sin alardes de ningún tipo, saco la rosa y te le ofrezco silenciosamente con una sonrisa tenue que esperaba reflejase la bondad que sentía. Acogiste la rosa y seguiste tu camino sin ninguna apariencia de reconocimiento.

No cejé en mi empeño y seguí tus pasos a distancia con la convicción de que en algún momento podrías apreciar mis deseos de reconocimiento y aceptarías que la mayoría tenemos buenas intenciones, nos llenamos de júbilo al ver que los demás salen adelante y realizan sus sueños.

Si ser humano es así, juntos nos dirigimos hacía nuestra construcción, sin seguir el mismo camino pero utilizando los medios a nuestro alcance para, entre todos, crear un mundo mejor.

Te volviste y oliste la rosa, tu semblante cambió, te iluminaste y mirándome fijamente pude sentir que habías dejado entrar el frescor del azar.  Supe que tu camino emprendería un nuevo rumbo y que él te llevaría a creer de nuevo en nuestra condición.

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