Basta con vivir – Carmen Amoraga

Reseña realizada por Begoña Curiel:

Las portadas son cebos cuando son buenas. Con estas dos chicas que bailan vestidas de blanco, mientras la luz llena la estancia, caí de cabeza. El título fue un estupendo complemento. La sinopsis hablaba de salvación y esperanza. Cada libro tiene su momento. Así que redondo, porque además ya conocía a Carmen Amoraga de otras novelas.

  Pepa y Crina. Crina y Pepa. Son el dúo sobre el que gira la novela. Dos mujeres que viven en mundos diferentes con lastres bien distintos.

  La primera es una mujer de cincuenta años amargada. ¿Tiene motivos? Si la comparamos con Crina, no. Desde luego. Porque la segunda es víctima de una red de trata de blancas. Pero como los humanos somos especialistas en complicarnos la vida, la primera que no sabe nada de la segunda, se dedica a ir llorando por las esquinas porque ha decidido ir de víctima por la vida y estar cabreada con su entorno. Todos conocemos a personas que se enfadan porque a los demás les va bien cuando a ellas les va mal.

  Los motivos de la actitud insufrible de Pepa los tendrán que conocer por la novela. Los de Crina, están claros. Y lo serán más, cuando se adentren en su historia completa. Pero a diferencia de la primera, Crina no desea mal a nadie. Tan solo está aterrorizada. No es para menos. Su situación es límite.

  Las une una plaza. Zona de paso y parada mientras se airean de lo que les ronda por la cabeza.

  Con motivos o no, Pepa siente su debacle emocional como un fracaso pero se detiene a observar a Crina, esa chica joven embarazada que no sabe por qué, suele estar sentada en un banco cada vez que pasa por allí. Imaginar qué puede ocurrirle es una manera de despistarse de sus demonios.

  En ese proceso mental silencioso descubriremos quiénes son y qué hacen por solucionar sus respectivos problemas. Ahí está la clave. La forma de mirarlos. Los problemas. Sean pequeños, medianos o dramas auténticos. Y por eso, basta con vivir. Algo simple pero necesario para que exista la opción de dar un paso. Vivir, mirar, analizar y si es posible, que alguien externo a tu espiral te acompañe para buscar el camino de salida.

  El ritmo de la novela es pausado. Nos internamos en la reflexión de las protagonistas y su entorno más cercano. Su monólogo interior cuenta los hechos pasados y actuales al lector. Es más, me encantan esos momentos en los que –sobre todo Pepa– los personajes nos adelantan lo que les gustaría decir para añadir después, lo que realmente dicen. Me recordaba a la serie de Ally Mcbeal (me divertía muchísimo). La imagen mostraba por ejemplo la locura momentánea de los actores –con gestos y situaciones cómicas–, antes de que finalmente se expresaran de forma políticamente correcta.

  La narrativa de Carmen Amoraga es sencilla. El lenguaje es cercano. Para abordar las temáticas más duras y las más cotidianas. No hay que buscar enredos para lo que se explica solo, aunque la autora tire de la ironía para rebajar la tensión.

  Otro recurso utilizado por Amoraga muy particular es la repetición de frases invirtiendo el orden de las palabras, que aunque no altera el producto sirve para destacar la fuerza de la idea que atormenta, preocupa o simplemente baraja en ese momento el personaje.

  Las pequeñas tramas que gravitan sobre las dos protagonistas son gestos, situaciones, momentos cotidianos. Cosas que nos pasan a todos. La suma de todo construye la vida que nos rodea y que sobre todo, nos componemos. Aunque está claro que la de Crina no es tan común. Pero ahí reside uno de los pesos pesados de esta obra. Porque esta joven rumana que fue engañada simboliza la historia de mujeres que se suelen ver en los informativos y reportajes de televisión. Pero existen. Y tanto que existen. Nos olvidamos de esta lacra como de tantas otras en cuestión de unos segundos aunque nos hayamos quedado horrorizados. La capacidad de olvido de la especie humana es infinita. Es mejor hacer invisibles a miles, millones de personas que sufren auténticos dramas para poder sobrellevar nuestras pequeñas grandes cargas personales. En fin.

  La apatía es la comodidad del no sufrimiento. Pero me parece interesante que Carmen Amoraga, además de recordar cuántas tragedias nos rodean sin que movamos ni un solo dedo, sea capaz de entresacar el mensaje positivo, esperanzador en el que creo: los granitos de arena existen. Para que Crina y muchas Crinas tengan que una oportunidad. Gracias a personas pequeñas como nosotros. La ayuda que entregamos se nos devuelve, sea de una u otra manera. Se llame satisfacción, superación por egoísmo o como se quiera llamar. La cuestión es que algo se mueve cuando queremos que algo se mueva. A veces, basta con el juego del baile de la portada.

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmailFacebooktwittergoogle_pluspinterestmail