Amoraga, Carmen – Entrevista

Natural de Pincaya, Valencia (1969).

Hace diecisiete años su primera novela “Para que nada se pierda” obtuvo el II Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. Ahora estrena en librerías “Basta con vivir”.

Mientras tanto, el número de obras –no solo novelas– ha ido creciendo en la carrera de esta escritora, también periodista y política.

Carmen Amoraga rechaza las etiquetas que se coloca a los contenidos de un escritor. Ante todo, le gusta la felicidad que esta le proporciona.

Reseña realizada por Begoña Curiel para ELD.

Empezamos por su última novela “Basta con vivir”. Basta con ese título y esa preciosa portada para intuir que nos vamos a encontrar con un mensaje positivo. ¿Es así?

En general, y es algo que ocurre en todas mis novelas, el mensaje, si lo hay, es el que está dentro de cada persona que lee la novela. Trato de poner un espejo que refleja la vida, y en la vida, más que lo que te pasa importa cómo vives lo que te pasa, por eso cada persona saca su propia conclusión sobre lo que lee, sobre lo que vive. Pero en este caso, la trama es dura: una mujer en quiebra emocional y otra que vive la tragedia de la trata de personas, coinciden en el espacio y el tiempo y aunque no llegan a cruzar ni una palabra son fundamentales la una para la otra. El mensaje que yo, como autora, extraigo de esta novela, después de haberla tenido en la cabeza años, después de haberla escrito, es que muchas veces, muchas muchas veces, somos nuestros propios enemigos a la hora de vivir. Porque para vivir, como dice Luis Rosales, basta con vivir como quien da limosna.

Crea personajes en muchas de sus novelas que tratan de superarse a sí mismos por mucho lastre que lleven encima. ¿Por qué?

Porque no me interesan los personajes que nunca se caen ni los que siempre caen de pie, ni los que tienen toda la suerte de cara. Me interesan, me apasionan, los que se caen y se levantan una y otra vez, las veces que haga falta, los que saben que resistir es vencer. Prefiero la derrota a la suerte porque la suerte no implica casi nunca haber luchado. Y en la vida, también.

Me encantó su respuesta en una entrevista que le hicieron. Preguntaban qué sería si no fuese escritora. Dijo que «sería infeliz». ¿Tan enorme es esa faceta en su vida? ¿Qué siente al escribir si le da felicidad? ¿Cómo nos lo describiría?

Forma parte de mi carácter. En la vida, como tanta gente, hago muchas cosas, algunas para ganarme la vida y otras porque tengo que hacerlas, y muchas de esas cosas me hacen feliz también. Ser madre me hace feliz, claro, y mi familia, y muchos aspectos de mi trabajo, pero escribir es como bucear. Estoy yo y el inmenso fondo del mar, todo para mí.

Para escribir hace falta tiempo y en su agenda no hay precisamente muchos huecos. Sé que me dirá que le roba horas al sueño pero también es necesaria la claridad mental para escribir. ¿Es capaz de aprovechar cualquier momento para hacerlo? Entiendo entonces que lo de los rituales para ponerse a ello… pocos, ¿no?

Esta novela me ha costado muchísimo más tiempo que las demás justo por eso, por la falta de paz mental. La escritura ha coincidido con mi nombramiento como Directora General de Cultura y Patrimonio de la Generalitat Valenciana, y aunque siempre ha compaginado la escritura con mis trabajos anteriores, y con la crianza, nunca había estado en un puesto de tanta responsabilidad social ni de tanta autoexigencia, así que he pasado meses y meses sin escribir ni una línea. Pero al final, ¿sabes? Yo soy una persona que escribe y eso tiene que salir tarde o temprano, y salió. Sobre la segunda parte de la pregunta, cuando la historia ya forma parte de mi vida, cuando los personajes no son personajes sino personas con las que convivo no necesito nada especial. Si estoy tranquila, de noche, o por la mañana antes de que se despierten, pues muy bien, pero si están las niñas a mi alrededor tampoco pasa nada, me pongo los auriculares y puedo interrumpir la escritura las veces que haga falta.

En esos huecos también estará la lectura. ¿Qué libro tiene ahora entre manos?

Ahora mismo, aparte de todo lo que tengo que leer por trabajo, estoy con Septiembre puede esperar de Susana Fortes.

¿Qué libro o autores recomendaría a un adolescente? ¿Y a un adulto que nunca ha leído una novela?

En ambos casos, les recomendaría que no se quedasen con la recomendación de nadie, sino que buscasen un libro que les cautivase. Lo que para mí puede ser una maravilla para alguien que no ha leído puede ser la puerta de salida a la lectura. Por eso no suelo recomendar libros, sino lectura: que lean, que cojan el libro que sea, el que les llame la atención y si no les gusta que lo abandonen y que cojan otro. Y lo que sí recomiendo, sobre todas las cosas, es que se sientan deudores de todas las personas que han hecho posible que el acceso a la cultura, a la lectura, sea hoy como es: universal. Muchas veces no se le da valor a la lectura porque, ¿por qué tenemos que leer cuando podemos hacer tantas cosas para pasar nuestro tiempo de ocio? ¡Pues porque podemos! No hace tanto tiempo no todo el mundo podía leer. Mis abuelos, eran analfabetos. Mis padres pudieron ir a la escuela hasta los 8 años. No nos conformemos. Eso es lo que recomiendo.

¿Cómo lleva ese momento en el que los personajes se mueven a su antojo o trata de mantenerlos a raya?

Con inmensa alegría. 

«Escribir te permite escapar de un mundo que a veces es muy hostil», comentaba en una entrevista. Con los tiempos que vivimos es –desde luego– para refugiarse y no tener ganas de volver. ¿El compromiso social del escritor es necesario o la literatura es tan solo una oportunidad a aprovechar? 

El único compromiso necesario del escritor es escribir el mejor libro del que sea capaz, no conformarse con lo primero que salga, trabajar y trabajar hasta escribir el libro que le gustaría leer. A partir de ahí, el compromiso del escritor ha de ser el mismo que el del carnicero, el peluquero o el taxista: personal. 

Carmen Amoraga también es periodista y política. Cuando está escribiendo, ¿es capaz de detectar que entre las letras se cuelan sus otras facetas?, ¿o no le da tantas vueltas a las cosas cuando escribe?

Trato de mantener los compartimentos lo más estancos posible, especialmente en el caso de la política.

La novela “La vida era eso” por la que recibió el Nadal en 2014 se centraba en una historia donde Facebook era un pilar básico. ¿Cómo ha cambiado a los escritores, cómo les ha influido esta forma de comunicarse tan global, cercana y rápida?

Pues justamente en ese sentido: es una forma brutal de comunicación en el mejor sentido de la palabra, nos permite estar en contacto directo con lectores y lectoras, casi en tiempo real. Las nuevas tecnologías son, para mí, una herramienta maravillosa.

Las encuestas sobre lectura en nuestro país siguen siendo deprimentes. Ya no vale decir que los libros son caros porque el papel no es la única opción. ¿Cuál es su interpretación y/o explicación para que este hecho no cambie? 

Un poco lo que decía antes: no somos capaces de darle el valor que tiene a la lectura. No somos capaces de comprender, ni de hacer comprender, que la lectura, la cultura es un derecho tan fundamental como el resto. Me gusta mucho una cosa que dice Eduardo Mendoza que es más o menos así: si alguien no quiere leer, allá él, será lo mismo que si no va al médico o si prefiere no respirar o no comer. 

¿A qué aspira en la escritura? ¿A qué escritor le gustaría parecerse de mayor o no es ese su objetivo?

No, desde luego, no es ese mi objetivo. Aspiro a seguir escribiendo, y a hacerlo mejor cada vez, si es posible. Aspiro a que los lectores y lectoras sigan empatizando con los personajes, que creo que es el mayor acierto de mis novelas, el crear personajes cotidianos que viven historias cotidianas, historias pequeñas, de esas que nos pasan a todos. Por suerte, no todos vivimos grandes tragedias y aún así, para muchos la vida es trágica.

¿Hay algún comentario de lectores que se le quedará para siempre, que le emocionara de manera muy especial?

¡muchos! Y casi todos tienen que ver con esto que acabo de decir, con la empatía que se ha generado entre la ficción y la realidad. Me emociona cuando alguien me contacta y me dice “leía la historia y sentía que estabas escribiendo sobre mí”…

 

 

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