Amar y Borbón, Josefa

“Literatura escrita por mujeres” por Mariángeles Salas:

Quando Dios entregó el mundo a las disputas de los hombres, previó, que habría infinitos puntos, sobre los quales se altercaría siempre, sin llegar a convenirse nunca. Uno de estos parece que había de ser el entendimiento de las mugeres. Por una parte los hombres buscan su aprobación, les rinden unos obsequios, que nunca se hacen entre sí; no las permiten el mando en lo público, y se le conceden absoluto en secreto; las niegan la instrucción, y después se quexan de que no la tienen: Digo las niegan, porque no hay un establecimiento público destinado para la instrucción de las mugeres, ni premio alguno que las aliente a esta empresa. Por otra parte las atribuyen casi todos los daños que suceden. Si los Héroes enflaquecen su valor, si la ignorancia reyna en el trato común de las gentes, si las costumbres se han corrompido, si el luxo y la profusión arruinan las familias, de todos estos daños son causa las mugeres, según se grita. Estas mismas tampoco están de acuerdo sobre su verdadera utilidad. Apetecen el obsequio y el incienso; están acostumbradas de largo tiempo a uno y a otro; pero no procuran hacerlo más sólido, mereciéndolo de veras, como sucedería, si a las gracias exteriores, y pasageras, que ahora cultivan, uniesen las intrínsecas y duraderas.

(Discurso en defensa del talento de las mujeres, y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres).

Zaragoza y Junio 5 de 1786. Josepha Amar.

Josefa Amar y Borbón nació en Zaragoza el 4 de febrero de 1749 en el seno de una familia hidalga con una larga tradición en el campo de la medicina. Primera hija y quinta descendiente del prestigioso médico de cámara de Fernando VI y médico catedrático de anatomía, Don José Amar y Arguedas, y de Doña Ignacia Borbón y Vallejo, hermana del virrey de Nueva Granada, Antonio José Amar y Borbón; emparentada con ilustres familias de la región e incluso con el Conde de Aranda.

Vivió la mayor parte de su vida en Aragón, alternando entre Zaragoza, Tarazona y Borja, pero debido al ascenso de su padre como médico de la realeza, trasladan su residencia a la Corte. Del tiempo que vivieron en Madrid no se sabe mucho, excepto que su domicilio se situaba en la calle Caballero de Gracia y que su padre asistía regularmente a Palacio donde trataba con la nobleza cortesana.

Josefa es conocida por ser pedagoga, traductora y una de las escritoras más importantes de la Ilustración aragonesa y española. Además de la educación que sus padres le aportaron, los principales responsables de sus conocimientos son sus preceptores eruditos: don Rafael Casalbón y don Antonio Berdejo.

Aprendió latín, griego, italiano, inglés, francés, portugués, catalán y un poco de alemán. También le interesaron las cuestiones bibliográficas. Conocía toda la obra de los ilustrados e ideólogos franceses y la de John Locke, y su pensamiento pasó de una Ilustración avanzada a un liberalismo convencido. Aborreció la extrema religiosidad de la cultura de la época y se mostró en todo como una laica convencida; nunca citó a escritoras religiosas. Josefa se oponía rotundamente a que las niñas se educaran en conventos de monjas y que incluso existieran dichos lugares.

Se casó en 1772 a los 23 años con Joaquín Fuentes Piquer, un abogado viudo de 47 años de procedencia aragonesa y muy buena reputación al que apenas conocía. Nada más casarse tuvo que trasladarse a Zaragoza, ya que su marido fue nombrado oidor de la Audiencia de Aragón, lo que supuso su vuelta a su ciudad natal.

En 1782 fue nombrada socia de mérito de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, al igual que ingresa en carácter de excepción a la Real Sociedad Económica Matritense.

En 1787 pasa a formar parte de la Junta de Damas de Honor y Mérito y por ello escribe una Oración Gratulatoria, vinculada a la Real Sociedad de Madrid, y posteriormente de la Real Sociedad Médica de Barcelona.

Se dedicó principalmente a la traducción de obras extranjeras, mayoritariamente científicas, y en su juventud de Jenofonte, Plutarco, Ovidio, Cicerón y Terencio. Entre 1782 y 1784 tradujo los seis tomos del Ensayo histórico-apologético de la literatura española contra las opiniones de algunos escritores modernos italianos del abate Francisco Javier Lampillas contra Girolamo Tiraboschi (1786). A éste añade una segunda edición ampliada con un Índice de autores y materias en 1789. Esta traducción le dio la oportunidad de ser conocida en La Sociedad de Amigos del País de Zaragoza que le invita a forma parte como socia honorífica. Además de encargarle en 1790 la traducción del Discurso sobre el problema de si corresponde a los párrocos y curas de aldea instruir a los labradores en los elementos de la economía campestre, acompañado del plan de Francesco Griselini de 1783 que le aporta mayor renombre. En ese mismo año estaba escribiendo una Aritmética española que no se conserva. En 1790 tradujo el Diario de Mequinez, residencia del emperador de Fez y Marruecos con motivo de la embajada del caballero Stewart en el año 1721, para tratar del rescate de los cautivos ingleses y la Educación liberal de Vicésimo Knox, de 1781. También destaca la traducción del Apéndice a la Literatura Española del siglo XVI con inusuales referencias religiosas.

Principalmente, las obras que ella escribió van orientadas a la educación de las mujeres y a la defensa de estas.

Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres, en Memorial literario, t. VIII, agosto 1786.

Oración gratulatoria dirigida a la Junta de Señoras de la Real Sociedad Económica de Madrid, en Memorial literario, t. XII, diciembre 1787.

Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres por Josefa Amar y Borbón. Madrid, Benito Cano, 1790. Es sin duda su obra más conocida y la que más controversia ha tenido. También escribió La importancia de la instrucción que conviene dar a las mujeres, (1784) y Ramillete de escogidos consejos que la mujer debe tener presentes en la vida del matrimonio, (1784), estos dos últimos escritos perdidos.

Josefa Amar remarcó la igualdad que existe entre hombres y mujeres en cuanto a las capacidades intelectuales, ética, etc… reiterando que era de gran beneficio para el país contar con el elemento femenino en sus sociedades.

Desolada por la muerte de su esposo en 1798, después de una larga enfermedad, y del hijo de ambos, Felipe, a manos de unos insurgentes, Josefa poco a poco se fue retirando de las letras y de manera definitiva con la Guerra de la Independencia. A partir de aquí pasa al anonimato, tal es así que parece desconocerse la fecha exacta de su muerte, se data en 21 de febrero de 1833 y se conserva una lápida no muy clara en el cementerio del Hospital de Nuestra Señora de Gracia en Zaragoza donde estuvo trabajando.

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