Allende, Isabel – Entrevista

Isabel Allende nace en Lima, Perú en 1942. Tiene doble nacionalidad: chilena y americana.

Su vida personal y familiar la llevó a residir en diferentes países del mundo, donde durante años ejerció como periodista antes de centrarse en su carrera como escritora.

Tiene veintitrés libros publicados traducidos a treinta y cinco idiomas. Sus ventas superan los setenta millones de libros en todo el mundo, que le han reportado más de sesenta premios en dieciséis países.

Larga e intensa trayectoria profesional donde la publicación de su primera novela “La casa de los espíritus” en el año 1981 la catapulta a la fama que mantiene hasta la actualidad.

Creadora de la fundación internacional que lleva su nombre para ayudar a mujeres y niñas.

Dice Isabel Allende en su web oficial que los mayores logros de su vida no son tanto sus libros, como las personas a las que amó y ama junto a los instrumentos que ha puesto en marcha a lo largo de su vida, para ayudar a quienes lo necesitan.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

Es difícil resumir cuando hay tanto que preguntar. Afortunadamente Isabel Allende responde en su página web a decenas de preguntas básicas que querríamos hacerle.

Empieza a escribir cada ocho de enero recordando esa misma fecha de 1981 en la que inició una carta a su abuelo aunque no iba a vivir para leerla. Después se convertiría en su primera novela “La casa de los espíritus” y fue magia. Dice que se deja llevar porque los personajes la buscan y las historias la eligen. ¿Escribir para Isabel Allende es una experiencia mística?

Escribir es un oficio, una vocación, una disciplina. Para mí no se trata de una experiencia mística, aunque sin duda hay elementos de espiritualidad en mucho de lo que escribo. No soy una persona religiosa y lo más parecido al misticismo que he experimentado es la música, el amor, la naturaleza, los animales y los niños muy pequeños. Cuando escribo estoy concentrada en la historia y los personajes.

–Descubrí el realismo mágico gracias a usted. Me quedé embelesada con sus tramas y personajes que disfrutan y lloran en distintas proporciones. ¿Cree que los escritores pueden serlo, si no viven o han vivido intensamente? ¿En qué porcentaje es relevante o necesario el dominio de la técnica junto a la disciplina, para que el resultado final sea bueno?

No creo que sea necesario haber vivido intensamente para poder escribir. Hay escritores y escritoras que nunca salieron de sus pueblos, pero viajaron con la imaginación, y otros que tuvieron vidas estables y tranquilas y pudieron describir las emociones y situaciones más fuertes. En mi caso, por ejemplo, he podido escribir sobre el horror de la guerra, la esclavitud, el tráfico humano y otras experiencias que por suerte no sufrido personalmente. Me parece que ahora, después de 35 años en este oficio, puedo escribir sobre casi cualquier tema, porque la escritura se va afinando con la práctica y con los años.

–“Escribo porque necesito recordar para superar», «Cada libro es un acto de amor», «Antes me llamaban mentirosa. Ahora que me gano la vida con estas mentiras, me llaman escritora». Son frases suyas pero, ¿qué lee Isabel Allende? ¿Han cambiado sus gustos a lo largo del tiempo? ¿Hay autores españoles entre sus favoritos o predilectos?

Cuando preparo un libro y mientras lo escribo, sólo leo temas relacionados con el trabajo, como parte de la investigación, pero si no estoy escribiendo leo mucha ficción, especialmente de escritores nuevos y jóvenes, casi todo en inglés, porque vivo en los Estados Unidos desde hace treinta años. Mis agentes y editores en España me mantienen al día con los libros de los escritores consagrados, que no se pueden dejar de leer.

–Cuando el éxito se consolida y se mantiene con el paso del tiempo, ¿el vértigo y su emoción se mantienen intactas como el principio cada ocho de enero?

El éxito no alivia para nada el vértigo de comenzar otro libro, porque cada uno tiene sus propios requisitos, su propio tono, ritmo y voz narrativa. No sirve aplicar fórmulas. Al comienzo me siento perdida, pueden pasar semanas de trabajo diario antes de que la historia “cuaje”, antes de que los personajes se conviertan en personas y empiecen a actuar solos. Siento un nudo en el estómago hasta llegar a ese momento mágico en que el libro fluye como agua. Recién entonces puedo relajarme y escribir con verdadero placer.

–¿Cómo ve el panorama actual con las nuevas tecnologías, que hacen posible la autopublicación, las redes sociales que permiten –en ocasiones– el contacto directo entre escritor y el lector, el nacimiento de miles de blogs y páginas literarias donde se puede debatir y charlar sobre libros?

Celebro las nuevas tecnologías, no solamente porque nos mantienen informados y comunicados como nunca antes en la historia, sino que también le dan voz a aspirantes a escritores que rara vez tienen ayuda de las editoriales. Yo utilizo las redes sociales para estar en contacto con un millón cuatrocientos mil lectores. Esto es algo nuevo, que hace unos años habría sido imposible. Antes la comunicación era por correo y fax.

–Isabel Allende es periodista y son muchos los que acaban cayendo en la tentación de crear sus obras literarias. ¿Cómo fue su salto de un escalón a otro, o no ha dejado nunca de ser o considerarse periodista?

No salté del periodismo a la escritura, fue un cambio paulatino. Cuando salí de Chile después del golpe militar de 1973, no encontré trabajo como periodista y me gané la vida en otras cosas. Años más tarde escribí La casa de los espíritus. En la literatura me ha servido mucho lo aprendido en el periodismo: mantener el interés del lector, no perder el foco de lo que voy a contar, utilizar un lenguaje efectivo y atrayente, investigar y conducir una entrevista, etc. Muy importante: el periodismo me enseñó a respetar los plazos. Empiezo mis libros el 8 de enero y no descansó hasta terminar.

–¿Se imagina a sí misma con otra vida diferente siendo alguien totalmente distinto? ¿Qué y quién hubiera sido si el destino no la hubiera llevado a esta profesión?

Me imagino que si La casa de los espíritus no hubiera tenido éxito, seguramente habría tratado de volver a Chile en 1989, cuando regresó la democracia a mi país, y de retomar el periodismo, aunque habría sido muy difícil, porque yo ya no estaba joven y no tenía los contactos necesarios. Pertenezco a la generación perdida, la que salió al exilio cuando empezaba una carrera, estuvo afuera muchos años, crió a los hijos en otro país y cuando pudo regresar estaba fuera del mercado de trabajo y la familia no tenía raíces en Chile. En realidad, lo único que sé hacer y que hago con infinito placer es contar historias. He tenido una suerte maravillosa en la escritura y me cuesta imaginar otra clase de vida.

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmailFacebooktwittergoogle_pluspinterestmail