Describir un personaje que espera.

Ejercicio propuesto nº 4: describir un personaje que espera.  (Raysan)

 Describir un personaje que espera en una cafetería o en una estación, momentos antes de un acontecimiento o situación concreta (que es desconocida para el lector pero no para el escritor). La descripción del personaje y del momento no será ajena a dicho acontecimiento, que en consecuencia quedara patente, pero que el lector desconoce (conviene mantener la intriga, mostrarlo indirectamente pero no citarlo abiertamente aunque se intuya).

 

Formato a utilizar:

Medio folio de extensión con letra “Arial” de tamaño 11; interlineado de espacio y medio.

El ejercicio pretende:

El valor de una buena descripción consiste en “mostrar” lo que ocurre sin tener que explicarlo con palabras, sino hacerlo visible, de modo que aprendamos a observar y a describir esos detalles mínimos que delatan una situación. En la escritura creativa, no se considera que aporte un gran valor literario el “contar” directamente los estados de ánimo, actitudes o ideas del personaje; es preferible dar un rodeo y mostrar mediante sus movimientos y acciones aquello que siente o piensa el personaje. No es conveniente narrar que “el asesino estaba nervioso”, sino que debe mostrarse. Por ejemplo, aunque sean tópicos, reconocemos que alguien golpea la mesa con los dedos cuando está nervioso, o bien, mira mucho el reloj cuando espera impacientemente…

Pessoa leyendo

 Ejemplo:

“Dahlmann se acomodó junto a la ventana. La oscuridad fue quedándose con el campo, pero su olor y sus rumores aún le llegaban entre los barrotes de hierro. El patrón le trajo sardinas y después carne asada; Dahlmann las empujó con unos vasos de vino tinto. Ocioso, paladeaba el áspero sabor y dejaba errar la mirada por el local, ya un poco soñolienta. La lámpara de kerosen pendía de uno de los tirantes; los parroquianos de la otra mesa eran tres: dos parecían peones de chakra; otro, de rasgos achinados y torpes, bebía con el chambergo puesto. Dahlmann, de pronto, sintió un leve roce en la cara. Junto al vaso ordinario de vidrio turbio, sobre una de las rayas del mantel, había una bolita de miga. Eso era todo, pero alguien se la había tirado.

Los de la otra mesa parecían ajenos a él. Dahlmann, perplejo, decidió que nada había ocurrido y abrió el volumen de Las mil y una noches, como para tapar la realidad. Otra bolita lo alcanzó a los pocos minutos, y esta vez los peones se rieron. Dahlmann se dijo que no estaba asustado, pero que sería un disparate que él, un convaleciente, se dejara arrastrar por desconocidos a una pelea confusa. Resolvió salir; ya estaba de pie cuando el patrón se le acercó y lo exhortó con voz alarmada:

Señor Dahlmann, no les haga caso a esos mozos, que están medio alegres.”

(El Sur. Ficciones. Jorge Luis Borges. Ediciones Destino. Barcelona 2003)

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