Villa Diamante – Boris Izaguirre

Reseña realizada por Begoña Curiel:

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TÍTULO DE LA OBRA: Villa Diamante

AUTOR: Boris Izaguirre

EDITORIAL: Planeta

AÑO EDICIÓN: 2007

ISBN: 9788408075974

Nº DE PÁGINAS: 496

TEMÁTICA: Narrativa hispanoamericana

Entretenida. Es la conclusión más concreta aunque son varios los matices que se podrían hacer sobre Villa Diamante. Tenía curiosidad por conocer a Izaguirre como escritor.

La trama es sencilla aunque pretenda tener una base profunda: dos hermanas, Irene y Ana Elisa, acogidas por una familia donde Graciela –la madrastra– se alza como tótem central, cumpliendo con una esperada etiqueta, algo así como una Cruella de Vil, digna de culebrón.

Ana Elisa es el eje de la novela. La contraposición de su hermana. Irene, la bella, Ana Elisa, “la diferente”, para evitar el concepto recurrente de “la fea de los cuentos”. No es un esquema tan simple, pero casi.

Su infancia se rompe con un hecho dramático que viene acompañado de una rutina que irá envolviéndolas, en las garras de una familia donde nada es totalmente puro, bueno, positivo. Hay matices, sí. Sobre todo con Mariano, el hijo de Graciela, pero de nuevo, se nos presenta de una manera muy distinta a su evolución posterior. Y es lógico. Todos cambiamos. La vida lo hace y nosotros vamos montados en ella. Pero su transformación, tampoco me convence.

Y con ellos, el resto de personajes se desenvuelven alrededor de una Ana Elisa que busca su sitio, su espacio, aunque no resultan creíbles los saltos y las “vueltas que le da la vida”. Salvo los que da Pedro Suárez, que son pocos. Ahí, lo tiene claro Boris Izaguirre: el inspector Suárez se erige como el “malo” absoluto de la historia.

Es tan difícil crear, hacer nacer y desarrollar una novela, que sería por mi parte muy injusto minusvalorar el esfuerzo realizado por el autor. Pero, siento decir, que me fallan los personajes. No sólo el principal: parece que el autor quiere presentarnos a una Ana Elisa como heroína. Desde luego que la carga de su drama debe tenerse en cuenta, pero no justifica para nada, adjudicarle tantos méritos, porque para Boris Izaguirre, parece que la ausencia de belleza física es un lastre de por vida, por la eterna comparación con su perfecta hermana, aunque en el fondo acabe siendo otra “pija” más como ella, por mucho que su capacidad de reflexión, incluso se podría decir intelectual, sea más elevada.

me ha gustado conocer el contexto histórico en el que se maneja bien Izaguirre, en una Venezuela que parece abocada siempre al eterno desastre de regímenes dictatoriales, por mucho potencial económico que atesore. Gracias a la posición acomodada de Graciela y el que será futuro marido de Ana Elisa, conoceremos bien la podredumbre de la élite gubernamental, donde al final -por mucha promesa de futuro que lance al pueblo llano- sólo son personas subyugadas por el placer de estar arriba. Como en cualquier otra parte del mundo.

Vuelvo al principio. Como comencé la reseña. Villa Diamente es entretenida. Sí. Tiene una lectura fácil. Pero cae de cabeza en la tentación de las extensas y repetitivas descripciones. Sobre todo, cuando se detienen en lugares, objetos y prendas. También, y de manera muy especial, en el recordatorio de la desgracia que persigue de por vida a Ana Elisa. Ese “destino cruel” que menciona en la contraportada –puf, qué topicazo–. Sí. Fue terrible lo sucedido. Pero agota el insistente martilleo de las escenas que de manera recurrente golpean la cabeza de la protagonista.

Ha sido un pasatiempo de verano. Pero no deja huella. Sólo la satisfacción de conocer más: una nueva historia y un nuevo autor para mí. Eso sí. Sin acritud, pero incapaz de reprimir la pregunta que muchos –estoy convencida– se habrán hecho al leer la novela: ¿merece ser finalista de Premio Planeta?

Tengo mi respuesta. Piensen la suya. No es muy complicado. Y cada día menos, comprobando la deriva por la que navegan desde hace años, muchos Premios que en el pasado creímos garantía de buena literatura.