76. Cumbres borrascosas | – 6 de septiembre de 2013

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Lo reconocemos, el encuentro literario en torno a la novela Cumbres borrascosas de Emily Brontë, nos llena de alegría e ilusión. Esta actividad hace el número setenta y seis de cuantas hemos programado en los diez años de existencia de El Libro Durmiente. Años atrás, en la mayoría de los encuentros, apenas contábamos unos pocos asistentes. Si éramos más de diez personas, entre tertulianos y público, nos sentíamos satisfechos. En ocasiones fuimos más tertulianos que oyentes. Pero seguimos programando encuentros literarios en nuestro empeño por fomentar la lectura y el interés por el conocimiento.

La situación ahora es bien distinta. Centrados en una programación de calidad que incluye cursos de creación literaria, taller de escritura y presentaciones de libros por parte de sus autores, pocas energías habíamos dedicado a la comunicación de esta actividad. Y la sorpresa, que ya no lo es, fue que contamos con una gran afluencia de público, quienes nos conocen y se interesan por las actividades que programamos. Un público con criterio que, cuando se abrió el debate a las intervenciones de los asistentes, mostró sus ideas con profundidad y claridad expositiva. Como resultado, se fraguó un encuentro literario en el que la confrontación de posturas se hizo con rigor y sólidos argumentos.

Cierto es que, cuando te acercas a un clásico, como es reconocida la novela Cumbres borrascosas, con una estructura no exenta de complejidad y de la que se han realizado numerosos estudios, lo haces con la mayor discreción. Doctores tiene la iglesia, y uno no guarda más pretensión que compartir sus reflexiones y ampliar el entendimiento con las aportaciones de los demás. Y vaya si se consiguió. Más valía tener ideas claras y capacidad de expresarlas con convicción.

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Con humildad, podemos decir que analizamos la obra de Emily Brontë repasando los aspectos más significativos de la novela: la naturaleza del mal, el condicionamiento del contexto en el desarrollo del carácter de las personas, la capacidad redentora del amor, la decisión individual ante la adversidad…

Ante un mismo suceso caben diferentes interpretaciones, como los medios de comunicación se empeñan en demostrar. Tal ocurrió en el debate sobre los hechos narrados en la novela. Para unos, la historia personal de desarraigo y falta de afecto es la semilla de las futuras acciones, fijadas en una ligazón que apenas permite más opciones. Para otros, centrados en la naturaleza de los actos, un comportamiento irracional y censurable que no encuentra justificación. Para unos, el amor se expresa de forma salvaje y natural. Para otros, simplemente no hay amor. En definitiva, un libro fascinante que, dos siglos después, arroja incógnitas a las que no sabemos responder.

Se reseñó la innovación literaria que supuso, por parte de Emily Brontë, la incorporación de varios narradores que dan cuenta de una misma historia. Una novela que se adelantó a su tiempo y que, por eso mismo, no fue entendida en su momento. Algo que nos invita a pensar si no estaremos desdeñando en la actualidad lo que será reconocido en el futuro. Estaremos atentos.

Puedes acceder a la reseña sobre la obra a partir de este enlace.