1984 – George Orwell

Reseña realizada por Tati Jurado:

La curiosidad es un instinto natural que obedece a la necesidad de entender. Es la que convoca a la duda, auspiciante de todas esas preguntas que no pierden vigencia y que nos incitan a buscar la verdad. Un camino lleno de descubrimientos en el que inevitablemente, si tenemos el valor de seguir a pesar de los temores y limitaciones impuestas, suscitaremos el despertar de la lucidez. Un don y un castigo, como recitaba Alejandra Pizarnik. Un regalo con el dolor adosado porque la facultad de discernir y comprender la realidad que nos rodea, cuando ésta no se puede cambiar y nos acorrala la certeza de que toda lucha es inútil, nos interna en un laberinto en el que el instinto de supervivencia puede terminar socavando cualquier intento de pensamiento crítico.

Sin embargo es un impulso que cuando surge no se puede contener. Un detalle o un despropósito que salta a la vista y se dibujan los primeros signos interrogativos. Se enciende la brecha que dará inicio al flujo de pensamiento. Winston, un miembro del partido que gobierna El Gran Hermano, comienza a sospechar de la realidad que lo rodea. Trabajador del Ministerio de la Verdad, organismo que se encarga de manipular y reescribir la historia, no puede eludir las inquietudes que le genera todo lo que ve y vive.  Ni siquiera las artimañas del sistema totalitario que gobierna logran detener esa hambre de verdad, esa necesidad de saber y entender, esa búsqueda de la propia identidad. Una odisea que se convertirá en el eje de 1984, que junto a Un mundo feliz de Aldous Huxley y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, es considerada una de las obras cumbre de la trilogía de las distopías del siglo XX.

Escrita en un principio bajo el título de El último hombre de Europa, la novela finalmente se publicó, por cuestiones comerciales, con los números 1984 en la portada. El año en el que se desarrolla la historia y que sin embargo su autor George Orwell (1903-1950) no alcanzó a vivir. Tal vez el afán de control por parte de los sistemas totalitarios que se desplegaron en la primera mitad del siglo XX le alcanzó para animarse a visualizar el futuro de la humanidad.

Un régimen arbitrario define, diagrama y controla la vida de toda la sociedad mediante la anulación del pensamiento crítico. La distorsión del sentido de la realidad o el doblepensar, como Orwell lo denomina, será la herramienta empleada por el poder político para poder sostener tanta opresión. De esta forma todo funcionará según los intereses de  El Gran Hermano, esa suerte de Dios ante quien todos se inclinan y obedecen y que representa los ideales del partido que gobierna.

La vigilancia estatal en todos los ámbitos incluyendo el privado no es suficiente para detectar un acto de sublevación. No alcanza con observar cada movimiento y con prohibir y anular cualquier acto que suscite emociones. Es necesario adentrarse en la cabeza de cada individuo para dominar y cercenar cualquier intento de razonamiento propio. Para ello alterarán el pasado según su conveniencia, aislarán a la población de cualquier influencia externa, los alistarán a las filas del fanatismo para mantener vivo el odio hacia todo aquello que discrepe con los intereses del poder e inventarán un lenguaje propio con el fin de limitar el alcance de pensamiento. Y si todo este proceso no es suficiente para perpetuar su poder siempre queda el castigo, la violencia física llevada a los extremos para terminar doblegando y sometiendo al individuo.

Considerada una sátira de las instituciones que se empeñan en controlar la sociedad de forma totalitaria, 1984 fue recibida en el momento de su publicación como una visión exagerada y alejada de la realidad. Y sin embargo más de medio siglo después no deja de estremecer cierta similitud con la realidad.

La cantidad ingente de información a la que la población mundial está sometida que en realidad desinforma, la manipulación de la verdad según intereses, el empeño de fanatizar para así sembrar el odio y la perseverancia con la que se busca anular, con diferentes medios, el pensamiento crítico son claras demostraciones de la claridad previsora del autor británico. Solo queda ampararse, como lo hizo él en el apéndice de las últimas páginas de esta novela, en el deseo y la convicción de que  este intento por colonizar hasta el intelecto y el espíritu del ser humano termine una vez más en derrota.

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