120. Para salir de la caverna – Juan Manuel de Faramiñán – 2 de junio de 2017

Presentación a cargo de Mª Dolores Fernández-Figares.

Aquella tarde de viernes tuve una cita con El libro durmiente.
Esta vez nos visitaba un gran profesor y señor como he osado denominar a D. Juan Manuel de Faramiñán, por su gran curriculum vitae.
Ataviado con una chaqueta azul marina y acompañado de su mujer, Maria Dolores, vestida de blanco, hicieron de una tarde simple, una tarde llena de sabiduría y reflexión, despertando muchas preguntas entre sus oyentes.
La presentación de don Juan Manuel corría a cargo de Juan Adrada, amigo de tiempo atrás. Él nos destacó su labor docente y su condición de filósofo sobre un curriculum de veintitantas páginas que podemos comprobar en internet. Los oyentes nos miramos con una sonrisa, asintiendo a su extenso curriculum, pues más de uno lo habíamos comprobado.
Su amigo continuó diciéndonos:
—La filosofía es como la columna vertebral de toda su gran obra…Y esta vez acude a El libro durmiente para presentarnos su último libro: Para salir de la caverna en el que hace alusión directa al capítulo séptimo de La República de Platón.
Faramiñán abrió su botella y ante la mirada de todos, hizo homenaje de su galantería sirviendo primero el agua a su mujer para terminar con su propia copa.
María Dolores supo llevar las preguntas de manera coherente y lineal para poder descifrar a los muchos oyentes de la sala las claves para entender su libro.
Como es el caso de vuestra cronista, leer a Platón no resulta fácil, sobre todo a una generación joven no formada en los clásicos y muy acostumbrada a leer de forma rápida. Hábito que pretendo corregir, dígase de paso.
Juan Manuel nos fue confesando las grandes riquezas de su libro.
En un primer momento nos reveló que tardó unos tres o cuatro años en escribirlo. Su objetivo era mostrar un camino de navegación, un cuaderno de bitácora para guiar el comportamiento del ser humano. Así pretende enseñar a su lector la forma de quitarse las ataduras de los elementos cotidianos de su vida para poder levantarse y salir de la caverna.
M.ª Dolores comenzó diciendo: “Desde el inicio tu obra aparece como un libro poliédrico donde tus sugerencias y tus propuestas son múltiples. También las metáforas y los símbolos aparecen a menudo: el jardín ,el huerto, la armadura, el aliento de la esfinge… ¿Por qué esta necesidad, Juan Manuel?”
—La razón de utilizar tantas comparaciones se debe a mi intento de mostrar de la forma más “clarita” el camino—citó cariñosamente—. Las palabras son también cárceles de las imágenes. El lenguaje es básico, pero en muchos casos oscurece las ideas. Las imágenes por el contrario son más intuitivas y llegan donde a veces las palabras no pueden.
Nuestro profesor particular nos explicó que el jardín, el huerto, es la imagen preciosa del interior del ser humano.
Faramiñán nos invitaba con su discurso a formularnos la pregunta: ¿Cómo llegar a ese jardín? Parecía una invitación directa hecha hacia mí. ¿Porque a quién no le gustaría vivir en ese hermoso jardín lleno de paz?
D. Juan Manuel, como buen docente, de pie en una imaginaria tarima, nos decía: “Sólo has de llamar a la puerta para entrar.”
—Y ¿quién abre esta puerta, mis queridos lectores?

La conclusión que saqué de sus palabras fue: Nuestro yo más libre. Libre de las ataduras humanas que cada uno se impone. La llave para entrar en el jardín está en el propio conocimiento interior.
Ante estas afirmaciones su mujer no pudo contenerse y le hizo la pregunta que yo misma me estaba haciendo: “¿Y tú has salido de la caverna?”

Yo esperaba un sí rotundo. Era nuestro mentor en aquellos momentos y yo lo daba por supuesto. Pero, con humildad, nos dijo: “No, pero he aprendido a quitarme ataduras y creo estar en el pasillo.”
Su sinceridad provocó en mí una sonrisa realista. Y pensé: “Qué ocurrencia estar en el pasillo de la caverna, a mitad del camino para llegar a la salida de la cueva…Pero nada se nos regala en esta vida.”

Posteriormente habló de la existencia de la duda, de la sombra que aparece una y otra vez y así nos citó a Kant y algunos principios de su filosofía.
Para salir un poco de toda esta carga filosófica. M:ª Dolores nos contó que su libro también tiene un aspecto narrativo… En él aparecen tres personajes muy interesantes: el autor, un judío y un musulmán. Según el autor, unir ambas culturas, la judía y la musulmana ha sido una experiencia muy positiva, y quiere expresar con esta hermandad, que ambos mundos pueden convivir de forma pacífica.

Después no pudo dejar de mencionar ciertos aspectos preocupantes sobre la actualidad de nuestra sociedad. “Vivimos en un mundo complejo, difícil o interesante como dicen los chinos… O como lo denominan otros, líquido, dónde todo parece diluirse.” Sus palabras claras y duras reflejaban nuestra realidad. Esa misma mañana el presidente Donald Trump había confirmado la salida de Estados Unidos de El Acuerdo de París.
El público se sumió en un silencio preocupante. Segundos después interrumpió nuestro mutismo mental para pronunciar unas palabras de acicate:
“Estos actos y hechos nos obligan a no caer en un aletargamiento. Hemos de seguir con más fuerza y ganas. La filosofía aparece aquí como un camino.”
En su libro recoge siete ideas para convertirnos en esos ejemplos vitales tan necesarios en nuestra sociedad y poder ser modelos para otros.
Para cerrar la entrevista, su esposa, sentada a su derecha, con las piernas cruzadas, abrió el libro al azar. Salió el capítulo dedicado al tiempo, e inició su lectura de manera pausada.
Me pareció un capítulo hermoso y complejo que abría múltiples debates para mi alma en un futuro.
Faramiñán quiso cerrar su espacio con dos metáforas preciosas sobre el tiempo después de la lectura del fragmento de su obra.
La primera, a mi parecer, nos da una idea de cómo solventar el problema de la velocidad con la que se consume nuestra vida: “El presente es una manera de vencer el tiempo.”
La segunda, fue y es una bella frase de Rudyard Kipling, digna de llevarla tatuada en el alma: “El tiempo es ese instante, ese minuto inolvidable y cierto de sesenta segundos que te lleva al cielo.”

Después de este cierre tan poético y un cálido aplauso se abrió el turno para el debate, surgiendo múltiples preguntas interesantes. Las respuestas de Faramiñán fueron certeras y profundas. Sus palabras nos hacían descubrir una persona enamorada de su vocación y muy comprometida con la realidad. Firmó muchos ejemplares, entre ellos el mío, y marqué en mi mente un nuevo objetivo: Dedicar más tiempo a los clásicos y llegar a formularme nuevas preguntas en mi vida a través del rumbo trazado que me ofrece la lectura de este libro, Para salir de la caverna.

Gracias nuevamente a El libro durmiente y a vosotros mis queridos lectores.

Crónica realizada por Pilar Pérez Lampaya.

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