Psicología positiva

Esta entretenida y divertida charla del Psicólogo Shawn Achor, nos enseña que la felicidad puede transformarnos en personas más productivas. “Si hoy elevas el nivel de positivismo de alguien, entonces sentirá lo que llamamos una ventaja de felicidad, o sea que el cerebro en positivo funciona mucho mejor que cuando está negativo, neutro o estresado. Se eleva la inteligencia, la creatividad, los niveles de energía”, señala Achor.

Shawn Achor, enfatiza: “es que por el mundo exterior se puede predecir tu felicidad, cuando en realidad, si conozco tu mundo exterior, puedo predecir el 10% de tu felicidad a largo plazo. El otro 90% proviene no del exterior, sino de la manera en que procesas lo externo. Y si cambiamos la fórmula de la felicidad y del éxito, cambiará la manera en que afectan la realidad. Encontramos que sólo el 25% del éxito es predecible por el coeficiente de inteligencia. 75% del éxito se puede predecir por los niveles de optimismo, por el apoyo social y por percibir la presión como reto en vez de amenaza”.

63 – “VIII Lectura ininterrumpida de El Quijote”


En esta ocasión, la Lectura ininterrumpida de El Quijote la trasladamos al viernes 27. Con ello esperábamos facilitar la asistencia al acto, algo que, afortunadamente, así ocurrió. Las rondas de lectura, con unos intervalos que oscilaban entre los 10 y los 15 minutos, permitieron la participación de unos 15 lectores. Al finalizar, habíamos leído los 11 primeros capítulos de la 1ª Parte de El Quijote. Hubo momentos para la risa, la ensoñación y el deleite por una narración que siempre gusta recordar. Hicimos balance de las lecturas compartidas de tan genial obra y nos emplazamos para el próximo año. Gracias Don Miguel, una vez más.


Tras la lectura, en la que rendimos homenaje al Quijote, tocó hacer lo propio a su fiel escudero, el buen Sancho Panza. Duelos y quebrantos, ajo matadero, atascaburras, pisto, gazpachos, queso frito, sopas de ajo… y todo ello regado con buen vino manchego. Al Señor Panza se le saltarían las lágrimas de emoción al comprobar tan suculentos honores. 30 comensales dimos cumplida cuenta de la mejor cocina que se recoge en la obra cervantina. Nuestra más sincera gratitud a las estupendas cocineras que lo hicieron posible.

Las tres cosas que aprendí mientras mi avión se estrellaba

Ric Elias era uno de los pasajeros del avión que amerizó sobre el río Hudson de Nueva York. Las tres cosas que aprendió se convierten en un motivo de la reflexión para todos nosotros que “volamos” con nuestras vidas. Solo son 5 minutos. Vale la pena.

Simiocracia

Hace unos meses presentábamos el vídeo de Aleix Salò “Españistán” en el que, de forma un tanto irreverente, se explicaba cuáles habían sido los orígenes de la crisis que estamos viviendo. Ha elaborado una segunda parte para ahondar en las explicaciones y no abandona el humor corrosivo. A continuación del vídeo de youtube tienes un enlace a la anterior entrada por si quieres recordar la primera de las creaciones del autor.

 

http://ellibrodurmiente.org/?s=espa%C3%B1istan

62 – “Cuarteto para un solista” – José Luis Sampedro

 

 

El pasado viernes 29 de marzo de 2012 disfrutamos de uno de esos encuentros en los que, gracias a la obra, al autor o a la buena disposición de los tertulianos y público asistente, todo fue entendimiento y coincidencia de planteamientos. Cuando un libro aúna opiniones, las aportaciones de tertulianos y público multiplican las ideas  de forma exponencial. Abordamos los grandes temas presentes en la obra ilusionados por la coincidencia de criterios y valoraciones presentes en cada intervención. Haciendo un breve repaso, hablamos del importante reto al que se enfrenta la Humanidad ante los problemas medioambientales del planeta; el valor de los mitos; la influencia de la religión en la visión de la naturaleza mantenida por el hombre en la actualidad; la confrontación cultura versus naturaleza o el racionalismo cartesiano frente al naturalismo de Rousseau… Al final, nos planteamos la paradoja de identificar dónde reside la cordura: en el conjunto de la Humanidad preocupada por un progreso que le aboca al colapso o en el viejo profesor quien se proclama intermediario entre los Cuatro Elementos y el mundo. Descubrirlo parece fácil; ser coherentes con la opción elegida parece ser lo que más nos cuesta. Resulta oportuno que los intelectuales alerten acerca del riesgo que corremos y que los lectores les escuchemos. Así, llegará el momento en el que “los que queremos, podamos”.

Cuarteto para un solista – José Luis Sampedro

Todavía es posible que un libro te sorprenda. Se puede estar o no de acuerdo con la obra, en todo o en parte,  pero es muy probable que esta narración te resulte diferente a las demás. Sus actores principales no son de carne y hueso. Eso desean ellos. Sus protagonistas son la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego. Los Cuatro Elementos conjurados para influir en los hombres y salvar a la Naturaleza. Pertenecen al mundo de los dioses, de los mitos y de las creaciones del hombre en busca de sentido.

Como si de El Quijote se tratara, el lector habrá de decidir quién está verdaderamente loco en esta historia, ¿el Profesor, ingresado en un centro de salud mental, o el resto de la Humanidad? Motivos hay para escuchar pacientemente las advertencias de un visionario que decidió bajarse del mundo en marcha.

La Vida expresada en la Naturaleza está librando una batalla crucial contra la cultura. El devenir del hombre (especialmente a partir del s.XVIII), autorizado por una nueva visión intelectual y religiosa, se apoderó de la Naturaleza cegado por la soberbia. Esa misma transformación se está produciendo ahora sobre el ser humano, “el hombre biónico”, cuyas consecuencias todavía no se acaban de definir. Echando la vista atrás, tenemos motivos para la preocupación.

A nadie se le escapa que el viejo Profesor de economía no es otro que el mismo José Luis. Su pensamiento sereno, realizado desde la perspectiva que otorga la longevidad, inspira al lector. El tema ya ha estado presente en anteriores libros. Por citar uno, “La ciencia y la vida” escrito a partir de una serie de diálogos mantenidos con el cardiólogo Valentín Fuster. Tampoco es nueva su visión de la vertiente espiritual en el ser humano. Su concepción materialista le lleva a afirmar que los Dioses y los Elementos son creación del hombre. Sin embargo, como humanista, se recrea en la mitología griega con su bella prosa y sensibilidad. Son las mismas contradicciones, la síntesis de los opuestos reflejados en su obra.

En este libro, el vínculo con la Vida, el intermediario con los Elementos, es un “loco” Profesor. Tierra, Agua, Aire y Fuego se reúnen para brindar por los grandes personajes de la historia y para encontrar la manera de advertirnos, a los hombres, acerca del riesgo que encierra la encrucijada en la que nos encontramos. Dios quiera que estemos a tiempo de reaccionar.

Vivir los libros

Maravilloso corto de animación que, a partir de una gran sensibilidad, nos lleva a un mundo donde los libros tienen vida, eligen a los lectores y les inspiran historias que contar. Aquí, los libros ya no son durmientes.

61 – “Y Después…” – Faras de Patmos

El viernes 24 de febrero, bajo la guía de Juan Manuel de Faramiñán Gilbert, nos asomamos a un territorio situado a medio camino entre el mundo onírico y la realidad. Se nos presentaron los planos de un mundo suficientemente distinto al nuestro como para cautivarnos y, a la vez, tan parecido como para entender la continuidad de la vida a través de los diferentes planos. Fueron dos horas de vuelo intelectual, de rescate de viejas tradiciones y postreras explicaciones y, finalmente, de curiosa imaginación que trata de adentrarse en lo que, por naturaleza, le está velado.

Hay algo atávico en este tema que mueve a las personas por dentro y les impulsa a expresar sus anhelos y compartir sus experiencias. Tal ocurrió al finalizar la exposición del autor. Los asistentes hablaron, debatieron, se expusieron y trataron de encontrar explicación a dudas existenciales. La importancia de lo tratado y la credibilidad del ponente se combinaron hasta detener la percepción del tiempo. Dos horas; mirábamos el reloj sorprendidos por el paso de un instante.

A continuación, todos nos pudimos llevar un poco de ese misterio en una dedicatoria que, seguro, releeremos tantas veces como nos sea necesario recordar. Gracias Juan Manuel por tu visita y por dejarnos una guía de enorme valor.

Y Después… – Faras de Patmos

Romper tópicos es para atrevidos. Nuestra sociedad se rige, quizás de manera inflexible, según los dictados de la ciencia. Esta visión ha reportado avances cuya enumeración resultaría tan extensa como innecesaria. Aun con todo, el nuestro no es un mundo de absolutos sino de progresivas aproximaciones a la verdad. Como, por otra parte, nos ha enseñado la misma ciencia en infinidad de ocasiones. Esta sucesión de teorías que surgen con la pretensión de ser la última respuesta y superación de lo anterior, lo hace con la vana esperanza de no ser sustituida en el futuro. En ese juego solo se aceptan aquellas formulaciones empíricamente contrastadas cuyo desarrollo se ciñe a los dogmas de la medición, cuantificación, observación y réplica. De tal forma, ¿quién sería tan osado a comprometer su buen nombre hablando de lo que no puede ser reproducido en un laboratorio, recogido con instrumentación precisa u observado a voluntad del investigador? Ése, sin duda, no ha de ser conocimiento serio. Tal vez, útil para una conversación de sobremesa o, en el mejor de los casos, para la fructífera imaginación de un filósofo sin prejuicios. En el peor escenario, terreno fértil para la fantasía de charlatanes, embaucadores y programas sensacionalistas de emisión nocturna. Difícil cometido que otorga más valor al trabajo discreto realizado por los autores de esta obra.

Este libro adquiere una dimensión singular. La vocación didáctica que en él se adivina pretende servir como una guía de tránsito a través del más allá. Cuando se toma conciencia de la finalidad para la que ha sido escrito, es cuando se descubre el verdadero sentido de la obra. Contar con una descripción detallada (atendiendo a las limitaciones que el caso impone) de las fases por las que pasa el alma entre los períodos de encarnación, bien pensado, puede ser uno de los conocimientos más valiosos que podamos adquirir en nuestra “vida”. Bajo este prisma, su lectura deja de ser una curiosidad y pasa a convertirse en un tipo de conocimiento que otorga seguridad y fortalece el ánimo. El propio texto nos advierte de su importancia: “De ahí que sea tan importante conocer estas claves durante la vida, para que cuando nos llegue el momento de la muerte, podamos aplicarlas, ya que las enseñanzas que se aprenden con la memoria del alma son las que nos servirán en la “otra orilla” para saber de qué manera recorrer esos laberintos sin perdernos”.

Ya en su primera hoja, cuando apenas se está preparado para lo que ha de descubrirse, se explica de manera gráfica y sencilla el eterno dilema entre el libre albedrío y el destino. De forma brillante y tomando como ejemplo el juego del ajedrez, se nos hace evidente cómo se entrelazan ambas dimensiones conformando la expresión de la vida en su más amplio sentido. En Oriente objetivaron este conocimiento a modo de ley de compensación a la que denominaron karma.

Cuando se cita al Bardo Todhol, las Sagradas Escrituras, El Libro de la Última Morada, el Zohar, el Tao Te-king, a Platón, Plotino o Blavastkky, por nombrar solo a algunos, se sienta las bases de su verisimilitud. Llegados a este punto, el lector se pregunta, ¿es posible que tantos sabios de la antigüedad se engañaran sobre su existencia? ¿Puede ser que fueran tan sabios en algunas cosas, cuya admiración llega hasta nuestros días, y tan estúpidos en otras? Si la endoculturación no ha abolido completamente nuestra capacidad de análisis, es posible que abordemos su estudio sin prejuicios con la expectación de un niño al que todo interesa. “Existe una geografía sagrada muy detallada sobre los mundos de más alapuntó Aarón- a la que todas las tradiciones filosóficas y las diferentes religiones han ido configurando con distintos nombres, pero con similares significados”.

Con respecto a los personajes, destaca la figura de Melquisedeq quien, a partir de la invocación de Aarón,  adquiere forma corpórea para instruirlo y asegurar el vínculo entre maestros y discípulos. Sobre él, podemos leer en la wikipedia “se presenta tan eterno como su sacerdocio. Ha estado en el mundo desde el principio del tiempo, y se quedará hasta el final. Es el primer peldaño en la escala que ascienden las almas iluminadas”.

El genial poeta y pintor inglés, Willian Blake, viene en auxilio de los autores con unas pinturas que evocan un tipo de realidad solo accesible a través de la mística o el arte. Desde la Escalera de Jacob, presente en la portada, como el resto de imágenes que jalonan la obra merecen la atención del lector. No es el único pintor presente, pero sí quien más protagonismo adquiere.

El tránsito por el más allá, a tenor de lo que conocemos gracias a las pocas tradiciones y enseñanzas que sobre ello nos han llegado, es particular para cada caso. Lo que parece evidente es que del otro lado nos encontraremos una expresión más bien parecida a lo que hayamos forjado en pensamiento y obra en el período de encarnación. No se trata únicamente de compensar o recoger lo generado en “vida” sino que, ese otro lado adquiere la conformación de las creencias y actitudes que se hayan cultivado cuando se contaba con el ropaje físico. De tal forma, para el ser virtuoso y lúcido el camino se presenta recto y poco accidentado. Por el contrario, aquellos que por desconocimiento rechazaron cualquier tipo de transcendencia se hallarán en un ámbito desconocido y falto de sentido. “Aquel que durante su encarnación se ha dedicado a negar la existencia de la vida después de la muerte, tendrá que sufrir el desencanto de su negación y al no encontrar allí arriba ninguna afinidad con sus fantasías o negaciones, caerá en un sueño vano, una suerte de sueño sin ensueños y magnéticamente se sentirá atraído nuevamente a una encarnación precipitada que se repetirá”. Peor suerte les espera a quienes, de forma consciente e intencionada, transgredieron las leyes de la justicia, pues su deambular se tornará impreciso y lleno de peligros. Parece pues, que la mejor prevención pasa por desarrollar, en la medida de nuestras posibilidades, buenas acciones, sentimientos y pensamientos. De cuanto hagamos ahora tendremos que responsabilizarnos más adelante; como la vida misma. “Con nuestros pensamientos y nuestras obras estamos forjando durante el período de nuestras vidas las imágenes y vivencias con las que nos vamos a encontrar en el período llamado de la muerte. En la medida en que la cantidad de nuestros pensamientos y obras bellas e inegoístas sea mayor que los negativos y egoístas, no sólo estaremos realizando una vida bella y virtuosa, sino que también estaremos preparando un período post-mortem más rico en experiencias espirituales”.

La aceptación de los planteamientos vertidos en la obra nos sitúa ante una inspiradora evidencia. Si tras el período de encarnación le suceden otros, como son el kâma-loka y el Devachán, a partir de cuyas fases volvemos al plano físico, la continuidad de la vida no se suspende en ningún momento. “En realidad, la vida está en todas partes, la muerte no existe”. Esta visión otorga una perspectiva útil en la valoración de cuanto nos ocurre y en sus consecuencias. Al fin y al cabo, ¿qué nos puede pasar que no sea para tomar conciencia y permitir nuestro desarrollo personal? “Estamos hablando, hasta donde los seres humanos pueden comprenderlo, de una existencia unitaria de duración ilimitada con períodos alternativos en los que se está encarnado y desencarnado, que el común de los mortales llaman de vida y de muerte”.

Si existe un momento de especial importancia, éste parece ser el previo al momento de desencarnar. “Recuerda también, que un cambio en tu actitud mental que en el momento de la muerte te permita vislumbrar una verdad espiritual, puede generar un giro completo en tu vida después de la muerte y aunque ello no te quita el karma que has acumulado y que tendrás que pagar inexorablemente; sin embargo, no sólo generará skandhas positivos que recogerás en tu próxima encarnación, sino que, también te dará paso a nuevos estados de conciencia. Esto es lo que muchas tradiciones religiosas han recogido en la idea del arrepentimiento a la hora postrera de la muerte, pues los últimos actos o pensamientos del ser humano en el momento de la muerte producen un efecto enorme e importante en la vida futura”. Encarar los últimos instantes de nuestra encarnación física con ánimo sereno y confiado en la continuidad de la vida, se convierte en una necesidad para los hombres.

A modo de epílogo, citamos este párrafo que puede servirnos como resumen de lo señalado. “Con el fin de alcanzar una existencia consciente en los estados posteriores a la muerte, existe una clave importante y es que comencemos a comprender y concienciar la existencia de la vida en el más allá durante nuestra existencia terrenal, tal como nos han enseñado las filosofías que nos recuerdan la inmortalidad del alma y la conciencia ultraterrena, ya que el Ego recibirá, siempre, de acuerdo con sus merecimientos. Cuando se produce la muerte, este Ego podrá asumir tres tipos de estados, según el grado de conciencia que haya alcanzado el difunto: un período de plena, clara y absoluta conciencia, un estado de sueños caóticos o un estado de sueño sin ensueños muy parecido a la nada… del mismo modo que los sueños que tenemos durante nuestra vida son el resultado de visiones inconscientes recogidas durante las horas de vigilia. Durante la muerte seguimos el programa de lo aprendido en la Tierra, ya sea consciente o inconsciente y, en la medida en la que despertemos nuestra conciencia durante la encarnación, así tendremos la conciencia más despierta durante el período de la muerte. No olvides que la vida espiritual es la vida después de la muerte y es la verdaderamente real y que nuestra vida en la Tierra es un juego de espejismos y de formas ilusorias. Nos movemos en el plano de Maya, es decir y como ya te he indicado, creo que hasta el agotamiento, en un plano ilusorio, ya que la única realidad son los períodos vividos después de la muerte, en donde nuestra alma se encuentra de frente a la Verdad, hasta que el Ego, después de la experiencia de múltiples encarnaciones y desencarnaciones, alcance la conciencia del Todo Divino”.

Beethoven contra el crimen

Noticia obtenida de la edición digital de El País

El diario StartTribune de Minneapolis informaba hace unos días de una singular iniciativa puesta en marcha el verano pasado en la estación de ferrocarril de Lake Street: programar música clásica por megafonía para combatir la mala vida que allí se daba cita y de la que habían alertado los vecinos. Tras leer el titular, me excité de inmediato con este nuevo poder benéfico de la obra de los grandes maestros que desconocía y recordé que ya Alessandro Baricco, en un ensayo publicado hace unos años, había ponderado las extraordinarias virtudes de este tipo de música en las vacas de Wisconsin, las cuales aumentaban considerablemente su producción de leche si en el establo les era dado escuchar las obras immortales de Bach, Mozart o Beethoven, según había podido constatar un sesudo estudio científico.

Pero leyendo el cuerpo de la noticia del diario de Minneapolis fui desengañándome tan pronto como me había exaltado el titular. Resulta que el experimento de la estación se basa en una teoría que nada tiene que ver con la bondad intrínseca del arte de los sonidos, sino con la idea bastante más ruin de que los malhechores habituales no la soportan y tienden a poner pies en polvorosa de allí donde la escuchan.

Paparruchas, me dije. Pues bien, quizás no tanto. Otras ciudades, como Atlanta o Toronto, realizaron la misma prueba en lugares muy transitados, al parecer con buenos resultados. Una experiencia piloto similar fue realizada en 2003 en algunas estaciones del metro de Londres, y los informes posteriores constataron que los robos habían descendido un tercio y los actos de vandalismo un 37%, en un periodo de 18 meses. Según algunos analistas, la razón de este cambio de comportamiento se hallaría en una inversión de la “teoría de las ventanas rotas” que formuló el sociólogo urbano George L. Kelling, según la cual una ventana rota y no reparada en un edificio actúa como reclamo para que otros bárbaros acudan a romper las ventanas todavía intactas y a partir de ahí a practicar todo tipo de desmanes en una vertiginosa espiral de incivilización. Por movimiento contrario, el orden que inspiraría, por poner el ejemplo mayor, la Novena de Beethoven tendería a actuar como elemento disuasorio en este tipo individuos descentrados. Eso, claro, si se prescinde de La naranja mecánica, donde Anthony Burgess (en la novela) y Stanley Kubrick (en la película) preconizaban justo lo opuesto: la inmortal página del maestro de Bonn inducía a la siniestra banda a cometer sus peores fechorías…

Sea como fuere, la culta medida adoptada en Minneapolis forma parte de un conjunto de iniciativas que pretenden hacer de su estación de trenes un lugar más vivible y seguro. Entre estas medidas se encuentra mejorar la iluminación, instalar cámaras de seguridad y aumentar la presencia policial, especialmente al atardecer. Que todo ello se produzca acompañado por buena música, no se sabe con certeza qué efectos puede tener, pero es seguro que mejora el humor de los viajeros. Y si encima ahuyenta a carteristas, violadores y otros psicópatas, entonces miel sobre hojuelas.